´Por sus teléfonos los conoceréis´, Quim Monzó

Las calles están llenas de pegatinas con la palabra Cerrajero y un número de teléfono. Están en las cerraduras de las puertas, en los faroles, en los interfonos. Unas son fáciles de arrancar y otras no, y en bastantes casos el pringue queda para siempre. Pero no pasa mucho tiempo sin que descubras que sobre los restos de aquella pegatina hay ya otra y, sobre esa, otra, y luego otra. Los de la tienda que hay al lado de casa ya han tirado la toalla. Tienen una puerta metálica tipo persiana. Al principio, cuando llegaban se dedicaban a arrancarlas, para que la puerta quedase presentable. Ahora pasan, de modo que las pegatinas forman una orla festoneada: una junto a otra en la parte baja.

La costumbre se mantiene desde hace décadas. Harto, hará cosa de quince años, un día llame a un cerrajero que me había plantificado una en pleno interfono y le dije que, si era tan amable y tenía un momento libre, viniese a quitarla. Me mandó a la mierda. Mucha gente se sorprende de que, exhibiendo su número de teléfono como lo exhiben, no se les caiga el pelo. ¿Por qué el Ayuntamiento no hace nada? Llegados a este punto siempre hay uno que argumenta: "¿Y si alguien ha impreso las pegatinas con su número de teléfono sin que ellos lo sepan, igual que en los váteres de los bares hay quien pone el teléfono de alguien a quien quiere fastidiar ofreciendo sus servicios sexuales?". Pero con los adhesivos de los cerrajeros eso no cuela. ¿Quién va a estar interesado en promocionarlos sino ellos mismos? Bastaría con una simple llamada y ciertas ganas por parte de las autoridades y acabarían pronto con el invento. En Gran Bretaña no son los cerrajeros lo que les preocupa, sino las prostitutas. Como aquí, hay anuncios en los diarios y en las revistas, pero también en las cabinas telefónicas. No sé cómo estará la cosa ahora, pero hace años al entrar en una cabina de Londres encontrabas un amplísimo catálogo de posibilidades prostibularias.

Pues ahora han decidido que a las que se anuncian de todas esas formas les cortarán la línea de teléfono. La policía verificará que el número corresponda a un servicio de prostitución y acto seguido pasará a las compañías telefónicas una lista de los números que deberá cancelar. Así cada día. Claro que el burdel puede dar de alta otra línea de teléfono, pero, de entrada, no le sirve de nada la promoción que haya hecho con el número anulado. En Suecia ya hay una ley así.

El método se aplicará en Gran Bretaña a las putas, pero digo yo que, aquí, ni que sea como entrenamiento para cuando lleguen tiempos más puritanos, se podría usar ya ahora con los cerrajeros. Ante cada adhesivo con la palabra Cerrajero,se verifica si el teléfono corresponde a lo anunciado y, si es así, se le corta la línea. Ya verían ustedes como en poco tiempo las pegatinas de la calle pasarían a ser una curiosidad del pasado.

15-II-08, Quim Monzó, lavanguardia