´Que viene la Liga Norte, advierte Montilla´, Enric Juliana

El filósofo alemán Peter Sloterdijk, al que hay que leer despacio, porque es interesante, denso y musical, sostiene que el habitáculo esencial del alma humana es la esfera. Sólo en el interior de una esfera puede realizarse la armonía. Sentimientos e ideas - acaso la misma cosa, aunque con distinto nombre y dinámica- tienden a fabricar esferas. ¿Complicado? No, no es una rebuscada abstracción. Un adolescente pegado al teléfono móvil es un ser esférico.

En el tercer volumen de su trilogía sobre tan interesante materia, Sloterdijk roza el sublime delirio cuando define la época actual como la era de la espuma: una infinita aglomeración de microesferas, de vínculo liviano y extraordinaria disposición al cambio de forma. Una metáfora que nos aproxima a la afamada sociedad líquida del ensayista polaco Zygmunt Bauman. Agua y espuma. Bauman y Sloterdijk podrían abrir una peluquería. (Aclarar, peinar y marcar el caos contemporáneo, he ahí una alta misión para filósofos y sociólogos).

Quien viva a caballo de dos ciudades, no tardará en hacer suya la imagen poética de las esferas. Incluso es posible que la abrace con entusiasmo, ya que ayuda a explicar de manera seductora el no siempre fácil tránsito entre dos realidades intensas. Madrid y Barcelona, pongamos por caso.

O las diecisiete esferas autonómicas, alborotadas estos días por la reclamación catalana de una revisada solidaridad con la España subvencionada. Diecisiete esferas, sí señor. Diecisiete orgullos. Diecisiete relatos abocados a la repetición. Diecisiete parlamentos condenados al aburrimiento. Diecisiete burocracias sedientas de justificación.

Diecisiete debilidades, también, ante el futuro que se aproxima. Diecisiete administraciones que pronto, muy pronto, van a sufrir los rigores de un mayor malestar social. Diecisiete centros de poder cuyo éxito principal, sobre todo en el sur, ha consistido en el perfecto drenaje de los 118.000 millones de euros (19,5 billones de las antiguas pesetas) que Bruselas ha puesto a disposición de España en los últimos 20 años, ¡más dinero que el plan Marshall!

Diecisiete territorios,según la curiosa jerga empleada el viernes por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, socialista a fuer que federal. Diecisiete reinos de taifas, que ya lo leí yo en ABC,que esto algún día iba a acabar mal (dicen en el barrio de Salamanca). Diecisiete juntas, como en los albores del siglo XIX. Diecisiete directorios obsesionados por el poder mediático, como es ley en el siglo XXI. Diecisiete histerias, que escribiría Sloterdijk.

Visto desde Madrid, el choque entre el PSOE (esfera mayor) y el PSC (esfera menor) parece inexorable. El PSOE es prisionero de los intereses y sentimientos meridionales, ya que, con la única excepción de Catalunya y el País Vasco, tiende al retroceso en las grandes áreas urbanas. El PSOE es hoy el partido de la España tranquila, dotado de una hábil política de alianzas. Y el PSC es prisionero del experimento tripartito. Atrapado por una coyuntura muy adversa, José Montilla comienza a estar en un tris de pronunciar la fatídica frase de Lluís Companys el Sis d´Octubre de 1934: "Ara ja no direu que no sóc prou catalanista". Montilla puede acabar yendo más lejos que Pasqual Maragall en el desafío a José Luis Rodríguez Zapatero.

El presidente de la Generalitat y sus colaboradores repiten estos días, en público y en privado, que si el asunto de la financiación no se resuelve bien, el fermento de la Liga Norte germinará con fuerza en Catalunya, con el más que probable estallido de Esquerra Republicana, que hace unos años ya mostró gran interés por el éxito de Umberto Bossi. Significativa advertencia. Tras haber sido proscrito por el PSC y después de un reparador descanso de dos meses, el català emprenyat regresa de la mano de la primera autoridad.

Mirad a la deteriorada Italia, advierte Montilla a Madrid. Y tiene razón. La Liga Norte, campeona de nuevo en las ciudades del arco prealpino, es la amargura y el cabreo constituidos en identidad política. Esféricamente.

11-V-08, Enric Juliana, lavanguardia