del exotismo sólo quedan ya los burros taxi

del exotismo sólo quedan ya los burros taxi
José Bejarano, lavanguardia, 26-VI-06.

Los primeros que llegaron buscaban el exotismo, el buen clima y los bajos precios. Venían de vacaciones y sólo unos pocos se quedaban a vivir. Después llegaron otros atraídos por los promotores que iban a sus países a ofrecerles apartamentos en el paraíso del sol. Ahora muchos se quedan a vivir toda o gran parte del año. Ya no son sólo jubilados. También vienen profesionales cualificados que trabajan a distancia o directivos que gestionan sus empresas desde despachos con vistas al mar y pueden desplazarse a cualquier lugar del mundo desde el cercano aeropuerto de Málaga.

Los ecologistas malagueños dicen que los extranjeros no han provocado el boom inmobiliario de la costa, aunque han contribuido bastante a esa especie de plaga de cemento que se ha tragado casi toda la franja costera entre Manilva, en el límite con Cádiz, y Motril, en Granada. El reproche de Javier de Luis, de Ecologistas en Acción, es que no se saque más provecho que el económico de la presencia de ciudadanos procedentes de 150 países distintos. Ningún partido se ha interesado por atraer a estas personas a la vida pública ni a promover su aportación al conocimiento mutuo.

El fenómeno urbanístico ni siquiera responde, según los ecologistas, a la demanda real de viviendas, sino más bien al blanqueo de dinero o a la necesidad de invertir unos recursos que pierden valor en la cuenta corriente. De hecho, un 30% de las viviendas permanecen casi todo el año vacías. El impacto sobre el territorio es brutal. El presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos, Carlos Hernández Pezzi, asegura que "esto marca el territorio de forma irreversible y no hay previsión de agua, autovías, AVE o aeropuerto que responda a las necesidades de tanta población". "Acaba con un recurso natural, el litoral, que es de lo mejor que tenemos en el país", sostiene.

El 62% del crecimiento de la población andaluza de los últimos tres años se ha concentrado en la costa. Una vez ocupada la franja costera, la urbanización se extiende como una mancha de aceite varios kilómetros al interior. La Junta trabaja con la hipótesis de que en los próximos 20 años fijarán su residencia en Andalucía diez millones de extranjeros. Ahora hay oficialmente 420.000, de los cuales 141.821 son europeos comunitarios. Un 43%, en la provincia de Málaga, de los que 90.000 son de origen europeo. Las cifras, sin embargo, dicen poco de la realidad, porque la mayoría permanece al margen del censo. Hay urbanizaciones enteras donde lo extraño es encontrar a un español. En ellas proliferan anuncios de fontaneros, jardineros o reparadores de aire acondicionado británicos, alemanes o daneses. La masa de extranjeros es lo bastante grande como para atraer a profesionales de todo tipo que encuentran trabajo en dar servicio a sus compatriotas. Esto hace que cada vez sean más los jóvenes que se instalan en la costa. Todo el que puede busca el mar, preferentemente el clima mediterráneo. Son los inmigrantes climáticos.Haría lo mismo cualquiera que pudiera dejar atrás una ciudad contaminada, cara, en la que apenas luce el sol y donde las relaciones sociales están acotadas a unos pocos formalismos. El sueño es instalarse en un lugar donde el tiempo es casi siempre radiante, las temperaturas son por lo general cálidas, es posible bañarse en la playa o tomar el sol buena parte del año, apenas hay contaminación atmosférica, la sensación de inseguridad es menor y se organizan excursiones de interés y reuniones sociales.

La sobreocupación del territorio que eso provoca hace probable que en unos años se pueda viajar de Algeciras a Estambul sin salir de una conurbación lineal que recorrerá el litoral mediterráneo de un extremo al otro. El censo de la localidad malagueña de Mijas, con 63.000 habitantes, registra ya un 39% de extranjeros, la mayoría de ellos británicos: 10.558. Anette Skou, danesa y responsable del departamento de Extranjeros del Ayuntamiento, cree que, a pesar de lo que diga el censo, ya son mayoría. La profesora de Ciencias Sociales de la Universidad de Aberdeen Karen O´Reilly ha estudiado a los británicos de la Costa del Sol. Concluye que las cifras oficiales recogen dos terceras partes de la realidad. Sobre el grado de integración, Karen O´Reilly concluye que la interacción social es bastante baja. "Las razones incluyen la presencia significativa de jubilados y el alto nivel de autoempleo entre los inmigrantes, sus pocas capacidades lingüísticas, el tiempo que dedican a sus propias comunidades y las escasas expectativas por ambas partes".


"No soporto el modo de vida de mi país"

Zoé y Gary Caldwell, con sus hijos Lewis y Ethan, de seis y tres años, llevan sólo diez meses instalados en Mollina, un pueblecito malagueño a 50 kilómetros de la costa. La mujer y sus hijos permanecen en Mollina todo el año, mientras que Gary viaja por medio mundo (ahora en Afganistán) como sargento del ejército británico. Gary tiene 36 años y le quedan cinco para jubilarse. Zoé eligió Mollina huyendo tanto del clima y del anonimato de Londres como de la masificada Costa del Sol. Zoé trata de integrarse, acude a aprender castellano y hace amigos en la urbanización de casas adosadas. Los Caldwell compraron su casa por internet sin conocer el pueblo, aunque ella había estado en Andalucía de niña de viaje en una caravana con sus padres. "Me gustó tanto que decidí instalarme aquí cuando fuese mayor. No soporto el clima ni la forma de vida de mi país, donde nadie conoce al vecino y todo es gris y triste. Aquí la gente habla con sus vecinos y la luz es especial, alegra la vida". Zoé quiere que sus dos hijos, el mayor ya escolarizado, hablen castellano, que jueguen en la calle todo el año con otros niños del pueblo y que conozcan la naturaleza. Acepta que es rara, porque los otros vecinos (casi todos ingleses) sólo se relacionan entre ellos.