la Inquisición vive también en Rusia

¡Vade retro, literatura! En su lucha contra la moralidad, la Iglesia ortodoxa rusa ha acusado a las novelas de Vladímir Nabókov y Gabriel García Márquez de "justificar la pedofilia". El arcipreste Vsévolod Chaplin ha pedido a las autoridades rusas que las novelas Lolita y Cien años de soledad sean excluidas de la enseñanza secundaria.

"La popularización de estas novelas en los colegios no hará que nuestra sociedad sea más feliz desde un punto de vista moral", argumentó el miércoles en varios medios locales Chaplin, encargado de las relaciones públicas del Patriarcado de Moscú. "Idealizan las pasiones pervertidas que hacen a la gente infeliz".

Desde la desintegración de la Unión Soviética y el fin del ateísmo oficial, la Iglesia ortodoxa rusa ha experimentado una marcada resurrección. Al menos en lo que se refiere a su imagen pública.

Según sus datos, en Rusia cuenta con cien millones de seguidores, aunque únicamente cinco millones se declaran practicantes en las encuestas.

A la vera de este impulso, la Iglesia ortodoxa ha intentado tener más peso en la sociedad. Esta lleva lustros debatiendo la posibilidad de introducir la enseñanza de religión en las escuelas, lo que demuestra su creciente influencia.

No parece que las autoridades rusas vayan a aceptar la petición del arcipreste Chaplin. El ex ministro de Cultura Mijaíl Schvidkói, que se ocupa de la cooperación cultural internacional por encargo del Kremlin, explicó que eso dañaría seriamente la imagen de Rusia.

Nabókov publicó Lolita en inglés en 1955 y él mismo lo tradujo al ruso en 1967. Pero en la URSS fue prohibida por "pornográfico". Por el contrario, Cien años de soledad se publicó sin problemas durante el comunismo.

Las palabras de Chaplin han provocado un pequeño escándalo. Ayer el encargado de prensa del patriarcado de Moscú, Vladímir Viguilianski, intentó explicarse: "Quienes convierten en habituales estos pecados al difundirlos tienen una colosal responsabilidad. La Iglesia debe aconsejar a la sociedad que rechace estos pecados".

El historiador y crítico literario Pável Basinski confesaba ayer no entender las palabras de Chaplin. Se podrían incluir muchos más clásicos de la literatura, ¿pero por qué precisamente esos dos? El Don apacible (Tijii Don),obra destacada del Nobel soviético Mijaíl Shólojov, "que comienza con intensas escenas en las que un padre viola a su propia hija", Crimen y Castigo,de Fiódor Dostoyevski, "por la lógica de Raskólnikov ante el asesinato de la anciana", o el Werther de Goethe, "por hacer propaganda del suicidio", podrían ser sometidos al mismo juicio, explicaba el crítico en Rosískaya Gazeta.

30-IX-11, G. Aragonés, lavanguardia