Latinoamérica mantiene la vía nuclear

Además de Argentina, sólo Brasil y México, con dos plantas cada uno, poseen centrales nucleares en Latinoamérica. Tras la inauguración de Atucha II, habrá siete instalaciones en la región. Sin embargo, Brasil es el país más ambicioso, ya que está construyendo su tercera central, Angra III, junto a las dos que ya funcionan en la costa del estado de Río de Janeiro, y tiene otras cuatro proyectadas. Tras el accidente de Fukushima, el Gobierno brasileño revisó la seguridad de sus instalaciones y reafirmó su programa nuclear para uso civil. Uruguay constituyó en el 2009 una comisión de estudio para construir una central, y su gobierno tampoco renuncia a la idea. En cambio, Chile, un país sísmico, sí aparcó sus proyectos tras el terremoto que sufrió el año pasado y el reciente tsunami de Japón. También se han enfriado los aires atómicos en Venezuela, aunque el país caribeño firmó con Rusia y Argentina acuerdos de desarrollo nuclear pacífico.

Argentina apuesta decididamente por la energía nuclear. La presidenta Cristina Fernández inauguró el miércoles la tercera planta del país, donde el debate sobre esta fuente energética es prácticamente inexistente. La nueva planta se llama Atucha II y está en Zárate, a sólo un centenar de kilómetros de Buenos Aires. Fernández inauguró oficialmente la etapa de pruebas y verificaciones, que concluirán el año que viene con la puesta en funcionamiento comercial de sus 745 megavatios de potencia.

A menos de un mes de los comicios presidenciales, donde se prevé que Fernández arrase, la mandataria puso la inauguración como ejemplo del crecimiento económico de una Argentina ajena a la crisis. La presidenta se mostró como una gran defensora de la energía nuclear, cuyo desarrollo local se inició durante el gobierno del general Perón, quien en 1950 constituyó la Comisión Nacional de la Energía Atómica...

Fernández aseguró que el 88% de los materiales y la mano de obra de Atucha II son locales y que 800 técnicos y operarios especializados regresaron del extranjero gracias a la reactivación del programa nuclear argentino, impulsado por el presidente Néstor Kirchner en el 2006.

Hasta entonces, en palabras de Fernández, Atucha II era un nido de "búhos y ratas", pues su construcción había quedado paralizada en 1994, durante el mandato de Carlos Menem. Se calcula que la obra ha costado unos 1.500 millones de euros más de lo previsto y era una de las infraestructuras prometidas por Kirchner para ser inauguradas con motivo del bicentenario argentino, que se celebró el año pasado.

La instalación está ubicada a orillas del río Paraná, junto a Atucha I, que en 1974 se convirtió en la primera planta atómica de América Latina y tiene 335 megavatios de potencia. En 1984 arrancó la segunda central nuclear del país, Embalse (600 MW), situada en la localidad del mismo nombre, a un centenar de kilómetros de la ciudad de Córdoba.

El programa nuclear argentino incluye la construcción de una cuarta planta, Atucha III, y de una línea de pequeños reactores de 25 megawatios denominados Carem y desarrollados íntegramente en Argentina. Los Carem podrán abastecer a núcleos de unos cien mil habitantes y se prevé que el primero se instale en la provincia norteña de Formosa en el 2014. Esa misma tecnología se utilizará para la construcción, conjuntamente con Brasil, de un submarino nuclear.

Con Atucha II, sólo la décima parte del suministro eléctrico argentino provendrá de la energía nuclear, cuyo uso no genera apenas debate social pese al reciente accidente de Fukushima. Sin embargo, Greenpeace inició rápidamente una campaña y en 24 horas logró que ayer cerca de 30.000 personas firmaran en internet contra la energía atómica. El responsable de clima y energía de la organización ecologista, Ernesto Boerio, dijo a La Vanguardia que la apertura de Atucha II es "un disparate" frente a la opción de las energías renovables. "El "potencial eólico que tiene Argentina es uno de los mayores del mundo", explicó Boerio.

30-IX-11, R. Mur, lavanguardia