´Y lo de Petràs, ¿cómo lo tenemos?´, Quim Monzó

Hace tres semanas que la Agencia de Salud Pública de Barcelona prohibió a Llorenç Petràs vender insectos en su puesto del mercado de la Boqueria. Fue un caso muy comentado. Se lo prohibió tras haber pedido consejo a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, y tras decidir esta que no se vendan insectos en España hasta que haya una normativa que regule su comercialización para el consumo alimentario.

Pues bueno, acabo de encontrar un artículo en la prensa que parece pensado a posta para la situación. Apareció este lunes - 2 de junio- en el Daily Mail,firmado por Beth Hale. Explica que, tras darle vueltas a la cosa, los científicos proponen que, a nuestra dieta habitual, le añadamos insectos. "Se dice que, secos, algunos insectos tienen el doble de proteínas que la carne y el pescado crudos, y otros son ricos en grasa insaturada y contienen vitaminas y minerales importantes". Según es sabido, fuera de Europa hay muchos lugares donde se comen sin problemas. El Daily Mail reseña algunos: en Taiwán, grillos fritos y orugas salteadas; en México, larvas de gusanos de maguey; en Papúa Nueva Guinea, larvas de sagú, y libélulas en Bali. Nuestros remilgos, nuestros ascos descarados, nuestros "bleaghh, ¿eso te vas a comer?" no parecen tener mucho sentido: "Al fin y al cabo, los insectos son artrópodos, igual que los cangrejos, las gambas y las langostas, todos ellos aceptados por el paladar europeo".

Pero el trozo más interesante del artículo es cuando explica que, además de sus virtudes nutritivas, comer insectos sería altamente beneficioso para el medio ambiente. Dice la señora Hale que "comer insectos reduce las plagas y le pone al planeta menos presión que comer carne convencional". (Me encanta eso de carne convencional,por cierto.) La FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, está asimismo convencida de que, si comiésemos insectos, el mundo y el desarrollo serían más sostenibles."Criar insectos contribuiría a preservar los bosques - que son necesarios para atraerlos- y por eso se fomenta en algunos países". Muy interesante también el detalle de que, en Tailandia, incapaces de enfrentarse con pesticidas a las langostas (las langostas insectos, no las langostas crustáceos), "el gobierno decidió convencer a la población de que se las comiese, y a tal efecto distribuyó recetas".

Si yo escribiese en un diario de esos que buscan siempre la forma de coger el rábano por las hojas y meter maraña como sea, a este artículo le hubiese puesto por título: "¡La Agencia de Salud Pública de Barcelona y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición atentan contra el medio ambiente!". Y me hubiese quedado tan ancho.

7-VI-08, Quim Monzó, lavanguardia