´´Mademoiselle Juliette a pas vraiment la tęte´´, Quim Monzó

Estoy convencido de que esta vez las organizaciones feministas francesas conseguirán que esa tontería de preguntar en los formularios si una mujer es mademoiselle (señorita) o madame oficiales y no oficiales-la casilla discriminatoria. Si los hombres son, todos, messieurs tanto da si están casados o no-,¿a santo de qué las mujeres son mesdames (señoras) si están casadas y mesdemoiselles (señoritas) si no lo están? Es una desconsideración evidente, una intromisión a la que nadie tiene derecho. Si de los formularios eliminan la casilla mademoiselle,quedan dos: madame y monsieur.¿Alguien necesita otra? Además, a lo largo de estos últimos tiempos otros países han arrinconado esa tontería: Alemania, Dinamarca, Portugal... Y no olvidemos, en el mundo anglohablante, la implantación del Ms,que arrinconó la distinción entre Miss y Mrs.El tratamiento honorífico Ms,del siglo XVII, vivía olvidado en un cajón hasta que en el siglo pasado - sobre todo durante la segunda mitad-consiguieron resucitarlo y hacer que fuese de uso general. El Miss ya casi sólo se usa en los concursos de belleza.

Es tan sensato lo que las feministas francesas proponen que esta vez la administración no podrá seguir diciendo que no. Y a la administración la seguirá la sociedad, gregaria como es. No podrán negarse porque el quid de todo ese rollo de si señora o señorita es algo tan poco básico a estas alturas de la historia como el matrimonio. Eres señorita hasta que te casas pero a partir de ese momento pasas a ser señora. Quizá, hace siglos, para muchas personas el matrimonio era primordial, el hecho más importante de su vida, pero ¿ahora...? La gente se casa y se descasa, y se vuelve a casar; o no. Muchas personas - hombres y mujeres-viven solos y eso no les impide llevar vidas plenas, y carreras brillantes y tener hijos o no tenerlos. Ahora que el matrimonio ya no es el eje de la vida, considerarlo tan preeminente como para que pases de señorita a señora no tiene ningún tipo de lógica. De la misma forma que no lo tiene que las mujeres vivan con un apellido hasta que se casan y entonces lo abandonen para pasar a tener el del marido. Quizá en otros siglos eso servía para evidenciar, a quien no lo tuviese suficientemente claro, que, por medio del matrimonio, hasta tal punto la mujer pasaba a ser propiedad del marido que perdía su apellido para adoptar el del amo y señor.

Tenemos tendencia a pensar que al sur de los Pirineos vivimos retrasados, y es verdad, pero, a veces, nord enllà viven a la edad media.

1-X-11, Quim Monzó, lavanguardia