ŽEl caso TelmaŽ, Pilar Rahola

Perdonen, pero quien menos me interesa del caso Telma es la señora Telma Ortiz. Primero, porque no practico el insano vicio de vivir la vida de los otros, y mi interés por conocer sus cuitas se reduce al puro cotilleo de bolsillo. Además, lo de la familia real y adosados no está entre mis preferencias lectoras, ni siquiera en el colorín peluquero. Sin embargo, el intento de Telma de frenar el acoso periodístico que dice sufrir sí que me parece muy interesante, porque suscita un inusitado debate sobre la relación entre prensa rosa y famosos. Más allá, pues, de si esta chica es mona, de si está embarazada o de si su novio es arisco, lo sustancial es su propia naturaleza de personaje público y qué límites marca esa condición en su vida cotidiana. Algunos amigos de mi estirpe republicana dicen que, si su parentesco con Letizia es una pesada carga, también ha sido una solvente ayuda profesional, con lo cual quedan equilibrados los términos. Es decir, ¡que se aguante! No estoy de acuerdo, más allá del debate republicano, que poca cabida tiene en toda esta polémica. Si Telma Ortiz tiene mejor trabajo hoy que ayer, y mejor posición, y ello se debe a ser la hermana de una futura reina, es algo que desconozco, aunque resulta altamente probable, aunque sea por evidente ósmosis.

¿O nos hemos vuelto todos tontos? Pero la cuestión no está en su cambio de vida ni en los ruidosos privilegios de que gozan los encumbrados habitantes del territorio real, sino en el derecho que tiene un famoso a no ser carne de paparazzi día y noche.

A pesar de que la demanda de Telma Ortiz no se aguantaba por ningún lado, y que, ley en mano, era inviable, su queja pública es pertinente y ahonda en los barrizales periodísticos que se han hecho dueños de la añeja crónica social.Es decir, puede que Telma Ortiz no tenga razón legal en su lucha por proteger su intimidad, sobre todo porque España, en esta cuestión, es un cachondeo. Pero, como decía Antxon Urrusolo en el programa 360 grados de Roberto Arce en Antena 3, tiene toda la razón moral.

Hablemos, pues, de ello. Aunque sea legal, ¿es lícita la persecución que sufren muchos personajes públicos, en aras de un pretendido interés informativo? ¿Es periodismo este tipo de periodismo? Es decir, ¿de qué hablan cuando dicen que hablan de información? Por supuesto, ni toda la prensa rosa traspasa los límites de la mínima elegancia, ni toda es maleducada, ni toda lo compra todo, a tanto el kilo de famoso. La significativa anécdota que explicó Julia Otero en El Hormiguero de Cuatro, que recibió un sonoro "hija de p." por parte de un fotógrafo porque se negó a hacerse una foto con su hija recién nacida, no representa a todos los profesionales que se dedican a estos asuntos. Pero, desgraciadamente, empieza a representar a muchos. El caso Telma Ortiz, por tanto, abre el melón de unas prácticas pseudoperiodísticas que, escudándose en la libertad de expresión, esconden auténticas cacerías de carne humana, cuyo único objetivo es hacer negocio con sus vidas. Es probable que para mucha gente sea noticia que Telma Ortiz espere un hijo y que, por tanto, su hermana princesa vaya a ser tía. Hasta aquí acepto, con dificultades, el concepto de información de interés general, y ello tragando mucha saliva. Pero considerar noticia que suba a una moto, que se corte el pelo o que salga a pasear al perro lo tiene todo de acoso soez, de mercadeo con la cotidianidad de los demás, y nada de información. Si, además, como se sabe, muchos famosos son pinchados para conseguir un momento de tensión - que siempre vende más en el mercado del morbo-, o incluso son insultados, y sus vidas son juzgadas en una especie de juicio paralelo permanente, repartiendo sus tripas por los platós de televisión, entonces estamos ante el espectáculo del matadero público.

Ni la información, ni el periodismo, ni el bien general, nada de ello tiene que ver con un negocio suculento que ha encontrado, al amparo de unas leyes demasiado permisivas con la intimidad, el mejor producto de todos: el de la vida ajena. No son periodistas, son cazadores. El problema es que en este país siempre está levantada la veda de caza.

18-V-08, Pilar Rahola, lavanguardia