┤Y, sobre todo, t˙ no te equivoques de contenedor┤, Quim Monzˇ

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) acaba de publicar un estudio sobre el recorrido de los electrodomésticos después de que nos hayamos deshecho de ellos. Desde que la conciencia medioambiental se ha ido imponiendo entre la población van llenos de avisos que indican donde hay que abandonarlos cuando ya son viejos y los queremos tirar.

Hace unos meses, la OCU consiguió quince electrodomésticos usados: cuatro frigoríficos, cuatro lavadoras, cuatro televisores y tres ordenadores. Dentro de cada uno puso un localizador GPS. Los programaron de forma que si el electrodoméstico se desplazaba emitía un aviso cada diez minutos y, si estaba inmóvil, uno cada dos horas. Dejaron once de esos aparatos en puntos de entrega oficiales. En otros tres casos compraron un aparato nuevo y el viejo se lo llevaron los mismos que les trajeron el nuevo. En otro caso el electrodoméstico nuevo lo compraron en una tienda y dejaron el viejo para que fuese la tienda quien se deshiciese de él. Gracias a los GPS instalados, durante las semanas siguientes pudieron controlar el viaje de los electrodomésticos. Descubrieron cosas bastante instructivas. A menudo los manipulan en lugares no autorizados: en una chatarrería, en un descampado... A menudo los despedazan sin miramientos... El resultado es que, de los quince electrodomésticos, sólo seis siguieron el proceso correcto. ¡Los otros nueve, no! A los ciudadanos nos dan todo el día la brasa recordándonos con tono de señorita Rottenmeier que tenemos que dejar cada cosa donde toca y nos culpabilizan incluso antes de que hagamos algo mal. Y resulta que, luego, muchos de los profesionales encargados de seguir el proceso de forma correcta hasta la planta de reciclaje pasan. Y no todo lo que llega a la planta de reciclaje sigue un camino sensato. Explican el caso de un frigorífico que, a pesar de tener una planta a 60 kilómetros de donde lo entregaron, fue a parar a otra que está a 500. ¿Por qué?

Pues porque a muchos recicladores lo estipulado se la suda. Algunos, además, sacan dinerines. Los televisores llevan cobre y el cobre concita multitudes. Por eso acaban en una nave, sin cobre, destrozados, abandonados y sin reciclar. Cada vez que compramos un electrodoméstico lo pagamos más caro de lo que vale porque ya nos cobran por anticipado lo que costará reciclarlo cuando te deshagas de él. Pero luego resulta que, de hecho, no lo reciclan. Pasada por la desidia y la picaresca, la normativa medioambiental da un submundo sugestivo. No es en absoluto por casualidad que, en Los Soprano,delante de alguien que no está al corriente de quién es realmente, Tony Soprano se presenta diciendo: "Pues yo trabajo en el negocio del tratamiento de residuos". Gran David Chase, una vez más.

22-IX-11, Quim Monzó, lavanguardia