┤De vicios y virtudes┤, EulÓlia SolÚ

Una vez celebrada la Semana Santa, es un buen momento para seguir comentando la iniciativa del Vaticano de establecer siete nuevos pecados. Aunque la exposición a pecar sólo atañe a los creyentes, no deja de seducir la comparación entre los clásicos "pecados capitales" instituidos en el siglo VI y los actuales "pecados sociales". Una redundancia, eso de social, puesto que siempre se peca en sociedad, nunca en el vacío.

En primer lugar, cabe destacar la diferencia que existe entre la concisión esgrimida por el Papa Gregorio I y la prosopopeya empleada por Benedicto XVI. El primero no tuvo necesidad de frasear. Entonces como ahora, la soberbia, la envidia, la gula, la lujuria, la ira, la avaricia y la pereza eran vicios abominables. Que Dios, o la suerte, nos libren del trato, y aún más del parentesco, con el arrogante, el envidioso, el tragaldabas, el lascivo, el colérico y el gandul, o sus equivalentes en femenino. Siete pecados que no requieren adjetivos ni explicaciones. En cambio, el Papa actual ha quintuplicado o sextuplicado la extensión para instaurar sus siete pecados sociales.

¿Es así porque estos recientes pecados no resultan tan incontrovertibles como los otros? A Gregorio I no le preocupaba la anticoncepción (pecado social n. º 1), lo cual no presupone que en su tiempo no se practicara. En cuanto a la investigación con células madre (n. º 2), no le concernía ya que aún habían de transcurrir quince siglos para que tal dilema se planteara, al igual que respecto a la contaminación del medio ambiente (n. º 4). Pero sí había borrachos (n. º 3), y no citó la drogadicción. En cuanto a los tres restantes nuevos pecados, un categórico sustantivo gregoriano, la avaricia, estigmatiza de una tajada la brecha entre ricos y pobres (n. º 5), la riqueza excesiva (n. º 6) y la generación de pobreza (n. º 7).

Nos hallamos ante tres pecados sociales que significan lo mismo y que, como se ve, pueden execrarse con una sola palabra, avaricia. ¿No será que tanta retórica sólo trata de envolver lo que realmente se quiere prohibir, eso es, los métodos anticonceptivos y el uso de células madre? Acciones que no están unánimemente catalogadas como negativas para los seres humanos, ni siquiera entre los católicos. Hay opiniones diversas, y tan bien sustentadas como las del Vaticano. Esto explicaría la facundia actual, contrapuesta al laconismo gregoriano.

28-III-08, Eulàlia Solé, lavanguardia