´El gran cambio horario´, Quim Monzó

Esta madrugada, cuando los  relojes marquen las 3 deberemos retrasar las agujas una hora. Pasaremos de las 3 a las 2, y ese cambio permitirá no sólo un montón de ahorro energético (dicen los que están a favor) sino también gran cantidad de debates en radio, prensa, televisión e internet. Cada vez que llega esa liturgia se repiten las mismas preguntas de seis meses antes: ¿es positivo ese gesto o se trata de una chorrada que nos altera los biorritmos y provoca aún más gasto energético? No faltará, evidentemente, quien recuerde que Rusia ha decidido este año olvidarse para siempre de esa pantomima.

Mientras, el gran problema horario continúa sin que nadie se enfrente realmente a él. Quizá, en el mundo, avanzar y retrasar una hora sea una gran cosa pero, en este Estado al que de momento aún pertenecemos, el gran problema horario es el laboral. Europa Press explica que la comisión encargada de racionalizar los horarios -en la que participan 116 instituciones, entre comunidades autónomas, ministerios, empresarios, sindicatos...- ha estudiado los de diversos estados de la Unión Europea y concluye que los españoles acaban su jornada dos horas más tarde que el resto de europeos. Concluye también que en la mayoría de países la gente dedica media hora o una hora a comer, mientras aquí dedican dos.

Para llegar a conclusiones tan evidentes no hay que gastar ni un duro más en estudios. Basta girar la cabeza alrededor para ver hasta qué punto son ilógicos los horarios laborales de este Estado, y hasta qué punto sus habitantes manifiestan voluntad firme de mantenerlos. Prefieren salir del trabajo a las 7 o las 8 que a las 5. Así tardan más en volver a casa y tienen que aguantar al cónyuge menos rato. Dice Ignacio Buqueras, presidente de la comisión, que "la tarea para conseguir en España unos horarios más racionales y adaptados a la realidad del entorno europeo no está ni mucho menos terminada". ¿Terminada? ¿Cómo va a estar terminada si apenas ha empezado? ¿Ha habido algún avance? Sería bueno, por cierto, que algún día, la comisión -oficialmente: Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios en España- explicase qué hace exactamente para llegar a ese "gran acuerdo entre todas las fuerzas sociales para el logro de unos horarios más racionales para nuestro país", aparte de decirlo cada tanto. Porque, de hecho, parece que su única razón de ser sea aparecer en la prensa con el dedo levantado y abogando por "el logro de unos horarios más racionales". ¡Caray! Eso ya lo sabemos, pero, además de decirlo, la comisión ¿hace algo para llegar a ello? Mientras, como somos obedientes, esta noche retrasaremos una hora el reloj sabiendo que no hay ninguna voluntad real de enfrentarse a nuestro auténtico gran problema horario y que por eso han creado una comisión.

29-X-11, Quim Monzó, lavanguardia