´Boticas y gazofilacios´, Amadeu Petitbó

Boticas y gazofilacios 

Las farmacias andan, de nuevo, revueltas por las discusiones sobre los márgenes comerciales.También están animadas por las expectativas de modernización de sus servicios y, sobre todo, porque no ven amenazados, al menos a corto plazo, sus marsupios territoriales monopolizados. Los 250 metros que, forzosamente, deben separar, como mínimo, a una farmacia de otra permiten, más allá de los discursos, una vida y una jubilación tranquilas. Todo ello, claro está, aunque actúe como un roborante, repercute sobre quienes, directa o indirectamente, pagan los medicamentos. El Ministerio de Sanidad y Consumo ha elaborado un Plan estratégico de política farmacéutica para el sistema nacional de salud español. El documento parte del loable (y reiterado) objetivo, en relación con las farmacias, de mejorar los servicios ofrecidos y potenciar el uso racional del medicamento. Tales intenciones son dignas de parabienes, pero lo más probable es que la realidad dificulte la llegada a la meta en las mejores condiciones de eficiencia y competitividad.

En efecto, el sistema actual opera con evidentes ineficiencias y basta con acudir a internet para encontrar ejemplos elocuentes. No es infrecuente que quienes venden sus farmacias a través de la red estimulen al comprador afirmando la existencia de cómodo horario, cómodo turno de guardia o libre de guardias,poniendo de manifiesto el desahogo del empeño o la posibilidad de mejorar los ingresos trabajando más. Si el sistema es mejorable, es que hoy encubre ineficiencias.

Tampoco es extraño que el vendedor anime al comprador a superar las ineficiencias con el fin de mejorar los ingresos. Expresiones como posibilidades de incrementar facturación, farmacia con posibilidades potenciando la venta libre, posibilidad de potenciar las ventas ampliando la gama de servicios que se ofrecen al público o gestión mejorable con referencias concretas (ampliar horario, implementar un plan de comunicación, especializarse en diferentes segmentos y patologías...)son expresivas. Incluso se ofrece una farmacia de "elevada rentabilidad, dado que obtiene un margen superior al 35 por ciento. La proporción de venta libre supone un 70 por ciento, por lo que la cuenta de explotación no se ve penalizada por elRD5/2000. Farmacia con crecimientos permanentes por encima del incremento del gasto farmacéutico a pesar -¡asómbrense!- de la mínima dedicación del actual titular". De nuevo aparecen las ineficiencias y la posibilidad de superarlas mejorando la gestión.

La lectura de los párrafos anteriores dejará agestado a más de un boticario. Pero a quien debe indignar es a enfermos, contribuyentes y autoridades sanitarias. La discusión sobre márgenes tiene interés, pero más interés tiene centrar el foco en la (des)regulación y en las ineficiencias reveladas a través de la escasa información disponible para quien no es boticario y no puede investigar el problema desde sus oscuras entrañas.

Sólo la competencia puede curar los citados males. Mientras no se liberalicen las farmacias, el sistema, pese a sus bondades, continuará encubriendo focos de ineficiencia que nos cuestan muy caros. El truco de los boticarios consistente en centrar la discusión en los márgenes para no discutir acerca del derecho constitucional a ejercer la profesión libremente es inaceptable y las autoridades no deberían caer en la trampa. Porque ni España es Jerusalén ni las boticas deben ser gazofilacios.

lavanguardia, 9-XII-2004