┤La calidad de la democracia┤, MÓrius Carol

Theodore Roosevelt escribió que una gran democracia debe progresar para no dejar de ser o grande o democracia. Este aviso para navegantes del político estadounidense tiene más de un siglo, pero, por increíble que parezca, ha pasado inadvertida hasta ahora en el país. La campaña electoral a la que hemos asistido ha demostrado la esclerosis de nuestra democracia. El movimiento del 15-M se inició como denuncia de la pobre calidad de nuestro sistema democrático, algo que reconocieron de inmediato los partidos, quienes dijeron que tomaban nota, pero se ve que han perdido los apuntes. Los políticos deberían ser los primeros interesados en revitalizarla, pero los aparatos de los partidos acaban siendo estructuras que se defienden para sobrevivir, que luchan para que nada cambie y que se resisten a una evolución que los debilite.

El más triste de los espectáculos de esta campaña ha sido el debate electoral entre Rajoy y Rubalcaba, que no ha servido para nada. O peor, para demostrar el miedo a la libertad de nuestra clase política. El suyo fue un cara a cara antiguo, aburrido, trivial. Lo malo no es que el temor a perder los atenazara, lo peor es que las grandes derrotadas fueron la libertad de expresión y la información a los ciudadanos. Produce vergüenza que los equipos de campaña despreciaran a Televisión Española para organizar el debate - cuando es la mejor TVE de la democracia-,como si se tratara de un territorio comanche. A cambio, los contribuyentes tuvimos que pagar 500.000 euros por el Palacio de Congresos y la producción externa. Manuel Campo Vidal no hizo de moderador, sino de árbitro de baloncesto cronometrando las intervenciones. La profesión periodística, que no vive los mejores momentos, debería rebelarse ante esta falta de juego democrático.

Igualmente resulta ridículo mantener la jornada de reflexión cuando internet y las redes sociales han hecho saltar por los aires la neutralidad de este día. Como es absurda la prohibición de publicar encuestas la última semana, cuando las hemos leído en diarios de Andorra o el Reino Unido, y luego han sido reproducidas en Twitter. Además, empieza a ser agotador el debate sin resultado sobre la necesidad de que haya listas electorales abiertas, acerca de que exista un mayor control de la corrupción política o de que los ciudadanos sepan quién es el candidato al que pueden pedir explicaciones. También en estos casos la tecnología podría constituir una eficaz aliada. Se aprovechan los partidos de que en Occidente las personas políticamente informadas oscilan entre el 10% y el 25% de los ciudadanos, pero ello no supone que el resto trague con todo. Alain Touraine decía que si aceptamos sin reservas la decadencia de la política, el mercado regulará la vida colectiva. Pues ya hemos llegado a este punto y no parece que haya nadie dispuesto a poner remedio.

20-XI-11, Màrius Carol, lavanguardia