´Lérida marca la pauta´, Quim Monzó

Cada día, las Guardias Urbanas del mundo civilizado multan a los vehículos mal aparcados y, si conviene, hacen que la grúa se los lleve a los depósitos donde los tendrán un tiempo. Como es fácil deducir, el número de vehículos que cada día se retiran depende de la ciudad. Según donde son decenas; según donde, centenares. Pasa entonces que muchos propietarios no van a recoger el vehículo. Bien porque, de hecho, el vehículo retirado por la Urbana lo habían abandonado en la calle, bien porque prefieren perderlo para siempre y así no pagar lo que deberían. Por todo ello muchos vehículos se eternizan en los almacenes hasta que el Ayuntamiento decide que se conviertan en chatarra.

Todo eso es habitual. Lo que no es habitual es que un Ayuntamiento, en vez de tirar los vehículos que los amos no recogen, los aproveche. Eso es lo que ha decidido hacer la Guardia Urbana de Lleida, según explicaba el sábado el Segre:"La policía local ha aprovechado esta situación (de recortes presupuestarios) para hacer el proceso inverso: recuperar del depósito algunos vehículos que se encuentran en relativo buen estado para reutilizarlos como coches patrulla, lo que nunca se había hecho en Lleida. La Guardia Urbana ya ha completado el cambio de titularidad y la puesta a punto de tres vehículos que estaban abandonados y que en los próximos días entrarán en servicio. En principio funcionarán como coches patrulla camuflados, aunque estarán equipados con los dispositivos necesarios, como la sirena, para hacerse ´visibles´ en caso de que sea necesario". Un policía que también es mecánico se encarga de poner a punto los coches.

Eso no se había hecho nunca en Lleida. Me gustaría saber si en otras ciudades sí, porque es una idea sensata. La situación no está para ir desguazando coches que aún pueden funcionar. El planteamiento leridano está en las antípodas del que el Ayuntamiento barcelonés tiene con los instrumentos musicales que confisca. No sé si salva del desguace los coches no retirados que aún puedan funcionar, pero este verano se supo que destruiría 262 instrumentos musicales (guitarras, flautas, violines, acordeones...) que la Urbana había decomisado a los músicos que tocan en la calle sin permiso. Si el Ayuntamiento barcelonés tiene por norma destruir esos instrumentos, parece lógico pensar que ese es su patrón de conducta general y que ni le ha pasado por la cabeza aprovechar los coches que tiene en los almacenes municipales, repudiados por sus dueños. Si en Lleida ahora aprovechan tres, por pura regla de tres demográfica, en Barcelona podrían aprovechar entre treinta y cuarenta. Sería bueno saber si, en época de recortes, el Ayuntamiento envía al desguace vehículos que aún podrían dar servicio, ni que fuese el de llevar a la incineradora los instrumentos musicales que tampoco se les ocurre aprovechar.

1-XI-11, Quim Monzó, lavanguardia