´Sobre la libertad de expresión´, lavanguardia

A lo largo de esta semana ha continuado el goteo de grandes marcas que retiraban sus anuncios del programa La noria, emitido los sábados por Telecinco en horario de máxima audiencia. El motivo de estas retiradas, que merman los ingresos de la cadena televisiva, es la emisión en La noria,el 29 de octubre, de una entrevista con Rosalía García, madre del Cuco, juzgado y condenado como encubridor del supuesto asesinato de la joven Marta Castillo, acaecido en el 2009 y aún no esclarecido. A resultas de esta emisión, diversas compañías consideraron incompatible su marca con un espacio que no pestañea a la hora de intentar engrosar la audiencia estimulando el morbo popular; ni a la de pagar miles de euros a la madre del condenado para que acuda al plató y presente a su hijo bajo una luz favorable.



Naturalmente, las cadenas privadas son libres de incluir en su programación todos los espacios que su buen - omal-criterio les aconseje. También son libres los anunciantes de promocionarse en compañía de los programas de su gusto: al fin y al cabo, existe una ley no escrita entre medios y anunciantes, una comunidad de modos e intereses, que ocasionalmente se quiebra, con las consecuencias que ahora se manifiestan. Y el público televisivo es a su vez libre de seguir los programas que se le antojen, aunque unos vayan a reportarle menos provecho que otros... Así las cosas, podríamos considerar el episodio descrito como relativamente ordinario en un universo donde abundan las televisiones oportunistas que compiten por abultar su audiencia a cualquier precio. Pero el hecho de que el conductor del programa aludido aprovechara una posterior emisión para presentarse como paladín de la libertad de expresión y luchador contra la censura resulta ya excesivo. La libertad de expresión cuenta entre sus defensores con figuras íntegras que no merecen formar en las mismas filas que el conductor de La noria. Resulta dudoso que alguien que aviva el dolor ajeno, que divulga como información testimonios de parte y de pago, que estimula el morbo popular y que obra guiado por el afán principal de atraer a más telespectadores pueda reclamarse heredero del legado de la Ilustración. Una cosa es hurgar en las bajas pasiones y otra muy distinta haber luchado por la libre circulación de ideas que dieron paso al mundo moderno. Sobre esto no se deben admitir confusiones. Demasiadas personas han dado su vida -la dan todavía- por la libertad de expresión colectiva como para que ahora traten de escudarse en su bandera quienes defienden intereses particulares a golpe de sensacionalismo.

12-XI-11, lavanguardia