īlos arrepentidosī, Enric Juliana

los arrepentidos

El semanario “Les inrokuptibles” llama al mundo cultural francés a la resistencia ante la “guerra a la intelectualidad” del Gobierno Raffarin; en Italia, el cineasta Nanni Moretti y sus “girotondi” se han convertido en el principal referente del “cetto medio riflessivo” (la clase media reflexiva) contra el hegemonismo mediático de Silvio Berlusconi, y en España, treinta y dos directores de cine acaban de filmar “Hay motivo”, película crítica con el aznarato, que no encuentran cadena de televisión que la emita antes de las elecciones. En suma, un cuadro agitado.

Un año después de la guerra de Iraq, las tres principales democracias latino-europeas, de fuerte aunque distinta tradición católica, presentan una gran turbulencia cultural, en aparencia superior a la de Alemania, preocupada por la adaptación de su generoso sistema social a las inclemencias de la globalización, y a la del mundo anglosajón, donde la línea de tensión pasa por la vigencia de las normas –¿ha mentido Blair?, ¿ha sido honesta la BBC?...– derivadas de la ética protestante.

Dicho de una manera más simple, estamos en vísperas de serios acontecimientos políticos –el principal de todos ellos, la campaña presidencial en Estados Unidos–, pero también ante una batalla cultural de calado, prolongada y de incierto desenlace.

La idealización progresista, la fuerza propulsiva del Mayo del 68, parece haber entrado desde hace tiempo en una fase de agotamiento, pero sobrevive como una forma más o menos difusa de identidad colectiva, en la medida que su cuadro de valores está siendo frontalmente agredido más que discutido. Y es que las fuerzas de asalto que invocan el liberalismo como doctrina hegemónica, como nuevo dogma, están utilizando tácticas de combate propias de la extrema izquierda.

No hace mucho, Umberto Eco explicaba en un interesante artículo cómo la poderosa maquinaria publicitaria de Berlusconi ha copiado las estrategias del “agit-prop” comunista. No en vano en la corte de “Il Cavaliere” son numerosos los cuadros de Lotta Continua, Potere Operaio y Avanguardia Operaia, que saltaron del tren revolucionario antes de que Toni Negri, teórico hoy nuevamente de moda, les condujese al desastre. Dos de los principales asesores de Berlusconi, Giuliano Ferrara y Ferdinando Adornato, fueron comunistas. En Francia, el más aguerrido cruzado de la causa liberal, el ministro de Educación Luc Ferry, es un antiguo “gauchista” que aún luce media melena y gafitas redondas.

Y brillan como ideólogos de la nueva España nacional Jon Juaristi (ex simpatizante de ETA), Pío Moa (ex Grapo) y el ex maoísta turolense Federico Jiménez Losantos. Liberales de combate, ardientes “reborns” (renacidos), con todo el derecho a defender las teorías de Robert Kagan con el mismo ahínco con que antaño abrazaron la causa de Lenin y Trotsky. Nada que objetar. Sólo recordar a Pier Paolo Pasolini cuando intuyó que de las barricadas del 68 iba a surgir la nueva clase dirigente: “Cuando ayer en Valle Giulia habéis apedreado a la policía/ yo he simpatizado con los policías/ porque los policías son hijos de los pobres/ vienen de suburbios campesinos o urbanos/ mirad como visten: como payasos/ con aquella tela áspera que huele a rancho, a oficina de furriel y a pueblo/ Tienen veinte años, vuestra misma edad, estimados y estimadas estudiantes/ Tenéis la cara de los hijos de papá...” (Revista “L'Espresso”, 1968).

lavanguardia, 10-III-2004