de Anton M. Espadaler

-Colgados y colgantes, 3-XII-05.
-Letras y pornografía, 3-VI-06.

De colgados y colgantes

Informaba Europa Press desde Teherán, según pudimos leer la semana pasada, que "el Gobierno iraní había ahorcado en público a dos hombres, en la plaza Shahid Abonar de la ciudad de Gorgan, al norte del país. El Gobierno justificó estas ejecuciones con el argumento de que los dos hombres habían cometido el delito de lavat, nombre que en la charia -la ley islámica-define las relaciones sexuales entre hombres". La noticia venía encabezada por la protesta del Observatorio de los Derechos Humanos por lo que consideraba un "ultraje y una violación de las normas internacionales". En contraposición a esta concepción legal y moral, el sábado pudimos enterarnos en el asalmonado Vivir de que sir Elton John iba a celebrar una unión civil con su "pareja sentimental de los últimos once años", que por cierto no se llama Margaret sino David. No sé si los señores de John han dicho nada sobre esas ejecuciones pero aquí enseguida leímos que el PSOE había puesto el grito en el cielo. Yse comprende, pues desde que este partido legalizó estas uniones y las entró en el código civil equiparándolas al matrimonio, parece que nos hallamos a años luz de la ley islámica. En realidad, nos hallamos a años luz de nosotros mismos, porque en lo tocante al asunto no fuimos tan distintos.

El valenciano Melcior Miralles, Capellán de Alfonso el Magnánimo, escribió un interesantísimo dietario en el que anotó las cosas más destacadas de las que tuvo conocimiento. Bajo el epígrafe "Com penjaren a Margalida: era hom", escribe con curioso humor: "En l´any de 1460, dilluns, a 28 de juliol, en lo mercat de València, penjaren a Margalida, la que era hom. E dien-li Miquel Borràs, fill d´un notari de Mallorca, lo qual anava vestit com a dona, e estigué en moltes cases en València en hàbit e vestidures de dona, la qual cosa fou sabuda, e fou presa e turmentada. E per causa de la dita Margalida o Miquel foren presos alguns e turmentats. Emperò la dita Margalida fou penjada e vestiren-li camisa d´home, e ben curta, e sens panyos, en manera que amostrava bé totes ses vergonyes". Si eso pasaba en el reino de Aragón, en el de Castilla los usos legales no eran precisamente más suaves. El viajero alemán Hieronymus Münzer, que visitó España y Portugal en 1494, y recogió sus impresiones en un libro de muy agradable lectura, refiere que al salir de Almería, el 19 de octubre del citado año, "en las afueras, vimos una alta columna amurallada, en la cual estaban colgados por los pies seis cristianos de Italia, convictos de sodomía. Los cuelgan primero por el cuello, como nosotros, y luego por los pies. Antes del juicio les cortan los testículos y se los cuelgan al cuello, porque los españoles tienen odio a este vicio y lo castigan duramente y con razón porque es contra natura y bestial". Idéntico panorama halló a la salida de Madrid, el 25 de enero del año siguiente. Ramón Alba, que acompaña de notas eruditas su versión del viaje, recuerda que en 1497 los Reyes Católicos promulgaron una pragmática en la que se instituye que a partir de entonces "el que cometiere el delito nefando contra naturam… sea quemado en llamas de fuego y que haya perdido sin otra declaración alguna todos sus bienes". A lo mejor hasta a los de la charia les parecía un poco bestia.

Anton M. Espadaler, lavanguardia, 3-XII-05


Letras y pornografía

Grupos conservadores recogen firmas para que se retire un texto de Monzó de la selectividad", leímos sorprendidos el pasado domingo en estas mismas páginas. Según se nos informaba, estos grupos habían determinado que el libro Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury - todo maquinaria- era inadecuado para los alumnos que el curso que viene habrán de estar en la universidad, ya que la obra resultaba perniciosa para sus tiernos años, "por contener material pornográfico que hiere profundamente la sensibilidad tanto del joven lector menor de edad como del profesor". Vaya, vaya. Dejo de lado lo que pudiera derivarse de la constatación de que un número no precisamente menor de los alumnos de selectividad ya puedan votar, y me abstengo sobre los compromisos hermenéuticos que en asuntos literarios impone la condición de profesor. Cojamos el toro por los cuernos y vayamos a la pornografía en las letras.

En la tradición occidental la narración y descripción de ciertos asuntos ha sido tratada desde los inicios de la literatura en lengua vulgar con mucho comedimiento. Lo dejó dicho Chrétien de Troyes, que era clérigo, en su novela Le chevalier de la charrette,cuando abordó la placentera y extraordinaria noche, la más alegre que nunca existiera, que pasaron el buen caballero Lancelot y su dulcísima amiga, la reina Ginebra: "Callaré porque en los cuentos no hay que hablar de estas cosas". El problema, sin embargo, no está en lo que se escribe, que, como se ve, no es nada, sino en lo que el lector hace con este silencio. Si sigue leyendo, no pasa nada. Pero si se detiene y fantasea por su cuenta y riesgo, ¿no comprenderá mejor a sus personajes? Es decir, ¿no leerá mejor? En las letras, esto es, en ausencia de imágenes, todo depende de la película que se proyecte el lector en lo que Italo Calvino denominaba su cine mental.

Todos los escritores fueron conscientes de ello y, sin romper la norma, supieron jugar con la doble realidad de la austeridad del papel y la vivacidad de una buena lectura. Uno de los mejores ejemplos lo proporciona Cervantes, cuando Alonso Quijano pondera encendidamente la belleza inigualable de Dulcinea. Tras alabar su rostro y su talle, añade: "Y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas". Esta broma, que ya había sido utilizada por Boccaccio y Martorell, no pasó por alto a los guardianes de la moral, y la frase fue suprimida a instancias de la Inquisición portuguesa en la edición de 1624.

Como nadie escribe sin contar con la imaginación del lector y con su recreación privadísima, el autor, seguramente un fraile, que escribió a principios del siglo XV la Història de Jacob Xalabín,que es una narración casi hagiográfica, aprovechó estos momentos de detención para descargar sobre él la responsabilidad de las consecuencias pecaminosas que pudieran producirse. Sin ser nunca explícito, suele complementar sus momentos más cálidos con la fórmula: "Piense cada cual si en tal caso se encontrara, qué hubiese hecho". Todo, pues, depende del lector. Y si es así, yo no aconsejaría a tan solícitos padres prohibir a Monzó, sino que, en caso de duda, y obrando con justicia, a lo más dejaría a los niños sin recreo, sobre todo si les viera leer sin la debida atención y mirando con frecuencia el techo pensando tal vez en las perversas musarañas.

lavanguardia, 3-VI-06