cultura y polÝtica en el norte de ┴frica

cultura y política en el norte de África
Tassadit Yacine, lavanguardia, 24-VII-05.

En el norte de África, la colonización primero (a partir de finales del siglo XIX) y luego la descolonización (a partir de los años cincuenta) contribuyeron rápidamente a crear unos problemas de enorme complejidad en la medida en que la partida de la potencia dominante no se efectuó de un modo planificado y racional. ¿ Qué es la colonización sino unas relaciones de fuerza económicas desequilibradas por la revolución industrial?

En efecto, esta última introdujo una ruptura con la cultura lanzándola a una competencia desigual y desleal frente a un capitalismo salvaje. No cabe duda de que los tres países del norte de África padecieron sus consecuencias de manera parecida y a la vez diferente. Argelia y Marruecos no supieron gestionar la pluralidad de las culturas (amazig, hebrea, árabe, francesa, turca, española, italiana) que en todo momento practicaron y que en cierto modo los representó. Este conf licto cultural - y político- está relacionado con la historia de esos países y especialmente con la herencia del último colonizador del que heredaron una alta culta y unos saberes ancestrales, de los que quieren desprenderse sin éxito, debido a dificultades inherentes a una diversidad de prácticas culturales.

Si en Argelia, por ejemplo, las nacionalizaciones formaron parte de los objetivos prioritarios en la medida en que concernían al sector económico y por lo tanto a una pregonada autonomía política, la cultura en cambio constituyó, tanto por voluntad política como por ignorancia, "la última rueda del carro", como dijo el escritor cabilio Kateb Yacine. Y así, frente a un pluralismo cultural real, asistimos al dominio de una sola lengua (el árabe, en su concepción culta) y de una sola visión del islam (suní y malequí).

Sin embargo, de todos los países árabes, Argelia es el único que no ha resuelto la cuestión cultural ni la cuestión lingüística. La responsabilidad histórica recae a un tiempo sobre los dirigentes argelinos, que habrían debido emprender una vigorosa autocrítica,y sobre Francia, que "en 130 años no quiso ni supo educar a los argelinos". La incultura, el analfabetismo, aumentados por un rechazo de cuanto remite a la identidad social e histórica, han sido el destino de la gran mayoría de los argelinos. Si la visión de los etnógrafos de la colonización encerró la cultura amazig, por ejemplo, en el folklore de las riquezas plurimilenarias, la de los nacionalistas la barrería pura y simplemente de un manotazo, por juzgarla obsoleta y, por lo tanto, indigna de figurar como cultura oficial.

Revelar este pasado es, a buen seguro, un medio de dirigirse hacia una renovación y el desarrollo de prácticas que pueden participar de la modernización en el sentido contemporáneo del término.

Si bien la historia nos acerca a los fenómenos más próximos por más recientes, ni que decir tiene que la observación y el análisis se efectúan en la duración. De ahí la importancia de instituciones encargadas de hacerse cargo de esa cultura. Desde la recuperación de las independencias, es sabido, el norte de África debe definirse en relación con Europa, pero también debe hacerlo en relación con Oriente, por la considerable inf luencia que recibe en el plano cultural, lingüístico y simbólico. La inf luencia de los medios de comunicación orientales - y, sobre todo, egipcios- es considerable. Un dominio simbólico que se traduce por un comportamiento muy equívoco y ambivalente donde se entremezclan sin cesar proximidad y distancia.

Al fin y al cabo, el conjunto magrebí siempre ha tenido que proteger su territorio y su integridad social y cultural contra los ataques procedentes de Oriente y Occidente.