"Política penitenciaria", N. Bishop

Norman Bishop. Nací en Inglaterra, tengo 85 años y hace 35 que vivo en Suecia. Fui gobernador de prisiones británicas durante 17 años, y asesoro a varios países sobre política penitenciaria. Estoy casado y tengo cinco hijos y tres nietos. Soy un anticuado liberal. Soy agnóstico. España debería actuar para reducir su población reclusa y evitar que siga creciendo.

- ¿Qué país tiene a más parte de su población entre rejas?

- Rusia. De cada 100.000 habitantes, 671 están en prisión.

- ¿Y el que menos?

- Islandia. De cada 100.000 habitantes, sólo 39 son reclusos.

- ¿Qué país tiene las mejores cárceles?

- ¡La mejor cárcel es la que no existe! A mejores políticas preventivas, menos cárceles: ¡eso es lo realmente meritorio!

- ¿Qué países están haciéndolo mejor?

- Islandia y los países escandinavos: 59 por cada 100.000 habitantes en la cárcel en Dinamarca, 68 en Suecia...

- ¿Y qué pasa en España?

- Está hacia la mitad de la tabla europea: 141 presos por cada 100.000 ciudadanos. En Catalunya, 118. Son datos del 2005. Lo malo es que la población reclusa está creciendo...

- ¿En España?

- En España y en el conjunto de Europa. En España, en el año 2004 había 117 presos por 100.0000 habitantes... ¡Y al año siguiente eran ya 140!

- ¿Y por qué hay cada año más presos?

- Los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad.

- ¡Ay!... ¿Qué hemos hecho ahora?

- Para vender más diarios y, ¡sobre todo!, para obtener más audiencia en televisión, insisten en mostrar los sucesos más escabrosos, en alarmar a la gente. Alarmada, la población reclama a sus políticos que actúen contra la criminalidad. Y los políticos, para ser votados, amplían tipos penales y alargan penas. Conclusión: ¡crece la población reclusa!

- Y, a la vez, crece la seguridad en las calles.

- ¡No! Eso es erróneo. Más presos en un país no se traduce en más seguridad en ese país. Un descenso en la población reclusa no produce un aumento de la criminalidad en la calle. ¡Y hay un caso que así lo prueba!

- ¿Qué caso?

- El de Finlandia. Hace 20 años, Finlandia tenía más de 100 reclusos por cada 100.000 habitantes...

- Como hoy tiene Catalunya, más o menos.

- Y esa cifra era el doble que los países escandinavos de su entorno. Sus políticos decidieron reflexionar y acometieron políticas activas... Y hoy la cifra ha descendido a la mitad. ¡Y no ha aumentado la criminalidad: la seguridad en las calles es la misma!

- ¿Existe alternativas a las cárceles, pues?

- La mejor alternativa es una buena política penal. ¿Quiere algunas pistas?

- ¡Por favor!

- Primero: multas. Para faltas y delitos poco graves, ¡buenas multas!: es muy disuasorio, la sociedad ahorra (no olvide que las cárceles son caras) y además es una interesante fuente de ingresos para el Estado.

- Ay, ay...

- Segundo: si se trata de un primer delito no muy grave, suspéndase la pena carcelaria a cambio de no volver a delinquir. Pero si hay reincidencia en ese delito, ¡cúmplanse la pena suspendida más la nueva!

- Entendido. ¿Alguna medida más?

- Trabajos en beneficio de la comunidad.

- Pero habrá casos en que la cárcel sea inaplazable e insustituible, supongo...

- Sí, pero entonces el recluso puede firmar un contrato por el que se comprometa a acometer ciertos aprendizajes y trabajos: si cumple, sale fuera a los dos tercios de la pena.

- Habrá que controlar que no nos engañe...

- Es muy importante un cuerpo de buenos profesionales que hagan un seguimiento de la evolución del penado, y mejor si contamos con el respaldo de un consejo de tutores formado por ciudadanos voluntarios.

- ¿Qué recomendación haría hoy a las autoridades españolas?

- Den los pasos adecuados para reducir su población reclusa. Más que a la cárcel, ¡dediquen el dinero público a servicios sociales!

- Pues lo que hacen mis políticos es anunciarme más y más flamantes cárceles...

- Es por lo que le he explicado antes... En Francia, hace poco, vi este anuncio en un enorme cartel, ante una obra: "El Estado trabaja para tu futuro". ¡Construían una cárcel!

- Parece un chiste de Perich...

- Me reí... ¡Y me largué rápido de allí!

- ¿La cárcel rehabilita?

- La cárcel está para ofrecer a cada recluso las máximas posibilidades de prepararse para poder regresar al seno de la sociedad con las máximas garantías de normalidad.

- Muy bien: ¿y cómo se hace eso?

- Fomentando la responsabilidad personal para que la vida dentro de la cárcel resulte lo más parecido posible a la vida de fuera.

- Póngame un ejemplo.

- En las cárceles suecas cada recluso cobra por trabajar, y con ese salario compra la comida que le apetece y la cocina a su gusto...

- ¿Puede eliminarse la droga de la cárcel?

- Hay que afinar todos los controles. El riesgo cero es siempre imposible, claro...

- ¿Dispersaría en cárceles distantes a los componentes de una banda terrorista?

- Es razonable si con ello se preserva la seguridad de la sociedad y de los funcionarios.

- ¿Cuál ha sido el conflicto más grave que ha vivido usted como gestor de prisiones?

- Dos motines en tres días. Eso sucede cuando el preso percibe un trato injusto, y lo percibe si las normas no resultan lo bastante claras. En aquel caso la normativa de permisos era confusa... ¡El preso debe tener claro lo que ganará o perderá con cada conducta!

- ¿Qué opina del sistema penitenciario de Estados Unidos?

- Que no puede ser peor.

- ¿Y de las cárceles de gestión privada?

- No me gustan. Ya se sabe que todo negocio privado anhela que crezca su mercado... Y yo, en cambio, ¡deseo todo lo contrario!


Este señor inglés con cara de Charles Darwin ¡fue pacifista durante la Segunda Guerra Mundial!: se enroló en grupos de ayuda social. Cursó Ciencias Sociales y en 1947 debutó como funcionario de prisiones: "Me había casado y tenía que ganarme la vida". El primer día cometió un error garrafal: se lió con el color de los uniformes de los presos, ¡y dejó salir de la cárcel a los que no tocaba...! Pero el tiempo y la dedicación le convirtieron en uno de los más reputados expertos en políticas penitenciarias: por eso ha estado en Barcelona como ponente en el Congreso Penitenciario Internacional. Le pregunto qué cualidades debería reunir todo funcionario de prisiones para cumplir bien con su trabajo: "Empatía, realismo, integridad". Bishop transmite la impresión de reunirlas todas.

Víctor-M. Amela, lacontra/lavanguardia, 17-IV-06