´La suerte de Sharon Stone y Manel Ollé´, Quim Monzó

Apesar de la visión que del Gobierno chino dan algunos corresponsales en Pekín (como incomprendido por los perversos occidentales, que no alcanzan a ver su gran bondad), la intolerancia del régimen es algo que conocen bien todos aquellos que han tenido que soportar sus presiones cada vez que alguien no se ajusta a su Diktat. Hace meses, un miembro del Govern me explicó las casi amenazas a las que el consulado les sometió cuando el Dalai Lama visitó nuestro país. "Nunca había vivido una situación tan desagradable", me dijo.

Ahora la presionada es Sharon Stone, que ha dicho que el seísmo de Sichuan es un castigo, consecuencia del mal karma que tiene China por su actitud contra el pueblo tibetano. Que estas declaraciones sean una chorrada - una versión budista del "castiiigo de Dios..." que se oía por aquí-, no impide que tenga derecho a hacerlas, y a creer que el comportamiento de China en Tíbet es criminal. El caso es que han retirado sus películas y han hecho que su imagen desaparezca de los anuncios de Christian Dior. Y ya puede dar gracias Sharon Stone de que los chinos no sean mayoritariamente musulmanes. Le explicaré el porqué.

Manel Ollé - crítico literario, poeta, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Pompeu Fabra, autor de La invención de China y La empresa de China,traductor de Gao Xingjian y Pu Songling, colaborador de La Vanguardia...-vivió un caso singular hará un par de años. Una asociación de empresarios le invitó a un encuentro en Sevilla para hablar de las perspectivas de aquel país. Ollé tenía que dar una conferencia sobre cultura e historia chinas. Como, meses antes, había publicado el libro Made in China: el despertar social, político y cultural de la China contemporánea,la editorial decidió situar a la entrada de la sala una mesa con ejemplares del libro, en cuya portada se ve el famoso retrato de Mao con orejas de Mickey Mouse.

Cuando llegaron los de la embajada china, al ver la portada se mostraron ofendidos. Dijeron que se iban. Ollé, que conoce el percal, intentaba mimetizarse con las paredes, pero entonces uno de los organizadores, que trataba de calmar la ira de los ofendidos, le señaló: "Él es el autor". Con cara de pocos amigos se le acercaron y le ordenaron que cambiase la portada. Ollé les explicó que no es él quien decide la portada, sino los editores. Uno de la embajada levantó un dedo amenazador: "Pues olvídese usted de hacer negocios con China". Ollé le dijo que no tenía intención de hacer ningún negocio con China. El grupo dio media vuelta, pero un hombre se quedó y, con mirada de hiel, le dijo:

- Tienes suerte de que no somos musulmanes.

La misma suerte que tiene ahora Sharon Stone. Así las gastan.

30-V-08, Quim Monzó, lavanguardia