´Rompetechos frente a salvasuelos´, Carles Castro

Las próximas elecciones generales del 20 de noviembre servirán para poner al día los respectivos máximos y mínimos electorales de los dos grandes partidos. Más concretamente, y a la luz de las predicciones de las encuestas, los resultados podrían definir un nuevo techo electoral del Partido Popular y, paralelamente, actualizar a la baja el suelo del PSOE.

En el caso del PP - y por extensión del centroderecha español en sus diversas expresiones-,el techo se encuentra por ahora en el 45%. Hasta 1980, y aunque a través de diversas marcas, el centroderecha se situó en el listón del 44% de los votos. Veinte años después, en las elecciones del 2000, Aznar llevó a los populares al umbral del 45% y devolvió al centroderecha la mayoría absoluta que no tenía desde 1977 y 1979, cuando UCD y Alianza Popular reunían 180 escaños en el Congreso. Sólo que en el año 2000 esa mayoría sustentaba una única y cohesionada formación política. Pues bien, el 20-N la mayoría popular podría ser incluso mayor.

Así las cosas, la principal aspiración del PSOE en los próximos comicios parece ceñirse a quedar por encima de su suelo electoral que, generalmente, todo el mundo asocia al porcentaje del 34% que cosechó Joaquín Almunia en las elecciones del 2000. Y, de hecho, ese porcentaje es casi el mismo que sumaron PSOE y PSP en las primeras elecciones democráticas, antes de que el partido de Tierno Galván se integrara en el de Felipe González. Sin embargo, las elecciones de 1979 - las peores para el socialismo español hasta el momento-definieron un suelo aún más hondo para el PSOE: en aquella ocasión, y tras la fusión con el PSP, los socialistas apenas sobrepasaron el 31% de los votos. En consecuencia, el suelo del PSOE es tan irregular como su techo: en 1982 rozó el 50% de los votos, pero tres años antes apenas había superado el 30%. Su horquilla de voto se extiende, por tanto, hasta casi 20 puntos.

Por el contrario, el centroderecha registra unos vaivenes mucho menores. Si la observación se ciñe a los últimos 14 años, los máximos y mínimos del PP dibujan una oscilación de apenas siete puntos. Pero si la panorámica se lleva más lejos, a los tiempos en que el centroderecha español se expresaba a través de diversas marcas que hoy han desaparecido en beneficio del PP, la horquilla apenas crece: nueve puntos, la mitad de los que refleja el PSOE. Es decir, el suelo del centroderecha, incluso en sus peores momentos (cuando se hallaba hundido en la dispersión y el decaimiento), no ha descendido más abajo del 36%. Y esta solidez - que tuvo su valor absoluto en momentos difíciles como los comicios del 2004-contrasta con la fragilidad del centroizquierda, capaz de llegar a las más altas cumbres, pero también de hundirse en los más negros abismos.

De ahí que resulte una tarea casi imposible para el actual candidato socialista garantizar un resultado que al menos condicione la previsible victoria del PP. El PSOE carece de red de seguridad y la errática política de Zapatero ha deteriorado aún más su núcleo fiel de votantes, como evidenciaron las municipales y autonómicas del 22 de mayo, las peores de toda la democracia, en su género, para el Partido Socialista.

En consecuencia, los márgenes de descenso del centroizquierda, a la luz de la historia electoral de las tres últimas décadas, no descartan un desenlace, el 20-N, por debajo del de Almunia y que deje la bancada socialista reducida a las misérrimas dimensiones que logró Fraga en 1982: poco más de cien escaños.

Hay otro dato que evidencia la solidez y estabilidad del centroderecha, en contraste con la volatilidad del centroizquierda: la media electoral de los últimos 30 años. Pese a que el PSOE ha gobernado la mayor parte de ese periodo y ha logrado récords históricos, el resultado medio de cada espacio es prácticamente el mismo: en torno al 39,5%. Con una curiosa diferencia: la media del centroderecha se encuentra incluso una décima por encima de la de los socialistas. Y estos, además, carecen ahora de la tradicional reserva de votantes de izquierda que en otras épocas podía representar IU.

A partir de ahí, la próxima cita electoral sitúa a los respectivos candidatos de PP y PSOE en una tesitura casi caricaturesca: mientras Rajoy puede aspirar con bastantes opciones a actuar como un verdadero rompetechos electoral que defina un nuevo máximo del centroderecha en España, Rubalcaba se enfrenta a la titánica tarea de ejercer de atribulado salvasuelos,con el objetivo casi imposible de evitar una debacle de proporciones inéditas.

18-IX-11, Carles Castro, lavanguardia