Rumanía, candidato amonestado

Rumanía, candidato amonestado.

Félix Flores, lavanguardia, 22-V-06.

En el centro de la plaza de la Universidad de Bucarest hay dos hitos que parecen allí dispuestos para resumir con facilidad la historia reciente de Rumanía. El primero y más antiguo es una cruz sencilla de madera en memoria de los héroes de la revolución de 1989, de los que perecieron bajo los carros de combate aquel diciembre, apenas cuatro días antes de que Nicolae y Elena Ceaucescu vieran finiquitada ante el pelotón de fusilamiento su disparatada historia de poder absoluto en un país sumido en una absurda autarquía. El monumento más nuevo es un reloj que cuenta los días que faltan para el ingreso en la Unión Europea, previsto, si las cosas no se tuercen, para el 1 de enero del 2007.

En todo este tiempo transcurrido, y aunque Bucarest cambia de año en año - más tiendas, más coches, más rótulos de empresas, más caos urbanístico y más deterioro en su peculiar arquitectura-, pocas cosas se han movido en Rumanía a ojos del visitante, que sigue encontrando fuera de la capital un grado de subdesarrollo rural intolerable desde el punto de vista europeo y que tiende a pensar que todo esto queda muy lejos de la UE.

Rumanía, en efecto, no alcanzará la media actual del PIB comunitario hasta dentro de quince o veinte años. Pero, teniendo en cuenta cuál era el punto de partida, no se puede negar que ha habido ciertos cambios, sin duda favorecidos por los réditos de la emigración, lo que ya es algo. Yla única conclusión posible es que sin integración en la UE no habrá Rumanía que valga.

El lunes pasado, en Estrasburgo, donde la Comisión Europea iba a presentar su informe semestral sobre los progresos de Rumanía y Bulgaria para la integración en el 2007, los delegados de ambos países estaban muy preocupados, porque se esperaba que fuera decisivo para encender la luz verde. Se discutió hasta altas horas de la noche. El debate por cuenta del informe trascendía, en realidad, la tabla de resultados de búlgaros y rumanos, y no es otro que el de la ampliación misma de la UE, cuyas instituciones pasan por un momento de paralizante crisis. Dado que hay descontento con la manera en que el club comunitario pasó de 15 a 25 miembros, la Comisión no quiso poner las cosas fáciles y enviar así un mensaje equivocado a Croacia o Turquía en sus expectativas, pero tampoco ser muy dura con los dos candidatos y amenazarles con un aplazamiento al 2008. De modo que se pospuso todo hasta otro informe en octubre, y entonces ya veremos.

"Entendemos claramente las recomendaciones del informe y cuál es el ambiente en la Comisión", decía más tarde en Bucarest el secretario de Estado para la Integración, Leonard Orban, quien no oculta las dificultades de Rumanía para cumplir con Bruselas pero cree que "la tendencia de la Comisión, en comparación con la ampliación del 2004, es a subir el baremo; ahora no se miden compromisos, sino hechos". El propio comisario de Ampliación, Ollie Rehn, estaría de acuerdo al decir que a Rumanía y Bulgaria se les está haciendo "una evaluación sin precedentes". Esto a nadie puede parecerle mal, o por lo menos decirlo. Rumanía viene de un pasado probablemente más truculento que el de los países del Este ya incorporados a la UE. En tres lustros no ha habido apenas estabilidad política, y sí una larga transición en la que pocos derechos y propiedades han sido restablecidos, mientras los grupos de poder cosechaban los mejores frutos de la corrupción, que es por lo demás endémica, asumida por los ricos como la forma natural de hacer negocios y como recurso imprescindible para ir tirando por parte de todo el mundo.

Leonard Orban cree que el ingreso en la UE generará un cambio en las mentalidades y dice que ya empieza a notarse. Aunque lleva como secretario de Estado y negociador desde el 2001, con el anterior gobierno de los socialistas - o ex comunistas-, Orban personifica una de las caras nuevas de la Administración. Otra es la de la ministra de Justicia, Monica Macovei, que proviene de una asociación de derechos humanos. Una de las mayores exigencias de la UE es la lucha contra la corrupción a alto nivel. España ha venido colaborando desde el 2002 en la reforma judicial (Tribunal de Cuentas, Fiscalía y Dirección Nacional contra la Corrupción...). "Su ayuda es muy importante, pero son los procuradores rumanos los que han de ser responsables", dice la ministra, sin entrar en matices. La batalla no ha hecho sino empezar, y hasta es posible que un día el nuevo presidente, Traian Basescu, a quien las noticias de Bruselas pillaron en un quirófano de Viena por una hernia discal, tenga que volver a responder por la liquidación de la flota mercante rumana en 1995, cuando fue ministro de Transportes.

Basescu echó del poder a los socialistas en el 2005 y aplicó políticas liberales, como el impuesto único (16%); la economía crece, la gran banca europea se ha instalado en Bucarest, también las constructoras. Rumanía es un campo de inversión que garantiza, tarde o temprano, el sí de Bruselas por encima de otras consideraciones que el observador pueda plantear, sin salir de la capital, al seguir encontrando las pandillas de niños que piden limosna y esnifan pegamento. Cinco mil bebés son abandonados cada año; treinta mil menores - y no tan menores- malviven en hospicios precarios y las alternativas aplicadas, como la adopción - en su día- o las familias de acogida degeneran en caos y explotación. Aquel monstruoso impulso a la natalidad de un desquiciado Ceaucescu que ha generado ni se sabe cuántos huérfanos encuentra hoy un desgarro en el tejido social, escasos medios en las administaciones locales y relajo estatal. Fuentes rumanas en Bruselas opinan: "Ya sólo por todo esto no nos merecemos entrar en la UE". Pero los discursos oficiales van por otro lado.


Sorprende un poco oír al flamante ministro de Exteriores, Mihai Razvan Ungureanu, de 37 años, formado en Alemania y Estados Unidos, decir que las mayores aportaciones de Rumanía a la UE serán garantizar la seguridad en la región del mar Negro y... sus emigrantes, "que no roban trabajo a los europeos, sino que los añaden". Es como decir que es inevitable que se vayan; por ejemplo, como temporeros a los campos españoles. Tal vez el ministro no tomaba en cuenta que una de las ideas de su Gobierno es precisamente dar una opción a los jóvenes desarrollando el medio rural, en el que habita la mitad de la población.

Los dineros que ya está dando la UE han sido causa de reprobación en el último informe. De 30 billones de euros hasta el 2013, doce van a parar a la agricultura, pero hasta ahora la capacidad de absorción de estos fondos es del 30%-40%. Esto quiere decir que el Ministerio de Agricultura es incapaz de distribuirlos, en particular las ayudas directas a los granjeros. Al parecer, hace un año, el anterior gobierno de los ex comunistas - muy afianzado en los poderes locales- ni siquiera dedicaba personal a este asunto. Lo que no logre repartir, Rumanía tendrá que devolverlo a la UE. Al final, ¿tendrá razón el ministro?