entrevista a Salvador Pániker, V-2002

entrevista en revista Fusión

Texto: R.Ramos / Fotos: Salvador Pániker

Johann Sebastian Bach aparece varias veces en la conversación: Salvador Pániker es un apasionado de la música. En consecuencia, defiende el derecho más humano de todos: el derecho a bailar a su propio ritmo. Así que reivindica una religión a la carta y explica su menú: oriente y occidente a partes iguales, una base católica, unas gotas de hinduismo, una pizca zen, un buen toque budista, un regusto a ciencia. Y aún más: vivir al día y no temer a la muerte. Combinar mística y erotismo. Desprenderse del yo para fundirse en el todo. Por eso toca todos los palos, es indo-catalán y ciudadano del mundo, es ingeniero industrial pero también filósofo, escritor y editor, ama la vida y preside la Asociación Derecho a Morir Dignamente. Encima, ha decidido inventarse a sus propios dioses.

-Educado en el cristianismo, se dio de baja muy joven. ¿Por qué?
-Por la culpa, un sentimiento que yo siempre he rechazado. Esto quizá fue lo que más me repelió del cristianismo, aparte de esta manía de soltar sermones, tan en contraste con la filosofía zen, por ejemplo, que no trata de convencer a nadie sino que es una especie de autoterapia. Otra cosa fue mi idea de que la religión tenía que aportar algún tipo de experiencia, en cambio en el cristianismo y muchísimas religiones lo que prima es un sistema de creencias que tienes que hacer por pura autoridad. Y eso es contradictorio, porque si la religión no es experiencia no es nada. Estas religiones que han empezado por la experiencia que debió de tener su fundador, sobre todo las monoteístas, acaban siendo un club para eunucos, para impotentes místicos.

-¿Impotentes místicos?
-Yo uso mucho la palabra místico, pero siempre en un contexto no religioso. El místico es el que tiene la capacidad de vivir aquí y ahora. En este contexto, en Occidente los hombres están muy preocupados por la impotencia, pero yo creo que lo que somos es impotentes místicos (a saber si no está relacionado lo uno con lo otro), que es un tipo de patología especial, según la cual la gente no se asombra con la realidad. En mi diario, Cuaderno Amarillo, entre otras cosas hay un permanente asombro por mí mismo, por las cosas. Colegas míos que han escrito diarios se maravillan ante un cuadro o una puesta de sol, pero se quedan tan tranquilos ante el espectáculo de la realidad.
Uniendo todas estas cosas me pareció que el cristianismo era un conjunto de mitos decrépitos, moribundos o muertos y me fui apartando.

-Usted ha afirmado: "Dios es lo que cada cual hace con su soledad". ¿Qué quiere decir con esto?
-Ahora estoy preparando la continuación de Cuaderno Amarillo, que abarcará probablemente sólo el año 95, un año en el que escribí muchísimo, donde decía: "me fui quedando solo en el descampado, porque se me fueron cayendo todos los ídolos que había tenido". Y cuando eso ocurre o empiezas a hablar solo, o te vuelves loco, o inventas algún dios. Para no hablar solo, para no ir mendigando interlocutores que nunca encuentras, y si los encuentras no acabáis de entenderos, inventas un dios. Digo inventar entre comillas, como forma de dar contenido a este enigma total que se percibe más que nada en la soledad, porque en la soledad no hay anestesia ni bla, bla, bla, esa comunicación superficial que te impide enfrentarte contigo mismo.

-¿Es la religión el opio de pueblo?
-No, hay que matizar la frase. Creo que es más bien ese refugio para los impotentes místicos. Lo que yo defiendo es la religión a la carta, y que cada cual se invente su propio menú. Comprendo que no todo el mundo tiene información suficiente ni inteligencia crítica para decidir lo que más le va, y hay una serie de personas muy ocupadas en sus bufetes, en sus oficinas y en sus cosas, que delegan el asunto de la religión en una iglesia o en un club. En este contexto, si les va bien a ellos, por mí que sigan. Usted me dirá que esto es elitista, y sí que lo es porque mucha gente tiene otras prioridades, la primera es ganarse el pan. Pero creo que se tiende a esto. El concepto de ortodoxia y heterodoxia, por ejemplo, está cada vez más difuso: cuando yo estudiaba en los jesuitas, a la que te desviabas un milímetro ibas al infierno. Ahora yo creo que ni ellos mismos se lo creen.

-Al considerarse ciudadano del mundo, ¿qué opinión tiene de los nacionalismos?
-En principio mala. Respeto un nacionalismo moderado, el que tiene un sentimiento de patria, pero para mí la patria es la humanidad, la tierra. Yo creo que el mestizaje universal a largo plazo es inevitable, y no sólo el biológico, sino el cultural. Lo mejor de Norteamérica, a mi juicio, es negro. El jazz, por ejemplo, es esclavos, campos de algodón, burdeles, la biblia... mire qué mezcla tan insólita y sale el jazz. En este contexto, que un señor diga que es nacionalista de tal sitio durará un tiempo, pero creo y espero que se diluirá.

-¿Es la globalización la solución a los problemas mundiales?
-Creo que todo el mundo está de acuerdo en que lo que hace falta es más globalización. Los llamados antiglobalizadores no lo son, sino que están en contra de la globalización puramente económica. Creo que hay que ir hacia una autorregulación, a un sistema mundial más que a un gobierno mundial, con instituciones mundiales, con un tribunal de justicia internacional; hay que dar un mayor protagonismo a las Naciones Unidas y ampliar las instituciones que existen, no ir en contra de ellas: el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, eso en principio es bueno, pero tienen que estar realmente globalizadas. Creo que está bastante claro: más globalización, pero mejor.

-Se ha pasado la vida persiguiendo dualidades (cuerpo y alma, masculino y femenino, etc). ¿Cómo ir contra algo que está presente en todo?
-Yo hablo de la no dualidad en un sentido casi metafísico, con la idea de que todo está relacionado con todo. Usted es medio hombre y medio mujer, igual que yo; si no fuese así, no nos entenderíamos. Yo creo que todo es espíritu-materia, cuerpo-alma, hombre-mujer, pero no todo el mundo tiene esta vivencia, porque la gente vive en territorios muy cartografiados, con las cosas muy separadas. Por eso no me gustan nada las fronteras.
Para ver las cosas como no duales tienes que estar en una temperatura alta, la temperatura del aquí y el ahora. Vivir así es entrar en una especie de fluido libre donde incluso el erotismo, entre comillas, se dispara. Cuando un hombre y una mujer se quieren desaparecen muchas dualidades, y cuando ese afecto se va reaparecen las fronteras y los límites y dices: "aquello que me gustaba tanto de esta mujer ahora resulta que es lo que más me disgusta".

-¿Cómo vivir el aquí y ahora?
-Volvemos a la mística: vivir aquí y ahora es la capacidad de vivir el tiempo desde fuera del tiempo. Por ejemplo, el temor a la muerte desaparece, porque viviendo aquí y ahora no cabe la angustia. Cuando estás en una vivencia profunda, amorosa, poética, o lo que sea, el tiempo no discurre. Esta sabiduría nos hace mucha falta y desgraciadamente está muy poco extendida. Existe la frase de "el tiempo es dinero", que es nefasta, porque el tiempo es una falacia, y todos los grandes espíritus, desde los grandes poetas de Oriente hasta los grandes científicos como Einstein, han calado esto.

-En ‘Cuaderno Amarillo’ escribe: "el gran secreto es que ya estamos liberados, sólo hace falta reconocerlo".
-De acuerdo con lo que decíamos, lo constitutivo del ser humano es esa libertad donde no hay ansiedad ni tiempo. Pero no hay camino para llegar al aquí y ahora, porque ya estás aquí y ahora. Si dices: "a ver cómo consigo llegar a ser libre", estás contaminado por el tiempo, no has entendido nada y no llegarás nunca. No hay ningún camino para llegar a donde ya estás.

-Otro tema es la superación del ego. ¿Es eso una pérdida de identidad?
-Nunca he dicho que se pueda vivir sin ego, como no se puede vivir sin riñones. Lo que digo, al igual que todos esos sabios que he mencionado, es que no hay que identificarse en exclusiva con él. Hay una historieta real que me hace bastante gracia, sobre un señor que hace meditación, y cuando le preguntan qué tal contesta: "muy bien, antes estaba deprimido y ahora sigo igual, pero no me importa". Esta idea de ver tu propia vida desde fuera, identificándote con la totalidad de las cosas, es mucho más sabia que la identificación con el ego encapsulado en la piel.
Existe Salvador Pániker como convención social, como entidad construida por un cerebro, pero yo no me identifico en exclusiva con eso. Esto parece ir contra el sentido común, pero el ego es una construcción reciente, evolutiva, que tiene más desventajas que ventajas. De entrada por la falta de solidaridad, porque el ego es ego-ísta por definición, y también porque la muerte es una catástrofe para el ego. En cambio si trasciendo el ego es como abrir las ventanas y poder respirar. Si creásemos una humanidad compuesta por personas con el ego trascendido sería una revolución tremenda. Esto lo han visto individuos aislados, que yo llamo "místicos", desde hace tres mil años.

-La inquietud espiritual y amorosa han sido ejes en su vida. Opina que la mayoría de la gente vive y muere sin haber conocido el amor completo, que es poco frecuente. ¿Lo ha conocido usted?
-La palabra clave es comunicación, el amor es comunicación profunda. No creo en el alma, pero la utilizaré como metáfora: "poder desnudar el alma". Mucha gente puede desnudar los cuerpos, pero para desnudarse del todo hace falta una comunicación profunda, donde te apeas de tus defensas y no empiezas a recitar un papel, que es por ejemplo el peligro de las entrevistas. Yo creo todo lo que estoy diciendo, hay una mayor comunicación y, de algún modo, esto es amor. En una buena entrevista tiene que haber un poco de erotismo, entendido como comunicación, como fluidez, como ese estado de fusión que se da tan poco. La mayoría de la gente se pasa la vida declamando papeles.

-En su ‘Cuaderno Amarillo’, percibo que está usted enamorado de la mujer. ¿O de lo femenino?.
-Esa comunicación profunda la he encontrado más fácilmente con la mujer que con los hombres. Yo he sido muy "feminista" siempre, la cultura patriarcal me parece un disparate, la agresividad, la competitividad. Los valores supuestamente femeninos de empatía, de intuición, me parecen más proclives a la comunicación, aparte de que mis inclinaciones sexuales van por ese lado.

-¿En el futuro el mundo se vestirá de femenino?
-Todos somos andróginos, el mito del andrógino de Platón es un punto de partida y un punto de llegada. Para entendernos, y asumiendo el tópico de lo masculino y lo femenino, que sería muy discutible, yo deseo que los hombres no tengamos que reprimir nuestras dimensiones femeninas, y las mujeres no tengan que reprimir sus dimensiones masculinas. Que vayamos a una cultura que suponga el final del patriarcado sin perder sus valores, como el valor del esfuerzo, de tomarle gusto a lo difícil. A mí que Johann Sebastian Bach fuese un perfeccionista y trabajase muchas horas me parece una maravilla, pero que tengas que estar con las ideas del sacrificio y las virtudes heroicas de los santos me parece patológico. En este contexto yo creo que iremos a una cultura masculina-femenina, patriarcal-matriarcal, mestiza, hermafrodita, intercultural. Universal.

-Si se le pregunta por el significado de la vida, ¿qué contesta?
-Esa pregunta es el síntoma de que algo no va bien. Una frase, una guía turística, puede tener significado, pero la vida es demasiado absoluta para tenerlo. Cuando uno empieza a preguntarse por el significado de la vida es que ha dejado de vivir intensamente.