España cañí -23: profunda, abisal, falta de profesionalidad

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Un buen amigo mío me explicó, ya hace tiempo, que a un colega suyo le llegó cortado a trozos un olivo. Era un árbol muy preciado y evidentemente irrepetible por centenario y no se si también porque había estado con la familia tiempo ha. Él se lo hizo traer desde Andalucía a Catalunya para poder disfrutarlo en su jardín. Evidentemente, de todos los riesgos que podía haber supuesto el traslado, este no lo supo prever. Los que se encargaron del transporte decidieron cortarlo porque así era más llevadero. Es lo que yo supongo - esta parte de la historia es un misterio o una incógnita-desde la perspectiva de un acontecimiento reciente en lo que me he visto involucrada.

Estoy de obras -ya hace días- y aunque parezca demasiado "gordo" decirlo así con las cosas a las que estamos expuestos, no puedo más que hacerlo en este y no en otros términos: "Es de lo peor que te puede pasar". Y cuando lo digo me vienen a la cabeza el montón de veces que eso es repetido por todo tipo de ciudadanos, ynode manera gratuita, en nuestro entorno.



No es un caso aislado, no he tenido más mala suerte que la media de la población en la elección de los que se llama - pomposamente-"los industriales" del sector de la construcción. Aunque es evidente que, en algún lugar, buenos tiene que haber.

Explicaré esta, pero desde que he empezado la obra, podría contar lo que casi parecen infinidad de decisiones irracionales y torpes de los diferentes tipos de oficios que han pasado por mi casa. Me tienen que impermeabilizar una cubierta plana y la tela que se ha comprado de una pieza -para evitar riesgos evidentes y más que probables de filtración- ha sido cortada a trozos por decisión propia y única del profesional que se encarga de ponerla. Han estado más responsables las condiciones climáticas que han respetado la obra hasta que no han podido más, que quien lo tenía que ser de oficio. "Era demasiado grande" y le resultaba "muy difícil ponerla", esta ha sido la gran respuesta del instalador.

Me reservo los comentarios y no quiero caer en una crítica ni mordaz ni fácil. Hay que ir más allá en lo que pasa en este sector. Su gran problema no es la crisis, lo sobrepasa a ella y al dinero fácil de los últimos años. Es mucho más estructural. La falta de profesionalidad es alarmante, por demasiado habitual y por demasiado profunda.

30-X-11, Cristina Sánchez Miret, socióloga, lavanguardia