ŽEl oro y el moroŽ, Xavier Bru de Sala

No contento con las hiperbólicas promesas de Zapatero, el president Montilla ha ido al remate trazando una divisoria entre los suyos y el catalanismo: a un lado los que, según él por haber priorizado la cuestión identitaria, han perjudicado históricamente a las naturales aspiraciones de los catalanes a disponer de unas infraestructuras apropiadas al nivel de desarrollo, riqueza y necesidades de nuestra comunidad; al otro, los que, al dejar en segundo plano las cuestiones de la identidad y centrarse, bajo el liderazgo de Montilla, en lo de veras fundamental, van a dar la vuelta a la situación. La tesis del president, pues de una tesis se trata, y de primer orden, tiene calado. De entrada, presenta un filo cortante ante el cuello del catalanismo. De salida, y si Zapatero repite pero sigue sin cumplir - hoy por hoy y para la opinión catalana lo previsible-, el otro filo de la tesis puede representar un triste final político para el president, que acabaría su carrera habiendo realizado la proeza de la autodecapitación. La tesis de que las reivindicaciones de lo nacional son contrarias a los intereses de los catalanes, lejos de ser anecdótica o baladí, supone dar la vuelta como un calcetín al fundamento principal del catalanismo, que es, desde el Memorial de Greuges, exactamente el contrario. Sólo según el catalanismo, el poder político español trata a Catalunya de modo injusto y discriminatorio, y si no fuera porque los catalanistas se ponen al frente de la reivindicación y hacen acopio de fuerzas para presionar - bien que mal- al poder central, las cosas serían mucho peores. Según el president, eso funciona al revés.

Demos un somero repaso a la verosimilitud de la última promesa del presidente Zapatero, consistente en asegurar para Catalunya la mejor red de trenes de España. En la actualidad, la mejor red la tiene Madrid, tanto en comunicaciones terrestres como aéreas. En cuanto a ferrocarriles y carreteras, el famoso y denostado sistema radial pone a Madrid como centro único. En cuanto al sistema aeroportuario, ustedes saben de sobra lo que han hecho populares y socialistas con Barajas en detrimento del resto de aeropuertos importantes de España. Focalizando en el ferrocarril, es absolutamente imposible que en los próximos diez, veinte o treinta años, Barcelona tenga la menor probabilidad de competir con Madrid. Bien conectadas ambas ciudades sí lo van a estar gracias al AVE, y las cuatro capitales catalanas entre ellas, pero Catalunya seguirá durante muchos años sin contar con una de sus dos bazas mayores, la conexión directa y rápida con Francia y Europa. En cuanto a la otra, el corredor o eje Mediterráneo, para qué contarles. El AVE mediterráneo no está ni siquiera en la agenda de los dos grandes partidos españoles.

Tal vez sea culpa del catalanismo, pero no saldrá el president Montilla ni el presidente Zapatero diciendo que pretenden resolver la anomalía. Así que de la mejor red de España, ni hablar. Para nada. Cercanías va a mejorar, pues el desastre actual - debido a la falta de inversiones y no al debate identitario- no tiene parangón. El AVE nos acercará a Madrid. Eso es todo. La promesa es una solemne tomadura de pelo, que infantiliza a los catalanes.

Llevo tiempo sosteniendo que al president Montilla se le va a juzgar por lo mismo que a Pujol: lo que de veras llegue a conseguir. Pero sin el paliativo que tenía Pujol, quien no sólo defendía intereses sino una manera colectiva de ser, de manera que, cuando el cove del peix quedaba vacío, una cosa iba por la otra. Montilla acaba de llegar. Es persona enérgica y prudente, pero le juzgo incapaz de enfrentarse a los suyos, los socialistas del PSOE. Quienes, al no considerarle una amenaza, se lo van a pasear hasta que quienes le han elegido lo manden a paseo.

lavanguardia, 27-VIII-07.