5.- La doble estrategia de dominación

5.- La doble estrategia de dominación
LV, 26/01/2004

Bajo la protección del vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, los neoconservadores constituyen hoy una poderosa red que se extiende por la Administración estadounidense y está apoyada por una aún más compleja red de “laboratorios de ideas” de Washington y aledaños. Con su comportamiento que los asemeja a un gobierno dentro del gobierno, ¿qué pretenden conseguir los neoconservadores?

Ellos mismos han respondido en parte a esta pregunta no sólo con las acciones propugnadas recientemente en el Gobierno de Bush, sino también en la secuencia de artículos sobre política escritos a lo largo de los últimos quince años. Reunidos por Joseph Cirincione para la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, dichos artículos describen con todo lujo de detalles el plan para la guerra contra Iraq y planes para emprender guerras futuras. Puesto que afectan a la vida de personas de todo el mundo, merecen nuestra mayor atención. Los principales documentos son los siguientes: (1)

1) En 1992, furioso por la decisión del primer presidente Bush de detener la primera guerra del Golfo, Paul Wolfowitz, entonces subsecretario de Defensa para Políticas, supervisó la redacción del documento “Guía para la política de defensa”. Los objetivos que se marcaban eran garantizar el acceso al petróleo del golfo Pérsico, impedir la proliferación de armas de destrucción masiva y combatir las amenazas del terrorismo. El documento abogaba por ataques preventivos contra rivales reales o posibles –es decir, cualquier país que pudiera desafiar la supremacía estadounidense– y por la actuación de Estados Unidos en solitario si “no podía orquestarse una acción colectiva”.

La extremada política propugnada por el documento escandalizó tanto a los colegas de Wolfowitz que alguien lo filtró a “The New York Times”. Presa de la incomodidad, el Gobierno se echó para atrás. Sin embargo, se trató sólo de una retirada temporal. Hoy, las ideas básicas se han incorporado a la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos hecha pública en septiembre del 2002.

2) En su libro “Saddam Hussein's unfinished war against America”, la neoconservadora Laurie Mylroie popularizó la acusación neoconservadora de que Iraq perpetró el atentado contra el World Trade Center en 1993. Richard Perle apoyó la acusación y dijo del libro que era “espléndido y del todo convincente”. Aunque no hay prueba alguna que sustente dicha acusación, fue el principio de una campaña concertada para llevar a cabo un ataque contra Iraq.

3) En 1996, Richard Perle, Douglas Feith y David Wurmser escribieron conjuntamente un documento para el recién elegido Gobierno del Likud en Israel abogando por una “ruptura radical” respecto a las políticas de negociación con los palestinos y de evacuación de los territorios ocupados. Instaron a que Israel atacara preventivamente más allá de sus fronteras con el fin de debilitar el Gobierno de Siria y derrocar a Saddam Hussein.

4) En 1998, 18 neoconservadores, incluidos Elliot Abrams, Richard Armitage, John Bolton, Paula Dobriansky, Zalmay Jalilzad, Richard Perle y Paul Wolfowitz –muchos de los cuales se convertieron luego en funcionarios clave del Gobierno del segundo Bush–, a los que se sumó también Donald Rumsfeld, escribieron al presidente Clinton apremiándolo a provocar la caída de Saddam.

En el año 2000, el proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, organizado por William Kristol y Robert Kagan, realizó beligerantes recomendaciones que también han sido incorporadas a la estrategia de seguridad nacional.

6) Inmediatamente después de los atentados del 11-S, Paul Wolfowitz y otros funcionarios neoconservadores instaron al presidente Bush a que atacara Iraq y lo ayudaron a encargar al Estado Mayor de las fuerzas armadas la planificación de esa campaña.

El 3 de abril del 2002, los neoconservadores que todavía no estaban en el Gobierno escribieron al presidente Bush diciendo: “Usted ha declarado la guerra al terrorismo internacional, señor presidente. Israel está luchando en la misma guerra... La victoria de Israel es una parte importante de nuestra victoria”. Lo exhortaban a un apoyo incondicional de la represión de los palestinos por parte de Ariel Sharon y a un ataque inmediato contra Iraq.

Si bien los asuntos exteriores eran el centro principal de sus actividades, el plan de los neoconservadores tenía también un componente nacional. Su propósito inicial ha sido silenciar a los críticos acusándolos de falta de patriotismo. Sin embargo, está surgiendo un conjunto de objetivos más complejo. En la campaña nacional, el papel principal ha sido interpretado por el director del Foro de Oriente Medio, Daniel Pipes, quien antes de ser nombrado por el presidente Bush para el Instituto de la Paz de Estados Unidos creó una iniciativa llamada Campus Watch (Observatorio Universitario).

Mediante una intensa campaña realizada sobre todo por internet, Campus Watch alentó a profesores y estudiantes universitarios a que informaran sobre las afirmaciones, enseñanzas y acciones políticas de los 1.400 profesores y los varios miles de estudiantes del ámbito de los estudios sobre Oriente Medio en las universidades estadounidenses de modo que fuera posible elaborar informes sobre ellos (2).

Algunos partidarios de los neoconservadores adoptaron una acción aún más agresiva. Tras ser señalada como blanco de los ataques de Campus Watch, Glenda Gilmore, catedrática de Historia en la Universidad de Yale, dijo: “Conozco porque he sido tachada de traidora. Escribí un artículo para ‘The Yale Daily News’ y recibí amenazas de violación y muerte (3)”. Otros han informado acerca de lo que parece una campaña bien orquestada, una constante serie de cartas y llamadas telefónicas de acoso (4).

El plan maccarthista iniciado por Pipes ha sido retomado hoy por la Cámara de Representantes estadounidense, que el 21 de octubre del 2003 aprobó de forma unánime un proyecto de ley según las líneas básicas trazadas por el colega de Pipes, Martin Kramer (en su libro “Ivory towers in the sand”). El proyecto de ley, que aún no ha sido aprobado por el Senado, crearía una junta de gobierno para vigilar la enseñanza en los centros académicos receptores de financiación federal.

La aprobación por parte del Senado es necesaria para convertir el proyecto de la Cámara en ley, pero ya ha sido apoyado de modo entusiasta por Rick Santorum, senador republicano por Pensilvania. El senador Santorum ha redactado un proyecto de ley con un nombre que sólo podría haber imaginado George Orwell, “Diversidad ideológica”, y que recortará la financiación federal a miles de facultades y universidades que permitan a profesores, estudiantes y organizaciones estudiantiles criticar las políticas israelíes (5). El colega republicano de Santorum por Kansas, el senador Brownback, desea ir aún más lejos: es partidario de lo que supondría una fuerza de policía ideológica, una comisión federal encargada de investigar lo que denomina holgadamente “antisemitismo”.

El antisemitismo de verdad es, sin que quepa ninguna duda, una fea enfermedad y merece ser reprobado. Sin embargo, los neoconservadores y sus aliados han utilizado esa acusación como una especie de “arma de destrucción masiva” para silenciar a los críticos, judíos estadounidenses incluidos, ante las políticas israelíes. Como han señalado algunos de los atacados, nadie en su sano juicio afirmaría que la crítica del régimen de Zimbabue hace merecedor de la acusación de ser “antinegro” ni que la crítica del Gobierno de Arabia Saudí sea muestra de antiarabismo. Más aun, sería absurdo acusar de antisemitismo a los muchos israelíes que critican con fuerza el Gobierno de Ariel Sharon. Ahora bien, en la política estadounidense, la acusación de antisemitismo es grave y difícil de refutar.

Paradójicamente, el antisemitismo sí que ha sido un rasgo del neoconservadurismo. Tan hostil es Pipes ante los árabes (que, por supuesto, son también semitas) que es famosa su condena de “la masiva inmigración de pueblos de piel oscura, que cocinan comidas extrañas y que no mantienen precisamente unos niveles de higiene germanos (6)”. Todos los fundamentalistas musulmanes, añadió, “deben ser considerados asesinos potenciales” (7).

Acciones como las propuestas por los señores Pipes, Kramer, Santorum y Brownback están destinadas a crear, como el maccarthysmo anterior, una atmósfera de miedo, sospecha mutua y pérdida del espíritu de indagación libre que ha sido el orgullo y el rasgo distintivo del mundo académico estadounidense.

1)Joseph Cirincione, “Origins of change regime in Iraq”, en “Proliferation brief”, volumen 6, n.º 5, 19 marzo 2003, Non-Proliferation Project de la Fundación Carnegie. Cirincione no menciona un documento anterior, aún secreto, dirigido contra Iraq y escrito por Paul Wolfowitz en 1979, cuando el país no había dejado de ser considerado como aliado y recibía la ayuda del Gobierno estadounidense. Este hecho fue mencionado por Michael Dobbs en “The Washington Post”, 7 abril 2003.
(2)www.campus-watch.org
(3)Véase el mensaje www.say-no-to-pipes.org del 30 de abril del 2003 a la lista de “MENA Info”, un boletín informativo sobre Oriente Medio y África del Norte, hometown.aol.com
(4)Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair (dirs.), “CounterPunch”, 23 septiembre 2002, artículo de Will Youmans, “Campus Watch: The vigilante thought police”, www.counterpunch.org. Campus Watch “generó llamadas de teléfono y mensajes electrónicos hostiles contra los profesores y familiares incluidos en sus listas”.
(5)Michael Collins Piper, “Schools not teaching pro-Israel views to lose funding, Congress to pass ‘ideological diversity’ legislation”, American Free Press, www.americanfreepress.net, 21 abril 2003.
(6) Existe una versión de ese texto en: www.danielpipes.org
(7)“National Review Online”, 22 octubre 2001. www.nationalreview.com