talibanización del norte de Nigeria

Nuevo golpe de los talibanes de Nigeria. El grupo fundamentalista islámico conocido como Boko Haram perpetró el viernes noche varios ataques simultáneos con atentados suicidas, bombas y fuego cruzado que mataron a más de 60 personas e hirieron a varias decenas en la ciudad de Damaturu y otras localidades vecinas en el nordeste del país. El ataque, que tuvo como objetivos puestos policiales, una escuela islámica y varias iglesias, es el más coordinado y uno de los de mayor alcance del grupo terrorista vinculado a Al Qaeda desde que inició su insurgencia contra el Gobierno nigeriano en el año 2009.

Un portavoz del grupo Boko Haram, cuyo nombre se traduce como "la educación occidental es pecado" y que ha asesinado a 327 personas en Nigeria desde enero, reivindicó ayer al diario The Daily Trust la autoría del ataque: "Continuaremos atacando a los cuerpos del Gobierno federal hasta que sus fuerzas de seguridad detengan sus excesos con nuestros miembros y civiles vulnerables", dijo.

La ofensiva terrorista empezó en dos ciudades al este de Damaturu, donde se produjeron al menos tres atentados suicidas y varias detonaciones junto a una escuela islámica y una base del ejército. La banda, que quiere la independencia del norte bajo una estricta charia, combate al Gobierno nigeriano, al que califica de corrupto y opresor, pero también apunta a cristianos y musulmanes moderados.

Tras esas primeras explosiones, empezó el asalto en Damaturu. Primero, un coche bomba explotó frente a un edificio de tres plantas utilizado como oficina militar y mató a varios uniformados. Poco después, grupos de hombres armados se distribuyeron por la ciudad y lanzaron bombas contra un banco, tres estaciones de policía y varias iglesias, algunas de las cuales quedaron calcinadas. Los enfrentamientos entre los militantes radicales y las fuerzas de seguridad siguieron hasta la madrugada del sábado.

Akmar Abubakar, vecino de Damaturu que pide que se cambie su nombre real, aún tenía ayer el susto en el cuerpo cuando habló con este diario. "Iba a salir de la oficina y empezaron los disparos y las bombas. Desde las 18.30 (del viernes) hasta las 21.30 la ciudad fue un caos. Se oían tiroteos, explosiones y la gente corría a refugiarse. Nunca había visto nada igual. Todos mis compañeros de trabajo y yo nos hemos quedado a dormir en la oficina".

Ayer por la mañana, cuando decidieron salir de su refugio para volver a sus casas, el panorama era desolador: "Había agujeros de bala, restos de sangre y edificios afectados por las bombas.

Un banco y una iglesia están destrozados. Ha sido una carnicería. No sé quién ha sido pero no representan al islam".

La magnitud del atentado y el alto grado de coordinación alimentan los peores augurios. En los últimos meses, tanto políticos nigerianos como oficiales estadounidenses en el país han advertido del incremento de los lazos de la facción más radical de Boko Haram con Al Qaeda del Magreb Islámico y su filial en Somalia, Al Shabab. El ataque con coche bomba a la sede de las Naciones Unidas en Abuya hace dos meses, que causó 24 muertos y más de cien heridos, confirmó un mayor grado de sofisticación de la banda y añadió a un organismo internacional entre sus objetivos. El último ataque en el país más poblado de África,de norte musulmán y sur cristiano, aumenta la inquietud sobre la capacidad de desestabilización de la secta radical, que más allá de las tensiones religiosas, basa su fuerza en el apoyo de jóvenes descontentos por la corrupción, la disparidad de riqueza entre norte y sur, el desempleo y la pobreza. En el norte de Nigeria, el 72% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Más del doble que en el sur y el delta del país.

6-XI-11, X. Aldekoa, lavanguardia