una cultura mediterránea enmarcada en la diversidad

una cultura mediterránea enmarcada en la diversidad
Maria-Àngels Roque, lavanguardia, 24-VII-05.

Que cada día Europa es más diversa, precisamente a causa de la globalización, es algo que percibimos, no sólo en la política, sino también en nuestras calles. Pero dentro de la complejidad que comporta la gestión del mundo contemporáneo en democracia, la diversidad es un factor de creatividad, que puede ayudar a dar respuestas a algunos de los desafíos que presenta el nuevo siglo. Por otro lado, la vieja Europa y el Mediterráneo, con sus ciudades milenarias, más o menos cosmopolitas, comparten antiguas y nuevas civilizaciones. En los discursos de lo políticamente correcto se habla de la necesidad de diálogo de civilizaciones pero, quizás más que hablar de civilizaciones, deberíamos hablar de culturas, donde nos reconoceríamos mejor a nosotros mismos y, por ende, a los otros.

Dentro de la diversidad europea, Catalunya no se ha quedado rezagada, especialmente en la última década, pues la población inmigrada alcanza hoy un 9%. Y dentro de esta inmigración, el componente mediterráneo es importante, ya que los marroquíes representan un 30% de la totalidad migratoria. Pero ¿ qué sabemos de su cultura, aparte de lo que nos dicen los medios de comunicación, donde se confunden aspectos étnicos, religiosos y políticos que la gran mayoría de las veces no responden a la realidad y que sirven para alimentar un imaginario entre determinista y confuso?

Al tratar del norte de África, pocos saben que tiene una cultura autóctona y que ésta no es la árabe, sino la amazigh. A muchos, hablar de cultura amazigh les dirá poco, bereber les sonará algo más. Sin embargo, ésta es una cultura milenaria. Porque estamos hablando de la lengua, que es el diacrítico más importante, o sea, de los berberófonos, ya que los arabófonos son también bereberes. Dada la presencia considerable entre nosotros de ciudadanos procedentes del norte de África es el momento de abandonar nuestra ignorancia e intentar comprender su especificidad cultural.

Ferdinand Braudel, reputado historiador del Mediterráneo, más citado que leído, decía que las civilizaciones son aquiescencias; interminables continuidades históricas. Pero, al mismo tiempo, nos alertaba de que deberíamos tener en cuenta las culturas de los promontorios rocosos, una suerte de memoria histórica de antiguas civilizaciones mediterráneas que han precedido al asentamiento romano y, no digamos, al árabe, otomano y europeo. Culturas como la bereber.

Para tener un mayor conocimiento de la realidad de esta cultura y de su pluralidad, el Institut Europeu de la Mediterrània (IEMed) celebró la semana pasada un coloquio internacional en el que han participado más de cincuenta especialistas procedentes de diferentes países y de disciplinas, instituciones y asociaciones diversas, que han expuesto y debatido, conjuntamente con representantes de instituciones y asociaciones catalanas, el estado actual de los amazighs en los diversos países del Magreb y en la diáspora. Las ponencias se han centrado en tres ejes principales>Una cultura mediterránea enmarcada en la diversidad

Maria-Àngels Roque, lavanguardia, 24-VII-05.

Que cada día Europa es más diversa, precisamente a causa de la globalización, es algo que percibimos, no sólo en la política, sino también en nuestras calles. Pero dentro de la complejidad que comporta la gestión del mundo contemporáneo en democracia, la diversidad es un factor de creatividad, que puede ayudar a dar respuestas a algunos de los desafíos que presenta el nuevo siglo. Por otro lado, la vieja Europa y el Mediterráneo, con sus ciudades milenarias, más o menos cosmopolitas, comparten antiguas y nuevas civilizaciones. En los discursos de lo políticamente correcto se habla de la necesidad de diálogo de civilizaciones pero, quizás más que hablar de civilizaciones, deberíamos hablar de culturas, donde nos reconoceríamos mejor a nosotros mismos y, por ende, a los otros.

Dentro de la diversidad europea, Catalunya no se ha quedado rezagada, especialmente en la última década, pues la población inmigrada alcanza hoy un 9%. Y dentro de esta inmigración, el componente mediterráneo es importante, ya que los marroquíes representan un 30% de la totalidad migratoria. Pero ¿ qué sabemos de su cultura, aparte de lo que nos dicen los medios de comunicación, donde se confunden aspectos étnicos, religiosos y políticos que la gran mayoría de las veces no responden a la realidad y que sirven para alimentar un imaginario entre determinista y confuso?

Al tratar del norte de África, pocos saben que tiene una cultura autóctona y que ésta no es la árabe, sino la amazigh. A muchos, hablar de cultura amazigh les dirá poco, bereber les sonará algo más. Sin embargo, ésta es una cultura milenaria. Porque estamos hablando de la lengua, que es el diacrítico más importante, o sea, de los berberófonos, ya que los arabófonos son también bereberes. Dada la presencia considerable entre nosotros de ciudadanos procedentes del norte de África es el momento de abandonar nuestra ignorancia e intentar comprender su especificidad cultural.

Ferdinand Braudel, reputado historiador del Mediterráneo, más citado que leído, decía que las civilizaciones son aquiescencias; interminables continuidades históricas. Pero, al mismo tiempo, nos alertaba de que deberíamos tener en cuenta las culturas de los promontorios rocosos, una suerte de memoria histórica de antiguas civilizaciones mediterráneas que han precedido al asentamiento romano y, no digamos, al árabe, otomano y europeo. Culturas como la bereber.

Para tener un mayor conocimiento de la realidad de esta cultura y de su pluralidad, el Institut Europeu de la Mediterrània (IEMed) celebró la semana pasada un coloquio internacional en el que han participado más de cincuenta especialistas procedentes de diferentes países y de disciplinas, instituciones y asociaciones diversas, que han expuesto y debatido, conjuntamente con representantes de instituciones y asociaciones catalanas, el estado actual de los amazighs en los diversos países del Magreb y en la diáspora. Las ponencias se han centrado en tres ejes principales: 1) Lengua, transmisión literaria y medios de comunicación; 2) Política, participación y codesarrollo local, y 3) Diáspora: actividades educativas y medios audiovisuales.

Los imazighen o amazighs que en la lengua tamazigh quiere decir "los que son libres" - bereber es la denominación dada por los griegos a los pueblos que no hablaban su lengua, mantenida por los romanos, árabes y europeos- han demostrado una gran capacidad de resistencia cultural al conservar la lengua, a pesar de sufrir el peso de potentes culturas durante siglos. La organización política de los bereberes también ha sido diversa, en diferentes periodos han formado estados independientes como los meriníes de Fez, e incluso grandes imperios como los almorávides o los almohades. Al tiempo que, como amazighs, en la periferia de la historia, casi siempre resis-tiendo frente a todos los poderes externos e internos dominantes, mantuvieron un sistema organizativo político: las repúblicas independientes, especie de anarquía ordenada, que impresionó en su día a viajeros diversos. Porque las antiguas instituciones autóctonas de ayuda mútua twiza, de derecho consuetudinario azref y de participación jema´a o archs son mostradas por los amazighs como referentes autóctonos para la democracia moderna y laica.

Porque ha sido en pleno siglo XX cuando han estado a punto de desaparecer en la vorágine de los nacionalismos centralistas e ilustrados, que copiaban modelos provenientes de Europa y del panarabismo del Machreq. Sin embargo, lo que parecía que iba a acabar con el tamazigh, es decir, la globalización y los medios de comunicación, se han convertido en aliados al ser utilizados por la sociedad civil.

Las grandes ciudades como Casablanca, Argel, París o Amsterdam, que primero acogieron una masa obrera proveniente de estas zonas berberófonas, hoy cuentan con empresarios, profesores, universitarios, artistas y periodistas que se desenvuelven con holgura en el mundo profesional y que nutren la sociedad civil. Porque el actual movimiento amazigh, a partir de los años noventa, así como sus actuaciones para conseguir una visualización política y cultural en campos institucionales y asociativos, especialmente en Marruecos, tiene mucho que ver con el impulso de la sociedad civil y su activismo a favor de los derechos fundamentales: derechos humanos, mejora del estatuto de la mujer y reconocimiento de la cultura amazigh.

Cultura más minorizada que minoritaria, ya que en el caso de Marruecos podemos encontrar todavía un 60% de berberófonos, en Argelia un 30%, mientras que en Libia son un 15%, un 1% en Túnez, especialmente en Djerba, así como en oasis como el egipcio de Siwa.

En Argelia, el movimiento amazigh se identifica principalmente con el componente cabil, siempre más reivindicativo desde el inicio. Aunque también son amazighs los mozabitas, los chauias y los tuaregs, estos últimos con una identidad nómada muy acusada, actualmente repartidos entre tres estado, siempre han utilizado el tifinagh en su comunicación escrita.. En Marruecos, el componente amazigh viene marca-

do por las cadenas montañosas del Atlas. Así encontramos al norte a los rifeños (Alucemas, Nador), los tamazighs en el Medio Atlas (Marrakech) y los cheuls en el sur, entre los más conocidos, los de la región susí (Tarudant, Tiznit).

Nos encontramos, pues, ante diversos estados a los que se suman regiones y dialectos diferentes. El proceso es largo y tanto las experiencias asociativas como los movimientos políticos no han sido los mismos para Argelia que para Marruecos, dada la historia específica de cada país. Estos aspectos se han podido debatir ampliamente.

Las propuestas han sido diferenciadas, tanto en lo que se refiere al ámbito geográfico y lingüístico, dado que mientras algunos se ven como movimientos autonomistas, otros reclaman la cooficialidad de la lengua en todo el Estado.

Sin embargo, tanto los partidos gubernamentales como los partidos de la oposición o las plataformas cívicas más radicales están de acuerdo en que son un pueblo autóctono del norte de África y quieren abandonar el silencio impuesto desde el centralismo arabófono y poder expresarse si ninguna limitación.

Una de las sesiones más novedosas fue la dedicada a la mujer como agente cultural durante milenios, tanto en la transmisión de la lengua - al ser analfabetas en las lenguas de civilización- y de la literatura oral, así como de los conocimientos ecológicos y artísticos, pintando o ASOCIACIONISMO cultural, sociedad civil y desarrollo local son partes integrales del proceso identitario tejiendo ella misma el simbolismo ancestral en las alfombras, la cerámica o el tatuaje. Elementos que hoy constituyen un patrimonio cultural y que pueden ser fuente de visibilidad de la mujer y de potencialidad económica. El debate de la sesión dedicada a las buenas prácticas y la vinculación del asociacionismo cultural con el desarrollo local, pro-moviendo la cooperación entre las sociedades civiles de ambas orillas, fue muy prometedor.

En Marruecos la emergencia de la sociedad civil ha sido paradigmática como indicábamos más arriba para impulsar la democratización y el desarrollo local, precisamente desde la proximidad. Algunos analistas creen que la fuerza del asociacionismo es un síntoma de la fragilidad política. Asumiendo dicha fragilidad, creo que los que dicen esto aplican el sistema clásico occidental, el cual también demanda nuevas adecuaciones a las propuestas sociales. Por otro lado, en cuanto a la diáspora, los mejores resultados se obtienen, según algunos representativos participantes del coloquio, adscribiéndose a los derechos fundamentales de los países de acogida.

Sin duda, el contacto con otras culturas nos interpela y nos hace pensar en nuestra realidad cultural y en nosotros mismos. Aspectos todos ellos pocas veces abordados, tratando de migración, pero que sin duda ayudarán a alcanzar una nueva percepción de esta cultura mediterránea, milenaria y al mismo tiempo, moderna e internacionalizada.