´ecomovilidad´, Manuel Castells

Las ciudades son sistemas de comunicación. Por tanto, dependen de la energía que necesitan las comunicaciones para funcionar. La tecnología central del siglo XX fue el vehículo automotriz. Y ahora se constata que nuestra pasión por el coche puede haber constituido una atracción fatal. Las emisiones de los motores de combustión son la principal causa de los gases que ocasionan el cambio climático constatado por la gran mayoría de la comunidad científica internacional. Pero no toda la culpa la tiene el automóvil. El problema es también el diseño del transporte urbano en nuestras ciudades y la escasa funcionalidad del espacio urbano para la circulación. Por ejemplo, la dificultad de encontrar aparcamiento en los centros urbanos pese a que se sigue autorizando la llegada del coche a cualquier punto de la ciudad. Así, un reciente estudio sobre el tráfico en Manhattan encontró que un 40% del consumo de gasolina en esa área lo gastan coches buscando aparcamiento. Parece que el uso del automóvil actual como principal medio de transporte urbano es insostenible tanto desde el punto de vista medioambiental como en coste de tiempo, dinero y consumo energético. Pero los sistemas de transporte público no consiguen desbancar la preferencia por el coche, que sigue siendo el principal medio de transporte incluso en ciudades tan densas e históricas como Barcelona.

De ahí la necesidad de buscar soluciones alternativas al transporte intraurbano. La más obvia y la más sana es la marcha a pie, que sería factible como medio de transporte a partir de una política urbana de acercamiento de lugares de trabajo y residencia junto con el acondicionamiento de corredores peatonales, con elementos paisajísticos y de mobiliario urbano, que permitieran andar sin tener que esperar el semáforo. Pero mientras conseguimos un diseño urbanístico innovador que escape al dictado de la promoción inmobiliaria, la gente está adoptando la bicicleta. La experiencia de Bicing en Barcelona (70.000 usuarios en pocos meses), haciéndose eco de iniciativas similares en Lyon, París, Oslo y otras ciudades, muestra hasta qué punto la iniciativa privada, apoyándose en una concesión municipal, puede hacer rentable un medio de transporte ecológicamente sostenible y adaptable al trazado urbano. En este caso, el correctivo necesario es la regulación del tráfico de bicicletas, que puede llegar a ser masivo, tanto para proteger a los ciclistas de los coches, motos y autobuses, como para proteger a los peatones de las bicicletas. La invasión de zonas peatonales por parte de bicicletas a gran velocidad y la indiferencia de los ciclistas ante las señales de tráfico hacen urgente una regulación realista que sancione a ciclistas prepotentes con la misma energía que debe emplearse para reservar espacios cada vez más amplios para los carriles bici. En parte como medida disuasoria a la velocidad del automóvil en la ciudad.

Pero la verdadera revolución en el tráfico urbano sólo puede venir de la transformación del propio automóvil. Por eso me interesó sobremanera la presentación de un proyecto revolucionario del Massachusetts Institute of Technology (MIT) por parte del urbanista William Mitchell hace una semana en Zaragoza, en el marco del comité asesor al proyecto de la Milla Digital que está transformando el espacio de esa ciudad al socaire de la Expo 2008. Se trata de un coche eléctrico biplaza, de pequeño tamaño y totalmente informatizado (http:// www-tech. mit. edu/ V127/ N5/ cardesignwire. html).

De hecho, no tiene motor. Los impulsos eléctricos van directamente a sus cuatro ruedas, cada una de las cuales es autónoma y puede girar en todas direcciones, por lo que se puede aparcar de lado sin espacio para maniobrar. El volante podría ser programado en función de un itinerario y el dispositivo de frenado estaría incorporado de forma automática mediante sensores. Hasta ahí, se trata de una nueva generación del coche eléctrico que ya existe, que se podría definir como un ordenador sobre ruedas. Pero hay algo más: se trata de un coche plegable. Es decir, con una señal eléctrica el coche se recoge verticalmente y ocupa un espacio no mucho mayor que un carrito de supermercado. Una vez plegado, el coche se puede incrustar en otro coche y éste en otro y éste en otro, formando una hilera de coches conectados. El último coche está conectado a un poste batería cargado por energía solar y eólica. Pero más importante aún es que el coche carga durante su marcha y luego transmite su carga a los otros coches en cuanto se conecta a ellos en su peculiar aparcamiento. Con lo cual hay un reforzamiento mutuo y compensatorio de las cargas eléctricas entre los coches.

Ya habrán adivinado que el principio de utilización del coche es el mismo que el del Bicing para las bicicletas. Es decir, múltiples puntos de conexión de hileras de coches plegados a lo largo de la ciudad, un sistema informatizado de reconocimiento del cliente y el uso del coche de un punto a otro de la ciudad, dejándolo allí y utilizando otro a partir de cualquier lugar, cuando y donde sea conveniente. Habrá quien tenga problema con la colectivización de algo tan personal como el automóvil. No se preocupen: en una cultura tan individualista como la del MIT también han pensado en esto. El coche memoriza los gustos del cliente, así como la inclinación del asiento y demás detalles, y al accionar la tarjeta llave, cualquiera de los coches se reprograma para el individuo que lo va a utilizar. ¡Ah!, se me olvidaba: también cambia el coche de color, adaptándose al gusto de cada cliente. Son soportes diversos de un coche único porque es el que usted programó en el sistema.

La utilización de este modelo de coche modifica los usos del espacio urbano, puesto que su espacio para aparcamiento es diez veces menor que el de un coche normal. Así los coches convencionales (híbridos, cada vez más) se relegarían al transporte interurbano y la ciudad se vería casi libre de aparcamientos. El ahorro energético es triple: en el consumo del coche, en la recarga del coche y en la reducción drástica del consumo energético en la búsqueda de aparcamiento.

Si eso lo pueden hacer con un coche, es aún más fácil hacerlo con una moto eléctrica. Y también está ya a punto de acabado en el Design Laboratory del MIT. ¿Un ecosueño? Bueno, un prototipo operativo, tanto de coche como de moto, estará listo en un año. Y la producción podría iniciarse en dos años. En realidad, la producción no es lo importante, porque son elementos muy sencillos y materiales muy livianos aunque resistentes. Lo complejo es el sistema de organización del transporte individual eléctrico en la ciudad, o sea el servicio de transporte urbano. Lo cual requiere empresas como Bicing aplicadas al City-Car, que es como se llama el invento.

Se supone que las grandes empresas de la industria automotriz deberían estar en contra. Pero las cosas, afortunadamente, siempre son más complicadas. El prototipo de moto está siendo financiado por una empresa taiwanesa que parece seriamente decidida a fabricarlo y buscarle mercado. Y el proyecto de automóvil, sorpresa, sorpresa, ha sido financiado por General Motors, aunque en condiciones de independencia de la investigación, como corresponde a una institución universitaria, en la medida en que la mayoría de los diseñadores son estudiantes de doctorado del MIT que obtienen sus créditos académicos en este proyecto. No es que General Motors esté decidida a producir este coche revolucionario. De hecho, tendrán que ser las ciudades las que instalen el sistema, creando así mercado para que pueda funcionar. Pero las grandes empresas saben que la industria actual está condenada por la naturaleza y la cultura y, por tanto, están en una búsqueda prospectiva, tomando posiciones en lo que puede ser un mundo de ciudades reconciliado con el planeta.

O sea, que antes de que suframos un apagón planetario habrá que conservar, inventar y pensar en otras formas de consumo energético. Tal vez empezando por revolucionar el modo en que nos desplazamos cotidianamente. Para eso sirve la tecnología, a condición de que usted la controle. Y así, cuando esté en los interminables atascos de tráfico de sus vacaciones veraniegas ponga una música evocadora y sueñe con que otro transporte es posible. Pero, ¡cuidado!: no se duerma.

lavanguardia, 28-VII-07.