el vivero marroquí

el vivero marroquí

Marruecos, antaño remanso de paz frente a la agitación islamista de sus vecinos, es actualmente vivero de combatientes para los conflictos en países musulmanes y para la guerra que grupos que se han subido al carro del extremismo de Al Qaeda están librando contra Occidente en nombre del islam. Si el mundo relacionó por primera vez terrorismo con Marruecos el 16 de mayo del 2003, por los atentados de Casablanca, la sorpresa fue mayúscula al comprobar que la mayoría de los miembros de la célula que llevó a cabo el 11-M eran marroquíes.

Su militancia, sin embargo, venía de lejos. Aunque en menor número que sus vecinos argelinos, los marroquíes habían estado presentes en los conflictos de Afganistán, Bosnia, Chechenia e Iraq. "Al Qaeda no funciona en Marruecos como una organización propiamente dicha. Se enrolan personas a título individual porque hay un ambiente que lo favorece, pero no es un grupo organizado", asegura el investigador en Ciencia Política de la Universidad Hassan II de Casablanca Abdallah Rami.

Los sermones o las conversaciones que se traban en torno a las mezquitas, los libros, la información que circula por internet, la cadena de televisión Al Jezira..., todo ese entramado inflama los espíritus de jóvenes que viven en una sociedad que no cubre sus expectativas, ni materiales ni espirituales.

Con un rey que gobierna y es comendador de los creyentes por descender de Mahoma, se daba por supuesto que Marruecos no corría el peligro de caer en el islamismo violento. "Si los marroquíes han podido combatir en otros países, es porque pasaban inadvertidos, porque se les suponía ajenos al extremismo", afirma un sociólogo marroquí.

Además, desde que hace siglos llegó el islam suní al actual territorio marroquí -durante un tiempo estuvo dominado por los fatimíes chiíes- las cofradías sufíes dieron lugar a una práctica que integraba misticismo y creencias populares preislámicas. Todo muy tradicional y moderado.

Pero una visita a pueblos y ciudades descubre que hay más de un Marruecos. El rico, occidentalizado en la forma de vivir y afrancesado en la lengua; el pobre, tradicional y que sólo habla bereber o árabe dialectal marroquí y entiende el dialectal egipcio gracias a los culebrones de la televisión, y el de una pequeña clase media que vive casi como los pobres pero con una formación parecida a la de los ricos. El islamismo, del moderado al radical, traspasa las clases medias y bajas.

Mientras se ensalzaba el islam moderado marroquí, Mohamed Fizazi, entre otros, predicaba desde el almimbar de las mezquitas de Tánger y en sus 17 libros -el más importante, ¿Por qué no participamos en las elecciones democráticas?- una ideología que fomentaba el combate en tierras del islam como Palestina, Afganistán, Chechenia e Iraq. Fizazi cumple una condena a 30 años de prisión, acusado de ser un "teórico" de los atentados de Casablanca como líder de la organización Salafiya Yihadiya. Su hijo Abdelillah purga una pena de dos años.

"La Salafiya Yihadiya ha sido un invento de los servicios secretos. Nadie había oído hablar de Salafiya Yihadiya. Mi padre nunca llamó a la yihad en Marruecos. No tiene nada que ver con el 16-M de Casablanca. Sólo llamó a la lucha en Palestina, Afganistán o Iraq, en tierras de islam", afirma su hijo Abdelhalim. "Fizazi - dice un experto en islamismo- no es el jefe de una organización; no tiene potestad para enviar a nadie a ningún sitio". La condena de Fizazi, según su hijo, obedece a una situación internacional en la que Marruecos se ha alineado, una vez más, con EE.UU. "EE.UU. dijo que había islamistas en Marruecos y Marruecos le ofreció el encarcelamiento de mi padre", añade.

Mohamed Fizazi fue maestro durante 31 años, además de ejercer de imán en tres mezquitas de Tánger, salvo en los diez años que tuvo prohibido predicar, entre 1982 y 1992, periodo en que el islamismo estaba en pleno apogeo. En Marruecos, los imanes son funcionarios y reciben directrices sobre el tema que deben tratar en el sermón de cada viernes. Eso cuando no reciben el sermón escrito directamente. Algunas mezquitas, no obstante, escapan al control de las autoridades.

El combate en tierra de islam, explica Abdelhalim Fizazi, no es que lo predicara su padre, es que está justificado por una aleya coránica: "Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis". Para Abdelhalim, el Corán es "el libro de instrucciones" del musulmán y condena en nombre de su padre los atentados de Madrid y Londres. Critica además el fanatismo de Abu Musab Al Zarqaui, supuesto líder de Al Qaeda en Iraq, y de Yusuf Fikri, miembro del grupo Al Takfir Ual Hichra (Anatema y Exilio), y que Bin Laden malinterprete la yihad al hacer la guerra contra inocentes como en Madrid y Londres. De hecho, Mohamed Fizazi fue anatemizado por Fikri, condenado a muerte por asesinatos.

Abdelhalim recuerda una conversación sobre cuestiones teológicas de su padre con el arzobispo de Tánger en la que comentó al prelado que había encontrado muchas personas cultas occidentales que se habían convertido al islam, pero ningún caso a la inversa.

La corriente de pensamiento salafista, que preconiza el retorno a las fuentes originarias del islam -el Corán y la sunna o tradición-, no es nueva en Marruecos. Es una visión de mayor rigidez en las normas con la que jugaron, según sus intereses, varios sultanes desde finales del siglo XVIII.

La clave es cómo se pasa del campo de las ideas a la lucha armada. Cómo hay montones de jóvenes dispuestos no sólo a luchar -no hay que olvidar que en la guerra civil española combatieron las Brigadas Internacionales- sino a ser kamikazes en un país hermano en el islam. "Para los árabes musulmanes lo de Palestina o los ataques contra la coalición internacional en Iraq no es terrorismo. Es la defensa ante una ocupación", comenta un periodista marroquí.

Después de una crisis que ya dura siglos en el mundo árabe y que el escritor libanés Amin Maalouf recordaba en Las cruzadas vistas por los árabes,la colonización y la instauración de regímenes dictatoriales consentidos por las potencias occidentales, el mundo globalizado ha venido a poner los medios para que el islam vuelva a ser la religión victoriosa que fue. Hay una absoluta convicción entre los musulmanes de la superioridad del islam sobre las demás religiones. "El islam -dice Abdelhalim Fizazi- es mejor."

Isabel Ramos Rioja, lavanguardia, 12-III-06.