´La actriz iraní´, Jordi Balló

Marzie Vafamehr ha sido arrestada y condenada a un castigo de cárcel y azotes, como una manera de evidenciar que la represión en Irán se ceba en la piel de sus mujeres. Así hay que entender la increíble forma del castigo: herir el cuerpo de una mujer es una forma de censurar allí donde empieza su revuelta individual, con la decisión de cada una de confrontarse a las leyes que buscan humillarla. El cuerpo moldeado y vestido por cada mujer iraní supone un acto invencible frente al poder que pretende coartarlo: por eso este poder masculino e integrista actúa contra este cuerpo de forma histérica.

Pero no deja de ser llamativo que este castigo judicial se haga contra una actriz por el hecho de haber encarnado a un personaje que no tiene por qué ser el suyo. Esta acusación es un paso más de la acción política y judicial contra el cine iraní, que tiene hasta ahora efectos muy llamativos. En un caso, encarcelando a Jafar Panahi por una película que no había aún ni rodado, pero que se le suponía subversiva. En este otro, condenando a una actriz por el hecho de presumir que el personaje que encarna en una película tiene algo de ella misma. En los dos casos, el aparato judicial iraní actúa como una máquina de poder absurda, aborrecible y fanática. Pero no son idiotas estos jueces, porque, efectivamente, si algo es realmente fuerte del cine iraní es la convicción que transmite de que los actores están totalmente comprometidos con aquello que encarnan.

Vean sino la película Nader y Samin, una separación, actualmente en cartelera, que se llevó el Oso de Oro en el último festival de Berlín y los premios de mejor interpretación masculina y femenina. Centrémonos en el personaje de la mujer, Simin, que encarna Leila Hatami. Desde la primera imagen de la pareja ante el juez que debe decidir sobre su separación, ya podemos saberlo todo de la actitud política y social de Leila/ Simin, sólo con la manera despreocupada como la actriz lleva un pañuelo en la cabeza, por el color del mismo o el de su pelo visible. No nos extraña nada que la mujer sueñe con irse del país y llevarse con ella a su hija. Pese a no ser explícito, el devenir de la mujer está siempre ligado a la forma como moldea y actúa con su cuerpo, en como viste con tejanos, en cómo administra perfectamente el pelo que le asoma por fuera del pañuelo suelto que lleva en la cabeza. Son estos detalles los que crean el carácter de un personaje que está bajo sospecha. Si uno no ha estado en Irán a lo mejor no sabe reconocer como solo en un color, en un gesto, o en un ángulo de un pañuelo reside una subversión femenina contra el sistema. Pero si ha estado una o más veces, lo entiende en seguida, y se crea esta maravillosa forma de comunicación y solidaridad con una mujer, una actriz en este caso, que con sólo estar ya te transmite gran parte de su radical impostura.

12-X-11, Jordi Balló, lavanguardia