´Montilla molesta´, Xavier Bru de Sala

Ya sé que no pocos lectores de La Vanguardia están, no sólo distanciados de la política, sino un poco hartos de sus protagonistas. Aunque llevaran razón, no es conveniente que la ciudadanía se distancie de la vida política. Hay que sacrificarse y no perderla de ojo. De otra manera, seguirá degradándose la vida pública, con los políticos adentrándose más y más en el laberinto que les ha diagnosticado Salvador Cardús, generando rechazo en una espiral que no puede acabar sin una crisis con incierto resultado, probablemente desmoralizador. Miren hacia Italia, paradigma de la desconexión entre la esfera política y la sociedad, de pérdida de tono moral, donde el griterío ineficiente de los partidos ha acabado por afectar en negativo el estado de ánimo de la ciudadanía.

Además de censurarles cuando convenga, hay que tener paciencia con los líderes. Nadie debería perder de vista que son en primer lugar dirigentes de sus partidos, que a ellos se deben antes que a nada, que no hay ni puede haber tranquilidad en su quehacer, por la propia naturaleza de los mecanismos del poder, siempre en disputa. Por último, deben tener en cuenta quienes les consideren poco brillantes, mediocres, ineptos o cosas peores, que actuales jefes de filas tienen experiencia, que van conociendo algunos de sus límites, que una situación de crisis puede ser explotada por un puñado de corruptas sanguijuelas que aprovechen la oportunidad para hincarle el diente al poder y soltarlo.

Todo lo anterior debía ser dicho, como advertencia de que el pimpampum contra los responsables públicos es muy arriesgado. En las situaciones de confusión o de neblina, lo prudente es moverse con tiento. Con la intención de alargar un milímetro la visibilidad, y pidiendo disculpas por si me sale al revés, quisiera destacar un vector fundamental de la política española que afecta de modo singular a Catalunya. Podríamos llamarle la molestia del PSC, aunque está encarnado en el president Montilla, cuya presencia en la Generalitat pronto será considerada el mayor de los impedimentos para la tranquilidad del Gobierno central y para la estabilidad de la legislatura que acabamos de inaugurar.

Si Zapatero y el PSOE consiguieran desalojarle y situar a Artur Mas en su lugar tras unas autonómicas anticipadas, el panorama cambiaría por completo. En este supuesto, CiU volvería a ganar sin mayoría absoluta. Bastaría entonces con que Mas gobernara en minoría con el apoyo del PSC para que, de modo automático aunque maquillado de cara a la galería, los diputados de CiU en el Congreso pasaran a completar la mayoría socialista. Esta sería la solución en mayúsculas. Pero como pudiera ser que Montilla no se dejara, como corresponde a un zorro listo, y que ERC se resistiera a la marginalidad que le deparan entre PSOE y CiU, y de la que sólo la salva el PSC, la componenda consiste en alimentar desde la Moncloa y todos sus frentes afines las expectativas de que el tripartito se divida y se hunda. Las expectativas y las ayudas exteriores. Puede que Artur Mas no llegue a president, pero la manzana dorada va a estar cerca, muy cerca, casi al alcance de su mano. Basta con que Zapatero haga lo posible para fastidiar a Montilla, para que CiU se relama por el retorno al poder. De ilusión también se vive. Aunque ya se comprende que el presidente del Gobierno debe guardar las formas institucionales y de colegas ante el de la Generalitat. Pero las tuercas serán apretadas, a fin de que el sueño dorado se haga realidad. Entonces, se habría acabado para siempre con la pesadilla de los díscolos capitanes, que se creen dueños de sus votos y no fiduciarios de Ferraz. La pérdida de influencia del PSC en el Gobierno y el PSOE es ya una evidencia. La traída de agua del Ebro, un trágala cuya intención es dejar en ridículo al Govern, aunque a Zapatero le esté costando algunas plumas. Vendrán otras trastadas de la Moncloa al tripartito, tantas como CiU sirva en bandeja, a fin de incrementar el deterioro del tripartito y su president.

El Govern deberá resistir una situación de pinza, compuesta por Zapatero a un lado y Mas y Duran al otro. Aunque no se la buscaran con sus errores, que esta vez sí han caído (por lo menos en el espejismo de pensar que gobiernan de veras en asuntos serios), la imagen se irá deteriorando por la acción combinada de esos formidables rivales, sin que por otra parte surjan apoyos exteriores o vectores de fortaleza interna. Montilla molesta, fa nosa.En su propia casa y en la de enfrente. Es de esperar que el PSC se resista lo que pueda, pues si ahora cedieran a las necesidades del PSOE, los capitanes volverían a sus feudos municipales para no salir de ellos en todo lo que les queda de vida política activa. A ellos y sus sucesores.

Así de duras y crudas son las luchas por el poder. Vivimos en una democracia mediática, que aumenta la cautela y el disimulo de las intenciones de los contendientes. Desde el poder y para los medios, gestos. Fuera de foco, puñales. Esta vez muy afilados, contra un president considerado mucho más intruso y peligroso que Pasqual Maragall.

18-IV-08, Xavier Bru de Sala, lavanguardia