(mecenazgo:) ´Québec y Francia´, Xavier Bru de Sala

Parece mentira cómo Québec y Francia, sin haberse puesto de acuerdo, optan por mejorar la financiación de la cultura con medidas imaginativas, incorporando al tradicional presupuesto público una panoplia creciente de desgravaciones. Tanto un país como el otro han decidido sumar modelos. Al propio, que es el nuestro pero con bastantes menos insuficiencias en un caso y casi sin ellas en el país de la grandeur cultural, están sumando el modelo anglosajón de donaciones incentivadas. No se trata de un cambio, no es para nada un pasarse al campo de matriz británica eliminando subvenciones y recortando presupuestos. Al contrario, convencidos ambos, y no son los únicos, de que la cultura sólo es un signo de identidad, o un seguro para que lo sea en el futuro, en la medida que consiga mantenerse o en su caso llegar a sector estratégico en la sociedad del conocimiento y la innovación, buscan fórmulas para que la sociedad, los particulares y todo tipo de empresas contribuyan al desarrollo y sostén de la cultura como lo harían a la investigación ligada al desarrollo. La diferencia no es de resultados, sino de tangibilidad o inmediatez. Lo más importante es generar un discurso público de complicidad social mediante el cual los nuevos mecenas experimentan la satisfacción de sus actuaciones, la sociedad se lo agradece y el Estado se implica devolviendo a los bolsillos privados una parte, a menudo sustanciosa, de lo que han gastado en beneficio del conjunto.

En Francia, funciona un pequeño pero muy activo departamento ministerial cuya única finalidad es favorecer el mecenazgo. Es un motor directo, como nuestra Agència Catalana del Mecenatge. También un observatorio. Pero en primerísimo lugar, se proponen allí los cambios legislativos anuales para favorecer mejor la financiación privada de la cultura. Cada año y a fin de favorecer los resultados, se actualiza dos veces la norma. La agilidad llega al punto de que no hay ley de presupuestos en la que no figuren nuevas disposiciones, o retoques para agilizar las anteriores. Asimismo se mejora la normativa en la ley de cierre de los presupuestos. En España, cuya ley fue buena en su momento, se necesitan tres legislaturas para toar una coma.

Québec, entre tantas novedades ejemplares en las que podríamos fijarnos, es pionera en desgravaciones a empresas culturales de sectores considerados estratégicos. Se rompe así el tabú, aún vigente en Francia y en países del área de influencia del modelo anglosajón, de considerar que donde hay beneficio, o posibilidad de tal, el estado y la sociedad no deben favorecer de manera especial el desarrollo. La competitividad exige, en los países pequeños, un mayor esfuerzo público, y Québec obra en consecuencia. Con mayores instrumentos, pero también con la decisión que nos falta.

16-VII-08, Xavier Bru de Sala, lavanguardia