´´Zorra´ como piropo´, Pilar Rahola

Hay jueces cuyo background  habla por sí solo. Es decir, hay jueces cuyas sorprendentes sentencias no sorprenden a nadie, vista su digna biografía. Es el caso, entre otros, del juez Juan del Olmo, cuyos méritos decoran el vistoso muro de las polémicas. Pasó, por ejemplo, por la instrucción del caso Egunkaria - que significó el cierre cautelar del periódico-,como si fuera una apisonadora, hasta el punto de que cuando hubo sentencia siete años después, su trabajo fue duramente criticado por el Tribunal, que absolvió a los implicados.

También fue el juez que ordenó secuestrar la revista El Jueves,por incluir unas caricaturas de los príncipes de Asturias, aunque en este caso hizo un favor a la satírica revista, que vio su portada reproducida en decenas de medios extranjeros. Y puestos en la cuestión de esta columna, también fue el juez quien hizo una interpretación sui géneris del artículo 153 del Código Penal y absolvió a un hombre que partió la nariz a su mujer con un cabezazo por considerar que "no toda agresión leve debe reconducirse automáticamente a violencia de género". Resultado: le rebajó la pena de cuatro meses de prisión a una multa de tres euros diarios. Con estos antecedentes, no parece extraño que este mismo juez considere que llamar "zorra" a una mujer no es un insulto, sino un auténtico piropo, porque lejos de pensar en el significado que todos sabemos, el ínclito juez considera que la está llamando "astuta". Es decir, a partir de ahora las mujeres que sean insultadas con dicho apelativo deben darle un abrazo al tipo porque no las está rebajando al suelo del sexo de catre, sino subiendo al cielo de la inteligencia superior. El hecho de que el simpático marido, con antecedentes penales, hubiera amenazado a su mujer en otras ocasiones y asegurara a su hijo, "lo juro por el sol", que vería a su madre en una caja de pino y que saldría en televisión, debe de ser otra forma de alabar su inteligencia. Lo cierto es que el juez Del Olmo ha vuelto a hacer de las suyas y ha rebajado la pena de delito a falta, al no considerar que hubiera ni menosprecio, ni voluntad de dominio por parte del hombre. Ergo, el año de alejamiento a más de 500 metros, y la prohibición de mantener cualquier tipo de comunicación, del Olmo los ha reducido a 300 metros, sólo seis meses y ha levantado la prohibición de tenencia de armas y la obligación de trabajar 31 días en favor de la comunidad. No le ha dado la medalla al mérito al trabajo de milagro. A partir de ahora, pues, este señor podrá llevar armas, esperemosque no sea para enviar a nadie a una caja de pino, y podrá llamar "zorra" a todas las mujeres que quiera, gracias a un juez tan comprensivo con sus maneras. No tengo mucho más que decir, porque los hechos hablan por sí solos. Solo cabe constatar, una vez más, la vergüenza que provocan algunos jueces y algunas sentencias.

5-X-11, Pilar Rahola, lavanguardia