se busca el paraíso, a toda costa

se busca el paraíso, a toda costa
Salvador Enguix, lavanguardia, 28-VI-06.

Es el destino anhelado. El lugar adecuado para pasar el resto de sus vidas. Pero también para cambiar de vida. La Comunidad Valenciana se ha convertido en la segunda residencia, y también en la primera, de decenas de miles de europeos, ancianos y jóvenes. Tanto que en localidades como Alfaz del Pi, Xàbia, Rojales, Calp o Teulada, el número de europeos supera al de nacionales. Un fenómeno que no tiene freno, y que ha provocado el debate entre crecimiento económico y protección de la costa.

Porque, de un lado, el desaforado desarrollismo urbanístico se ha convertido en el principal motor de la economía valenciana y ha servido para ocultar la grave crisis de las industrias tradicionales como las del tejido, el calzado o el juguete. Por otro, se cuestiona la sostenibilidad de un modelo en el que se apuesta por convertir la Comunidad Valenciana en una especie de California europea, de excelente clima, bien comunicada con las capitales del Viejo Continente y en el 2010 con Madrid con el AVE, y con óptimos servicios, sin descuidar sus excelentes playas; una manera de entender el crecimiento que, a juicio de expertos en urbanismo y Greenpeace, pone en grave peligro el ecosistema del litoral valenciano. No en vano, el Alto Consejo Consultivo de la Generalitat Valenciana ha alertado de que la desmesurada ocupación de la costa, la presión del turismo y la escasez de agua en la cuenca mediterránea "exigen una nueva estrategia de desarrollo sostenible".

Los datos confirman los temores: en los últimos cinco años el suelo ocupado ha crecido un 50% o, para usar otro ejemplo, se ha construido tanto en el último lustro como en toda la historia de la Comunidad Valenciana. Desde el colegio de Arquitectos de la Comunidad se advierte también que si se ejecutan todos los PAI (planes de acción integrada) presentados ante la Generalitat Valenciana (oficialmente hay 89 en trámite de aprobación), se ocuparán otros cien millones de metros cuadrados y la densidad de población en la costa pasará de los 650 habitantes por kilómetro cuadrado a los 770, diez veces más que el promedio español y un porcentaje similar al de las ciudades asiáticas más pobladas. Se prevé que más de 1,5 millones de viviendas se construyan en los próximos años, de las que cerca de 800.000 serán adquiridas por extranjeros, principalmente ingleses, holandeses, noruegos y alemanes. Al respecto, a las oleadas de los años setenta, ochenta y noventa, se espera el llamado baby boom de después de la Segunda Guerra Mundial .

El modelo tiene grandes defensores, como el consejero de Territorio y Vivienda, Esteban González Pons, quien califica de protectora la nueva ley Urbanística Valenciana (LUV), que sustituye a la polémica ley Reguladora de la Actividad Urbanística (LRUV) aprobada por los socialistas en 1994 y que fue derogada por las presiones de la UE. Asegura la Generalitat Valenciana que en la comunidad están libres de construcción 123 km de sus 476, y que esta comunidad tiene la legislación más avanzada en la protección del territorio con la LUV, la ley de Ordenación del Territorio (LOT), pendiente del desarrollo de su reglamento, y la ley de Suelo Urbanizable. No creen lo mismo en el Colegio de Arquitectos y algunos colectivos ecologistas, que exigen una moratoria para todos los PAI para evitar lo que Greenpeace ha calificado de "alarmante destrucción de la costa valenciana".

A estos colectivos se suman ya muchos residentes, no sólo aquellos 15.000 extranjeros organizados en torno al colectivo Abusos Urbanísticos No que lograron que Bruselas tumbara la LRAU, sino personas que se han manifestado en muchas poblaciones del litoral exigiendo que se ponga límite a la edificación sin freno en la costa. El problema es que parte de la responsabilidad la tienen también los ayuntamientos, que han visto en el boom del ladrillo una manera fácil y rápida de eliminar deudas y hacer crecer el empleo. Y también miles de pequeños propietarios, que han ganado fortunas vendiendo sus terrenos a las promotoras, generando la aparición de una nueva clase de ricos. La cultura del pelotazo ha provocado también sospechas de corrupción en ayuntamientos como Torrevieja u Orihuela, ambos investigados por la fiscalía de Alicante. Lo que nadie acierta a responder es qué ocurrirá cuando se agote el modelo.

Ayer hubo otro toque de alerta: representantes de diversas organizaciones vecinales de Valencia y de otras comunidades pidieron en el Parlamento Europeo medidas para frenar un ritmo de construcción insostenible.


"Es normal que quieran vivir aquí"

Anne Marie Soreide conoció España en 1969. Natural de Tavanger, Noruega, y de sesenta años, acudió al Mediterráneo valenciano como tantos compatriotas suyos, en busca de un lugar donde "encontrar un buen clima, un buen lugar donde pasar las vacaciones". Anne Marie recuerda que en su país pasaba meses sin ver el sol, soportando un frío que nunca parecía tener fin. El primer lugar que visitó fue Benidorm, porque una amiga suya trabajaba ya como guía turística en esta ciudad. Años después, decidió ser ella la que se instalara. En la zona vivían ya miles de noruegos. De hecho, en Alfaz del Pi está la comunidad noruega más importante del mundo, con más de seis mil ciudadanos de ese país. Vive en Altea y uno de sus hijos, Eric, ocupa la concejalía de atención a los extranjeros en Alfaz.

Anne Marie no es ajena al debate de los efectos del boom urbanístico en la Comunidad Valenciana. Advierte de los riesgos, pero reconoce que "no sólo unos pocos tienen derecho a disfrutar de esto, es normal que otros quieran venir a vivir aquí". Como ella, muchos noruegos, de todas las edades, han encontrado en el Mediterráneo valenciano un lugar ideal para vivir y trabajar. Pero que la racionalidad marque las pautas del desarrollo urbanítico.