´El modelo nórdico´, IV-06.

El modelo nórdico

Maricel Chavarría
, lavanguardia, 13/18-IV-06.

1.-Viaje al fin de la prostitución.

Considerar la prostitución como una práctica de riesgo para la sexualidad y la misma integridad de las personas es una postura que no es hoy políticamente correcta. Al contrario, es muy discutida por círculos autobautizados como de nuevas feministas - incluidas algunas jueces y letradas españolas- que abogan por diferenciar entre la prostitución forzada y la que se ejerce en libertad, ambas mayoritariamente femeninas. Prefieren ver a las que se inscriben en este segundo grupo como sujetos de derecho injustamente estigmatizadas o victimizadas por una sociedad que creen puritana, antes que como parte explotada de un consumismo a espuertas que lleva a sacar fácilmente la cartera - la zanahoria de nuestros tiempos- a cambio de una satisfacción sexual o un ejercicio de poder. Es precisamente ese hábito, eminente e históricamente masculino, el que la ley sueca cree inaceptable desde una perspectiva de derechos humanos e igualdad. Nadie tiene derecho a comprar el cuerpo de otra persona, esgrime.

Desde 1999, todo cliente de prostitución es en Suecia - símbolo de igualdad y libertad sexual- susceptible de ser multado o incluso de tener que pasar hasta seis meses en la cárcel. La persona prostituida es libre de seguir ejerciendo. Se la considera explotada tanto por sus proxenetas como por los que compran el servicio sexual, y cuenta con notables servicios sociales. Si es extranjera se aplica, eso sí, la implacable ley de inmigración sueca: tras declarar deberá volver a su país. ¿Es ésta una ley moralista que se inmiscuye en la vida privada de los ciudadanos? El 80% de la sociedad sueca la aplaude y en el Parlamento todos los grupos, incluidos conservadores y liberales, que se mostraron reticentes a aprobarla, dicen sentirse "orgullosos de tenerla".

Jens Orbacks, flamante ministro de Igualdad e Inmigración del Gobierno sueco - un raro caso en el que un hombre lleva esta cartera de género-explica a La Vanguardia que es el modo cómo los suecos observan la prostitución lo que les ha llevado a ilegalizar sólo la compra. "Comprar el cuerpo de otra persona es una forma de violencia, pues no es un negocio entre iguales, sino una venta desde una posición de inferioridad".

El Gobierno sueco no hace distingos entre la lucha contra el tráfico de personas para el negocio sexual y la lucha contra la prostitución. "Es que sin ésta - dice Orbaks- no habría tráfico, pues sin demanda para prostitución no la habría para tráfico. Me cuesta comprender cómo es posible no entender eso: en Holanda, donde el negocio es legal, hay muchas personas prostituidas de otros países, y nuestros vecinos noruegos y finlandeses tienen mucha más prostitución y tráfico que nosotros".

Suecia podría, a simple vista, estar logrando sus propósitos abolicionistas. Pasó de contar 2.500 nativas prostituidas en 1998 a tener 1.500 en el 2003. Un tercio de ellas, en la calle. Las estonias y lituanas eran un nuevo fenómeno por las facilidades de visado. La policía de Estocolmo estima que antes de aprobarse la ley tenía a 40 de ellas. Hoy, Malmskillnad, la histórica calle de las prostitutas, la de las felaciones de pago al salir de la oficina, no está muy activa. Internet es la nueva vía, pero no pasan de cien mujeres las que se anuncian, aunque sea en 25 webs.

"¿Puritanos nosotros? A los suecos nos encanta el sexo", dice Orbacks. Este ex periodista con éxito en la política gracias, según malas lenguas, a su atractivo afirma que Suecia fue el país de la libertad y el sexo y debe seguir siéndolo, pero advierte que eso no tiene nada que ver con la prostitución.

"En la Europa del 2006 hay miles de mujeres transportadas y explotadas; es nuestro mayor problema. Si hubiera vivido en el XVIII, habría luchado contra la esclavitud, y eso es peor. Deberíamos avergonzarnos", dice sin exaltarse.

Comprar o no comprar sexo on razones moralistas o más bien éticas las que impulsan S esta ley? De hecho, no ilegaliza la prostitución; sólo la compra, y no sin antes sostener largas discusiones con mujeres contrarias a la medida. El debate es más o menos el mismo en todas partes: los detractores consideran que hay que dar derechos laborales a las personas prostituidas para que ganen poder y hacer su práctica más visible y, así, más segura. Criminalizar, enfatizan, es moralista e implica estigmatizar y perder la ocasión de dignificar la prostitución... Todo un atraso en las libertades sexuales.

"Perdone, pero ese discurso es obsoleto", dice la ex europarlamentaria izquierdista Marianne Eriksson, autora del informe La industria del sexo en Europa."A ustedes tal vez les pese la Iglesia - señala frente a un plato de pasta en un restaurante de Estocolmo- o les dure la fiebre del destape en su corta democracia, pero aquí la religión está muy alejada de la sociedad y ya nos liberamos sexualmente en los 60. Y en los 80 teníamos 500 burdeles. ¿Que no puedo estar a favor de los derechos humanos y contra la prostitución? ¡Si se trata de defender la libertad sexual de las prostituidas, su derecho a la integridad!". Eriksson muestra un pin contra la prostitución en el Mundial: "No puedes hacer un juego limpio", se lee. "Comprar o no comprar, ésa es la cuestión; el comprador es el que decide".

El asunto del torneo, mal ventilado por el Gobierno alemán, que no exigirá visado durante el Mundial antes que pedirlo sólo a mujeres, preocupa al ministro de Justicia sueco: Thomas Bodström, ex futbolista profesional en los ochenta - también con fama de guapo-, sabe que "con mucha gente fuera de casa tiende a aumentar la prostitución y el tráfico". Según el Gobierno, la nueva ley cala entre los jóvenes. Delante del club de striptease Privé, en la capital, algunos se unen para impedir que desciendan de sus taxis potenciales clientes de sexo. La misma policía que persigue al comprador se persona para dispersales. "La ley - dice Orbacks- cambia las normas de relación: sucedió en 1979, con la prohibición de pegar a los niños. También hubo protestas, se decía que era por su bien. Y ahora nadie justifica ese maltrato".

Noruega ha estudiado - sin éxito- seguir el ejemplo sueco y Finlandia lo debate ante la profusión de estonias y rusas en el negocio sexual. Podría ser el inicio de una plataforma nórdica abolicionista. Suecia, no obstante, tiene ventajas: consenso político, dinero para políticas sociales, poca prostitución traficada y una cantidad moderada de clientes habituales entres sus ocho millones de habitantes. Uno de cada ocho hombres ha comprado sexo al menos una vez en la vida. En España, se estima que uno de cada tres.

"Más importantes que la ley en sí son los principios que la inspiran", afirma Gunilla Ekberg, asesora del Gobierno sueco. "Uno debe saber si quiere cambiar las cosas o dejarlas como están: podemos resignarnos a pensar que siempre habrá prostitución, que es el oficio más viejo del mundo, que el hombre siempre comprará, lo necesita, su sexualidad es distinta... Tópicos erróneos. Puedo coincidir con quienes han decidido legalizarla en que la prostitución clandestina es un peligro para las mujeres, pero es que la prostitución es un peligro para ellas". El abolicionismo no es nuevo en Europa. Iniciado en el siglo XX, el feminismo clamó contra el tráfico de europeas a Sudamérica. Argentina era el destino por excelencia. Los países advertían que legalizar o regularizar la prostitución aumentaba el tráfico y por primera vez se focalizó el problema sobre el cliente. Pero la Segunda Guerra Mundial eclipsó la idea de penalizar la compra.

"Ninguna relación sexual tiene lugar sin un tercero: los patrones sociales sobre lo que es natural o no que, por ejemplo, han discriminado siempre a los homosexuales", señala la líder de Iniciativa Feminista, Gudrum Schyman. "Pero hablar de libertad sexual en la prostitución - añade- es traer un problema estructural al terreno individual, pues nadie puede hablar de mujeres libres en una sociedad que las discrimina en su salario y las obliga a escoger sectores peor pagados y menos regulados. Tiene que ver con cómo se ha infravalorado a las mujeres como individuos: ellos han tenido el control y ellas han estado para servir. Como no se les supone una sexualidad propia, ven sus servicios como los del dentista o el abogado". La estadística dice que la mayoría de quienes se prostituyen surgen de la pobreza, de etnias oprimidas, de la drogadicción, de abusos. "Si no se entiende que hay una diferencia de poder entre hombre que compra y mujer comprada es que no entendemos ningún otro poder del hombre", insiste Ekberg. "¿Queremos un mundo que usa los clásicos argumentos liberales para decir que en una sociedad igualitaria tenemos un trato de sexo a cambio de dinero? El feminismo no es un estilo de vida, es entender la diferencia de poder. Si quieres una sociedad democrática y moderna, has de equiparar ambos sexos; no puedes aislar a un grupo para dar placer sexual. Eso no tiene nada que ver con el sexo, sino con la invasión sexual, con masturbarse en una vagina", añade. "Un día me preguntaron en una conferencia sobre la abolición: ´¿Y qué harán los hombres?´. Y contesté: ´Dejémoslo en sus propias manos´".


¿Es posible hablar de prostitución como de un trabajo voluntario o una libre elección? ¿Es posible una sociedad que habla de igualdad y permite la prostitución? Son preguntas que plantea la periodista y socióloga sueca Louise Eek, cuya experiencia anterior como prostituta la hace conocedora de un fenómeno que, afirma, tiene un impacto en toda la sociedad. "Se establece la idea de que si una mujer es prostituible, todas lo son; sólo es cuestión de precio", dice. "En Europa es fácil oponerse al tráfico, pero si se habla de prostitución y libre elección, la gente se echa atrás; para mí son sólo niveles dentro del mismo infierno".

A sus 19, Eek empezó en un club de striptease. Pensaba quedarse sólo una semana; no podía creer que las otras chicas llevaran un año con cinco clientes al día. Pasó dos años y medio. Tras casarse y ser madre, volvería dos veces más a la prostitución: Noruega, Dinamarca... siete años en total: "Cuando la soledad y los flashback te atrapan es fácil volver. Si has sido violada siendo virgen tienes una idea del sexo nada placentera, desligada del sentimiento; te acusas, no importa cuánto ha pasado, y entras en la industria donde tienes que hacer cosas que no habías imaginado. Hay muchas con este trauma difícil de superar. Imaginan que la vida normal será romántica y ante la decepción vuelven, no encajan. Necesitan ayuda, una red nacional, una agenda a largo plazo para socializarlas, y eso no lo incluye la ley sueca. Aún hay prejuicios".

Para Eek, que ha publicado en su país Comprar o ser comprado; libertad y poder en la industria del sexo,separar tráfico de prostitución es sólo cuestión de enunciado. "Claro que dicen que lo hacen por voluntad; yo habría dicho lo mismo, pero ¿qué esperabas? ¿que hablara del abuso que sufrí, del abandono de mis padres, de la angustia? Dicen que no son víctimas y que no necesitan servicios sociales porque quieren dignidad, y discursean sobre la libre elección, pero es una ilusión, libertad en negativo, pues esa situación es sólo mejor que lo conocido".

Los argumentos han variado. En los 70, las mujeres en Suecia decían que ganaban mucho dinero; en los 80 cambiaron a "lo hago porque quiero, ¿algún problema?"; en los 90, lo habían escogido y, a finales de los 90, lo llamaban trabajo."Un gobierno que usa ese término no ha entendido nada", dice Eek. "La sociedad no cambia legalizando el negocio. En Australia es legal desde 1994 y nadie ve a la prostituta de otro modo ni quiere que su hija haga carrera. Si no comprendemos el estigma social y personal que sufre la parte vendedora, no entenderemos por qué sigue ahí. Se ve en general marcada, sucia, marginada, tal vez por su propio estigma interior".

Louise tiene 49 años: ha sobrevivido y eso, dice, no es común. Todas sus colegas en el negocio se han suicidado o han sido asesinadas.


2.-Los vigilantes de la cama.

No siento ninguna pena por ellos. Son patéticos. Tratan de aparecer como honrados ciudadanos que hacen un favor a las chicas con su dinero. Así no conviven hombres y mujeres". Jonas Trolle, de la policía de Estocolmo, define así a los usuarios de prostitución, a quienes, según la ley sueca, él debe dar caza. Este joven inspector, separado y con un hijo - en su escritorio están su foto, la del hijo de su ex esposa y la del de su actual novia-, explica a este diario cómo se incrimina a los compradores de sexo. Cuando la ley entró en vigor en 1999, la policía fue entrenada para comprender su filosofía.Ningún policía parecía estar cómodo persiguiendo clientes.

Sentían lástima por ellos y veían a la prostituta como una maniaca sexual o una perdida. Los dos primeros años no hubo apenas detenciones, pero patrullar anotando matrículas de presuntos clientes tuvo un efecto disuasorio entre los consumidores:había dejado de ser fácil.

"Yo también pensé que era una legislación extraña y no creía que funcionara, pero cuando entiendes que la mujer prostituida es una víctima y que muchas han sufrido abusos de pequeñas ves que haces lo correcto". En su portátil, Jonas muestra fotos de una última redada en un apartamento convertido en burdel ilegal. "Lo hacían aquí, sobre ese colchón sin sábanas", afirma con una mueca de disgusto. "Encontramos a cuatro esperando en esa salita y ¿ve esa mesa? Iban dejando clínex y condones usados". Y señala una montaña de celulosa.

Muchos confiesan para evitar un juicio que llegue a oídos de la familia. "No es tan común ir con prostitutas en Suecia, es un crimen que avergüenza y la sociedad te señala", asegura Jonas, uno de los diez investigadores de tráfico de mujeres en Estocolmo, que levanta de 4 a 6 casos al año. Usa como testigos a clientes de prostitución, previamente acusados de ese delito. "Todo lo que tiene que ver con prostitución - añade- es crimen organizado. Hay mucha gente involucrada y nosotros queremos ver la foto entera. En Holanda y Alemania, donde es negocio legal, está liderado por compañías ilegales. Es lógico, la gente normal no suele interesarse por ese negocio".

La policía sueca recibió en el 2004 tres millones de euros para el programa de tráfico y prostitución. Estocolmo, Gotemburgo y Malmoe tienen unidades especiales. La ley no lo considera un mal menor en el que la policía no deba perder tiempo. En el 2004 hubo 19 condenados por tráfico o proxenetismo. En el 2005, 28. Muchas víctimas eran menores.

Internet también delata. "Pero aunque usted tenga la precaución de entrar en una web de prostitución desde un cibercafé y llamar luego desde una cabina al número indicado para concertar una cita en un hotel, nosotros le encontraremos", dice sin atisbo de prepotencia el detective Anders Grinpenlöf. "Vigilando no sólo calles, parques o cementerios clave, sino teniendo localizada a la persona que se prostituye. O al proxeneta sobre el que no tenemos pruebas". Los vecinos y hoteleros contribuyen a denunciar.

Según Grinpenlöf , la mayoría de las prostitutas en Suecia tienen hoy su ventana en internet y son extranjeras. Los estudios oficiales dicen que no hay más de 100 en la red, pero depende de cómo buscas. Grinpenlöf dice haber hallado hasta 300, algunas bajo una decena de nombres distintos. "En mi opinión, las estadísticas muestran que la ley funciona: dos tercios de las prostitutas lo han dejado, tal vez la mitad han pasado antes por apartamentos, pero la mayoría eran drogadictas y los programas de metadona y reinserción laboral las han sacado de ahí".

Y ¿qué debe ver la policía para considerar que hay delito? ¿Intercambio de dinero? "No es necesario - indica Grinpenlöf-; sabiendo que uno se dedica al negocio y que el otro ha contactado previamente, establecemos una relación. Las entrevistas por separado demostrarán que no se conocen de nada. Que ella no sepa ni cómo se llama es suficiente. Y aunque no haya habido contacto físico, si sigues a un sospechoso que se lleva a una prostituta a las afueras, esperas y lo coges con los pantalones bajados, puedes acusarle de tentativa de compra. La multa es la mitad: 25 días de su sueldo".

La policía asegura contar a menudo con la colaboración de las prostituidas, sobre todo si son extranjeras y no saben que el brazo armado de la ley es amable con ellas. No sacan nada por testificar, pero sí un respeto. Hasta ahora, la ley de inmigración permitía deportarlas sobre la base de que la prostitución no es conveniente para ellas, pero una normativa de la UE puede cambiar esta política. "El problema es que entonces podrían afincarse aquí, por ejemplo, muchas africanas, las que han cumplido los 30 y ya no son válidas en los mercados de Holanda, Alemania o España", apunta Grinpenlöf.

Vetado a traficantes
Suecia no atrae a los traficantes, sostiene Kajsa Wahlberg, autora del informe nacional sobre tráfico de seres humanos que recomienda la UE y que pocos países elaboran. "Tenemos centenares, pero nunca millares. Vienen de Rusia, Estonia, Polonia, Rumanía... Las traen por carretera o en ferry, aprovechando las conexiones entre países bálticos, pues no hace falta visado desde 1997. Pero, a diferencia de Noruega, donde podrían traficar con hasta 15 a la vez, aquí, desde que se aprobó la abolición, apenas se atreven a traer dos o tres por viaje".

Una extranjera prostituida es en Suecia sinónimo de tráfico. Éste es difícil de probar, porque a menudo no han estado forzadas pero sí engañadas para prostituirse. La legislación está ahora siendo revisada. "El problema es - explica Wahlberg- que la ley apunta hacia la víctima y su vulnerabilidad en lugar de hacia el traficante: hay que demostrar que se ha aprovechado de la debilidad de la víctima y, por lo tanto, probar esa vulnerabilidad, y eso es costoso". Así, se les acusa por lo general de proxenetismo y son a menudo condenados.

Otra actividad criminal, esta vez de ficción, se desarrolla esa noche en la televisión sueca. En un episodio de CSI-Las Vegas se oye a un transexual: "Los freakies sois vosotros que venís buscando el lado salvaje y luego os vais a casa con la mujer y los niños...".


3.-Analfabetos del sexo y las relaciones.

Ulfson tiene 33 años. Vive con su novia y su hijo, y acude cada día a su oficina cercana a una de las calles de Estocolmo donde - a pesar de la ley sueca que criminaliza la compra de sexo- todavía se puede encontrar prostitutas. Pero Ulfson no ha ido personalmente en busca de ninguna. Las contrata por internet. Ni siquiera es imprescindible citarse: puede pedirle a una jovencita que se desnude y haga lo que él quiera frente a la webcam. También es efectivo para sus fines masturbatorios. No es algo de lo que se jacte pero tampoco lo ve tan negativo como pretende la ley en su país.

La Asociación Sueca para la Educación Sexual (RFSU) no está tan segura - como lo está su Gobierno- de que penalizar la compra de sexo tenga un impacto en la actitud de los jóvenes frente a la prostitución. "¿Cómo pueden saber con certeza que los que antes contrataban a prostitutas en la calle al salir de la oficina no lo hacen ahora a través de internet?", se lamenta Katarina Lindahl, secretaria general de esta organización que lleva décadas luchando por que los miembros de la ONU se despierten un día interesados en la educación sexual.

Lo sorprendente, para Lindahl, es que su Gobierno no deja de alabar la ley, sin evaluar, dice, sus resultados: "Se limitan a decir que tenemos menos prostitución que antes y olvidan que la media se implantó cuando la sociedad experimentaba un cambio: internet está ahora en todas las casas y todo el mundo tiene un móvil. En los 70 ya discutimos acerca de una ley así pero decidimos que no, que pondría en peligro a la prostituida al llevarla a la clandestinidad, pero es que ahora, con internet hay muchos tipos de prostitución. La situación es mucho más complicada y necesita soluciones más complejas que pedir a la policía que atrape consumidores".

Jóvenes y casados
Esta educadora, que confiesa haber sido escéptica desde un principio, lamenta que la ley se limite a decir que no es conveniente prostituirse, sin preguntarse, advierte, quién se vende y por qué, ni quién compra y por qué. En Suecia no existen graves problemas económicos que empujen a la prostitución, ni los hombres compran porque tengan dificultades para encontrar mujeres, pues la mayoría de los clientes son jóvenes casados. "No podemos reducirlo todo - apunta Lindahl- a que los hombres tienen más poder que las mujeres en la sociedad y es por eso que existe la prostitución.

En nuestros programas de grupos de jóvenes de ambos sexos comprobamos que lo que hay es dificultad para intimar, algún tipo de trauma infantil, no necesariamente relacionado con la sexualidad. Tienen verdadero miedo a relacionarse estrechamente, y eso no lo resuelve una ley".

¿La solución? Una mejor educación sexual y por la igualdad. Todos pueden estar de acuerdo con este axioma en Suecia - un país con 50 años de educación sexual en las escuelas-, pero, para Lindahl, lo esencial es lograr que los jóvenes varones y sus padres se involucren en la discusión sobre la prostitución: "Definitivamente hay que cambiar la perspectiva planetaria de que los hombres tienen derecho a conseguir sexo de las mujeres y hacer lo que les gusta, pero no podemos limitarnos a decirles con una ley que son horribles si actúan así; hay que darles la posibilidad de formular preguntas y ser parte de la discusión desde su propia condición y no sólo desde la de las mujeres".

Lo único que la RFSU alaba de esta ley es que, tras siglos de discutir únicamente si se criminaliza o no a la prostituida, pone en el punto de mira a la demanda. Aun así, alerta de que la policía - "la única que ha recibido dinero en este programa"- sigue teniendo que localizar a las mujeres si quiere atrapar a los clientes. "Hoy no se considera políticamente correcto en Suecia cuestionar esta ley - denuncia Lindahl-. Si esta legislación funciona, mantengámosla, pero necesitamos otras herramientas simultáneas. También apoyo social para que las prostitutas puedan cambiar de vida, si quieren. Lo que es peligroso es que no se discuta al respecto".

Más drásticos que la RFSU son, evidentemente, los colectivos de prostitutas. La antropóloga Petra Ostergren, una analista del discurso feminista sueco sobre sexualidad, violencia y poder - y durante años instructora de defensa personal para mujeres-, se ha hecho eco de estas quejas y lamenta que una ley que quiere protegerlas sólo consiga, en su opinión, discriminarlas aún más.

Estas mujeres, que reivindican seguir ejerciendo, dicen sentirse menos seguras teniendo que acudir a un hotel sin haber calibrado el aspecto del cliente. Ahora confían menos en la policía cuando han sido víctimas de abusos por parte de un cliente. Algunos, dicen, son reticentes a usar condón por temor a que pueda ser prueba del delito. Además, acusan al Gobierno de manejar cifras irreales sobre la violencia que sufren para justificar "una ley paternalista" que las victimiza y se concentra en multar a los clientes en lugar de darles apoyo social.

Rosinha Sambo, la prostituta que insistió en ser aceptada por la dirección de Impuestos como empresaria de su actividad para dejar en evidencia al Gobierno sueco - acusándole de doble moral-, no deja de alertar de lo peligroso que es hoy vivir de la prostitución en Suecia. "Ya no sabemos cómo ejercer nuestra profesión - decía hace unos meses-. Es una ley que no nos sirve en absoluto, el Gobierno quiere readaptar a las trabajadoras del sexo como si fuéramos apestadas que pudiéramos contagiar una enfermedad".

Feminismo de clase media
Gobernado por una coalición de socialdemócratas, izquierda y verdes, el Ayuntamiento de Estocolmo tiene un programa de familias que acogen a mujeres víctimas de tráfico o jóvenes perseguidas por cuestiones de honor familiar. Pero la burocracia no deja de ser un problema: muchas prostitutas que ejercen aquí viven fuera de la ciudad y el Ayuntamiento no puede ayudarlas. Además, la política de igualdad del Consistorio se centra demasiado en problemas de la clase media...

Pro-Centro, una ONG financiada con fondos públicos que trabaja con prostitutas y drogadictas desde 1968, rastrea aún calles y bares donde se concentran para ofrecerles información y ayuda. A este centro, acogedor y perfectamente equipado, acuden unas cien pacientes al año, que son atendidas por una ginecóloga, una enfermera, una psiquiatra y tres terapeutas. Una de ellas, Lisen Lindström, para quien esta ley es un acierto por el cambio de actitud que plantea, afirma que tienen unas 40 pacientes que siguen terapia. "Nunca te dicen ´soy una prostituta´, y si se lo preguntamos es de forma casual y sin juzgarlas - explica-. Tienen problemas de depresión, trastornos de la alimentación, fobias, pesadillas. La mayoría separan sentimientos y conducta. Comienzan a unirlos y al cabo de un tiempo... es duro. Son buenas actrices. Si sólo ves la superficie no puedes comprenderlas. Al cabo de tres o cinco años de terapia pueden tener una vida muy distinta...".


4.-Las princesas del Báltico.

Y este es el argumento de quienes se oponen a la abolición de la prostitución en Finlandia: "¿Abolirla para combatir el tráfico de personas? Esto no es Holanda. Aquí las prostitutas son libres, las rusas y las estonias van y vienen por iniciativa propia y los clientes son galantes: quieren tener la fantasía de que la prostituta también goza y siempre usan condón". Habla Anna Kontula, ex prostituta, socióloga y concejal de Tampere. Defiende el derecho a prostituirse como opción de vida, sobre todo para las inmigrantes que no tienen otra vía para quedarse en la UE o las vecinas del Este que vienen como turistas a ganar un dinero y mantener a la familia. "A muchas les gusta el trabajo y en media hora pueden ganar cien euros: así basta con un cliente al día".

Kontula comparte paradójicamente partido - Alianza de Izquierda- con una de las mujeres que tiene un papel más relevante en el impulso de la ley contra la compra de sexo que propone el gobierno conservador: Tuija Brax, quien preside la comisión parlamentaria que estudia esa ley, similar a la sueca, que tiene divido a este país de 5 millones de habitantes donde sí se prohíbe la prostitución en lugares públicos. La prensa amarilla publica hoy una encuesta según la cual la mitad de los finlandeses rechaza que se penalice del todo la compra de sexo.

"El debate ciudadano aún no ha empezado: no es profundo, les falta mucha información y no han reflexionado sobre el porqué de quienes ejercen ni sobre el modo en que condiciona el tráfico de seres", dice Brax. "La prensa da voz a estudiantes que comentan lo ventajoso que es ganar un dinero extra así. La propaganda está en boca de mujeres que dicen ejercer voluntariamente porque prefieren eso a trabajar horas y horas como cajeras de McDonald´s. En cambio, no se habla del escándalo del Mundial de fútbol... parece que hay aspectos que la prensa no quiere abordar".

En el Parlamento finlandés las mujeres están a favor de la ley, pero algunas de izquierdas se oponen de forma radical. Sostienen que todos vendemos algo y que no hay motivo por el que las cosas tengan que ser distintas cuando se trata de "tu cuerpo y tu tiempo". "Puedo entender su postura - añade Brax-, pero ninguna es capaz de responder a la pregunta de por qué entonces nadie puede desear tener a sus hijos en la prostitución".

El asunto no es nuevo. Hace unos años, la televisión invitaba a mujeres prostituidas que explicaban lo magnífico que era el trabajo, lo mucho que ganaban y la ayuda que daban a los hombres que no podían tener una relación normal. La policía negaba la conexión entre prostitución y tráfico. Ahora, sus informes señalan que los chulos y las prostitutas que actuaban por libre en Finlandia han ido desapareciendo desde que el crimen organizado de Estonia y Rusia ha invadido el mercado, y que ahora los proxenetas finlandeses trabajan para estas mafias.

Desde la desmembración de la URSS, la mayor parte de las prostitutas son aquí estonias y rusas y, en menor medida, letonas y lituanas. Las investigaciones muestran que conocen las condiciones de trabajo antes de venir al país, saben que vienen a vender sexo. Pero son bien conocidos los métodos de opresión de los proxenetas: el más usual, limitar su libertad reteniendo el pasaporte.

"Me parecería triste si el Parlamento no hiciera nada por minimizar la demanda", dice Brax, que ha visto cómo la Unión de Profesionales del Sexo, la activa organización de Kontula, se ha reunido ya con los políticos. Brax está sumida en un mar de dudas sobre si habrá que criminalizar sólo un tipo de compra, tal vez la que se realiza con conocimiento de que se ha traficado con la prostituida...

prostituida... Lo que sabe es que el Gobierno es responsable de las personas prostituidas: “No concluiremos que, como no podemos hacer nada, intentaremos dar el mejor servicio regulando la prostitución”. “La cuestión es la gran cantidad de gente que se aprovecha de jóvenes de los países pobres; el ser más ricos no nos da derecho a actuar así”.

La prostitución gira en Finlandia entre 100 y 200 millones de euros anuales. La policía estima que hay unas 5.000 prostitutas y que cada año pasan cerca de 15.000 extranjeras. Sólo el 5% es de origen finlandés.

Kontula, quien dejó la prostitución cuando comenzó a ser madre –“no creo que pudiera compaginarlo con mi cargo de concejal”–, participa hoy en un foro social:

–No lo hacen obligadas, necesitan el dinero. Hay que darles el control.

Junto a ella, la americana Valery Alzaga, de la ONG Justice for Gender, apunta que en EE.UU. el debate no está tan avanzado:

–Aún le estamos explicando al vecindario que la prostituta inmigrante no es una delincuente...

Causa de chistes
Unas calles más allá, la secretaria de Igualdad, Hannele Varsa, explica a este diario que la ley propone penalizar la compra de sexo con dinero o un sustituto, lo que ha provocado muchos chistes en el Parlamento: cualquier marido que hace un regalo a su esposa para recuperar sus favores sexuales debería ser penalizado... “Que la gente no piense respetar la ley no es una razón para no legislar”, señala.

En Pro-tukipiste, un centro público que apoya a las personas prostituidas –aunque no necesariamente a salir del negocio–, la directora, Jaana Kauppinen, se opone al modelo sueco porque no reconoce el derecho de las trabajadoras del sexo. Por aquí pasan unas 150 personas por semana. El 80% son extranjeras y muchas vienen los fines de semana de San Petersburgo. “No son profesionales –dice Kauppinen–: están aquí para lograr dinero y lo ocultan a la familia. Al primer contacto ya te piden ayuda para dejarlo pero ven que en otras opciones no ganarán tanto y encuentran una razón para seguir un poquito más. Es comprensible. No imaginamos lo que es vivir allá. Pero odian que las victimices. No hay que verlas como señoras de segunda”.

En Estonia también parece que está cambiando la actitud y si Finlandia aprobara el modelo sueco, podría producirse un efecto dominó. “Hay tanto dinero en juego en este negocio, ganan tanto los traficantes y proxenetas... son una propaganda organizada”.


5.-Ella se deja.

Helsinki, combinados de vodka, restaurantes con disco, borrachos que con una mano piden otra y con la otra llevan de las nalgas a sus novias... Novias que no lo son. Desde que la policía cerró en diciembre el club Mikado, uno de los más conocidos para pillar prostituta en Helsinki, la venta de sexo desapareció del centro de la ciudad. Hace un siglo que los burdeles están prohibidos en Finlandia y ahora también la prostitución en lugares públicos, incluidos los restaurantes. Pero la policía lo tiene en ellos más complicado para encontrar en flagrante delito a cliente y prostituta. La prostitución se ha movido ya a un gran número de restaurantes en los últimos meses.

El dueño del antiguo Mikado ha abierto un discreto local nocturno en el distrito de Punavuori, que al momento se ha llenado de gente que se prostituye y de gente que compra sexo. El local se limita - o dice limitarse- a cobrar entrada a todos ellos. Para efectuar el servicio hay que salir del local, de modo que si hay que regresar a por más clientes, hay que volver a pagar. Para la ilegalizada prostitución callejera ésta es una alternativa mejor que anunciarse en internet. Y no digamos para las mujeres que viven en San Petersburgo y acuden los fines de semana o unos días al mes para ganarse un dinero. La posible aprobación en el Parlamento de una ley abolicionista las llevaría a variar su modus operandi.

Igual que en Barcelona
Por todos es conocido que salas de fiesta, restaurantes de hotel o locales nocturnos en los que también se cena son - no sólo aquí, sino también en Barcelona y en otras ciudades europeas- un usual punto de encuentro con personas que se prostituyen. Acuden tanto si son llamadas por las agencias de escorts para un cliente en particular como para encontrar clientes por su cuenta - o por cuenta de las mafias, que jamás cederán su parte del pastel-. "Lo ves, son libres, están en todas partes, lo hacen porque quieren, hay que legalizarlo", se oía decir hace unas semanas a los fervientes defensores de legalizar la prostitución en Catalunya.

"Legalizar tampoco es la solución, porque igualmente generas un mercado ilegal", afirma Jaana Kauppinen, del centro Pro-Tukipiste, que aboga en Helsinki por no perseguir criminalmente la prostitución y dejar que el fenómeno sea visible. "Que sea legal convendrá a gente que quiere ganarse la vida así, pero hay mucha otra que jamás lo verá como un trabajo. Holanda y Suecia parecen modelos opuestos, pero las consecuencias son posiblemente las mismas: en Holanda, la mayoría de la prostitución es ilegal y en Suecia sólo puede operar en la clandestinidad.

En cuanto a esa regularización que propone su Gobierno de Catalunya, con locales de alterne legales y tarjetas sanitarias, no me parece ni remotamente una solución. Estas tarjetas sólo te dicen que hace unos días esa prostituta estaba sana. Los nórdicos nunca optaríamos por algo así. Si hubiera que legalizarla aquí, sólo podría ser como negocio de una sola persona, independiente".

Cuatro calles más arriba del Soho, sigue en pie en Helsinki un clásico del striptease con aires de burdel. Sus gorilas no le restan pedigrí: se llama Alcatraz. Espectaculares rusas y estonias ejercen de bailarianas mientras otras, latinas, asiáticas o finlandesas, vestidas de calle - la primavera es aquí un timo-, aspiran a distraer a alguno de los taciturnos que acuden al lugar. Las eslavas se distinguen por sus largas piernas, su exigua falda, su mirada pétrea y su escaso dominio del idioma. Cualquier prostituta con aires latinos - las que han sido criadas en una cultura que les inculca que la mujer practica el sexo para conseguir algo a cambio- diría que son poco profesionales. Cuando Irina, una de ellas, irrumpe en la sala, no es siquiera posible, como suele decirse, cortar el aire. Su exquisito striptease, asida a la barra metálica, va precedido de un doloroso baño de erotismo a ritmo de chill out... This must be underwater love / the way I feel it slipping all over me... ¿Su precio? ¡Buf! Ni siquiera recoge propinas entreabriendo su braguita y dejando asomar su rasurado pubis como sí hacen sus compañeras. Es un glaciar extraviado de temblorosas pupilas, una jovencísima rusa que explota su tesoro en un local de la rica Europa con pésimos postores.

Alguna paisana suya, sentada en una de las mesas de esta cueva, se deja rodear por un presunto cliente, mientras una colega / proxeneta - una mujer de mayor edad y menor buen ver- le da palique al usuario. Aquí está permitido tocar. El hombre, un cuarentón anodino, sólo trata de ejercer ese derecho. La joven eslava, medio incómoda, se levanta para bajarse la minifalda, momento en que el que ejerce sus derechos aprovecha para meter mano en la entrepierna. Su placer es aún mayor en tanto que ella se deja. No le queda otra: se deja. ¿Debe de ser ese morbo de guardería uno de los beneficios de la "función higiénica que realizan en la sociedad" las prostitutas, como dijo recientemente Joan Manuel Serrat?

"Pobre de tu si als ulls del teu amor / mai no has vist el somriure d´una puta", dicen los versos de Joan Margarit a los que Serrat ha puesto música "en homenaje al gremio de las putas". Desde luego, el debate en Finlandia no va por esos derroteros: aquí está bastante claro que el objetivo progresista es que la sociedad deje de ver a la persona prostituida como alguien de segunda categoría, pero no a costa de cantar loas de su actividad.

"En Helsinki - dice una camarera del Tori, el restaurante más trendy de la ciudad-, quien diga que dejarse sobar por unos euros es indigno es acusado de ignorante, acusado de desconocer, entre otras cosas, las condiciones de vida en los países del Este". Y se sorprende al saber que en España, por esto mismo, puede ser tildado de moralista, de reprimido, de mutilado del saber vivir...

Mi país no me lo permite
En Noruega, donde se desestimó hace poco el abolicionismo, un grupo de políticos y hombres de negocios lamentan no tener una ley que penalice la compra de sexo. Sería su coartada frente a quienes insisten en invitarles a putas cuando viajan por trabajo fuera del país. "Podríamos alegar que no se nos permite", dicen. "Sí, he oído algo de eso: es triste que necesiten coartada", dice la camarera del Tori. "¿Y qué me dice de que en la cárcel lleven prostitutas a los que están a punto de salir para que tengan una relación normal con las mujeres? Ja, ja, ¿cómo se entiende?".

Otros jóvenes en Helsinki no parecen haber reflexionado tanto: una pandilla de tres chicas y dos chicos de 17 años comentan a preguntas de este diario la encuesta de la prensa local: el 53% se opone a prohibir la venta y el 51%, la compra.

- El Gobierno no ha de criminalizar nada; quien quiera comprar ha de poder hacerlo - dice Lasse. Las chicas se miran, dudan y asienten.

- Además, esas rusas ganan una pasta - añade con desprecio.

- Tal vez han abusado de ellas y ya no les viene de ahí; si quieren, que lo hagan, pero desde luego eso no es trabajo - coinciden.

- Claro que la mayoría que compra son hombres: porque nosotros obtenemos sexo y las mujeres lo dan - añade el otro chaval.

- Eso son estereotipos - le corrige Lasse.

En Finlandia, el Consejo Nacional de Mujeres (95 años y medio millón de miembros) lleva siglos abogando por la abolición. A su presidenta, Leena, nadie puede convencerla de que los hombres tienen una necesidad vital y de que la prostitución no es nociva para ellas: "La prostitución no existe en un país de igualdad y me tranquiliza que quienes la defienden sean apenas una cincuentena".