´El espectador´, José Antonio Marina

Siempre que voy a París, procuro visitar el delicioso museo Marmottan, dedicado a la obra de Monet. Me fascina su modo de mirar y de representar la realidad. Los pintores impresionistas descubrieron que en cualquier rincón y en cualquier instante había algo que merecía ser pintado. Eran flâneurs,paseantes a la búsqueda de imágenes. Ala salida mehe sentado en un parque vecino, a la sombra de unos castaños, para escribir este artículo. El sol de las postrimerías del verano es ya clemente. Un grupo de niños, como de unos cuatro años juega. No está muy claro que jueguen a lo mismo. En realidad, disfrutan estando juntos y corriendo. Correr es una necesidad que tienen todos los cachorros, un modo de fortalecerse y adquirir destrezas motoras. Demoro el comenzar. El espectáculo de la vida me interesa mucho. La contemplación— en especial la estética y la religiosa— ha tenido siempre buena fama, pero no podemos vivir siempre como espectadores. En algunos casos puede ser una indecencia. Me di cuenta de ello al estudiar los casos de bullying,de acoso escolar. Normalmente se estudia la personalidad del acosador o la personalidad de la víctima, pero se descuida la del tercer participante, un protagonista coral pero mudo: los espectadores. Aunque no intervienen, están siendo colaboradores. Podrían haber evitado la violencia sólo con no dar su tácita aquiescencia. El modo más eficaz de evitar el acoso es responsabilizando al espectador. Staub, un psicólogo que sufrió de niño los horrores nazis, ha estudiado los mecanismos que conducen a conductas terribles, como son los genocidios, y da muchos ejemplos de esta pasividad culpable. No tiraré yo la primera piedra, pues todos somos hábiles en encontrar razones para no implicarnos. Staub ha comprobado experimentalmente que, cuando hay muchos testigos de un hecho, es más fácil que eludamos nuestra responsabilidad. Tendemos a pensar que alguien hará algo.Siempre me han irritado esas escenas de película en que tras un accidente un personaje grita "¡Qué alguien llame a una ambulancia!". ¿Por qué no la llamas tú? Hace años, los estadounidenses quedaron aterrados ante el caso de Kitty Genovese, una chica que tras una discusión fue apuñalada salvajemente en un patio. Treinta y ocho personas contemplaron lo que sucedía, pero ninguna llamó a la policía. Cuando posteriormente fueron interrogadas se excusaron diciendo que creían que alguien lo habría hecho ya.Nuestra sociedad es una sociedad de espectadores, y eso no es conveniente en los tiempos difíciles que vivimos. No hacemos ejercicio, pero vemos espectáculos deportivos durante horas y horas. Lo mismo hacemos en política, facilitando el mangoneo. Estamos intoxicándonos con un sentimiento de pasividad, de desconfianza, de inhibición, de desesperanza. Nos quejamos de que nuestros niños y adolescentes no soportan el esfuerzo y es verdad, pero no es culpa suya. Acabo de leer que los niños estadounidenses consideran que comer una manzana es un esfuerzo físico excesivo, y prefieren tomarla licuada.

Tengo que marcharme. Contemplo una vez más el parque del museo Marmottan, sus castaños, sus niños y un antiguo tiovivo. En realidad, Monet no fue un mero espectador. Concibió un proyecto artístico, se sedujo a sí mismo, desde lejos, con una idea, y trabajó tenazmente hasta que consiguió su objetivo. De eso se trata. Bajo el amplio cielo de París, termino y firmo este elogio de la acción.

17-IX-11, José Antonio Marina, lavanguardia