´El síntoma italiano, Llŕtzer Moix

Oliviero Toscani, fotógrafo aficionado a zarandear conciencias con sus campañas publicitarias para Benetton, efectuó en abril un desolador análisis de la sociedad italiana. Entrevistado por El País en vísperas de la vuelta de Berlusconi al poder, dijo: "La precariedad de la inteligencia se ha hecho norma, los profesores ganan menos que los obreros, nadie respeta la escuela, y hay que defender a los profesores de los idiotas de los padres...". Y añadió: "No es posible refundar el país, porque la decadencia no es económica, es moral y se emite a todas horas por televisión. Hemos sido vencidos por la vulgaridad. Moriremos elegantes, vestidos a la última moda, vulgares, vacíos e idiotizados por dentro".

El diagnóstico de Toscani - decadencia moral- podría haber quedado archivado en un rincón de mi memoria, con los de otros enfermos que, con suerte y voluntad de enmienda, acabaron sanando. Pero ha vuelto a la superficie del recuerdo con la persistencia con que un balón sumergido sale a flote. A ello han contribuido las apariciones de Berlusconi en la tele escupiendo bromas machistas; las filmaciones de Nápoles convertido en estercolero por la huelga de basureros; o las penalidades que sufre Roberto Saviano tras publicar su libro contra la mafia, entre otras noticias italianas.

¿Qué tienen en común esas tres noticias? ¿Dónde se hunden las raíces de esa decadencia moral? Quizás en una mezcla de egoísmo y de cosmética satisfacción. Se suele decir que en Italia flaquea el sentido de Estado, sobre el que se impondrían las familias, los clanes, las sociedades secretas. Añádase a estos generalizados egoísmos la suma de las satisfacciones personales y obtendremos una posible explicación del mal del país.

En una escena de La escapada,el fallecido Dino Risi sintetiza e ilustra con brillantez lo que un servidor trata, torpemente, de exponer: el egoísta satisfecho que interpreta Vittorio Gassman aparca mal su deportivo y, para evitar ser multado, roba el ticket de estacionamiento del parabrisas de un coche vecino, lo coloca en el del suyo y parte feliz al encuentro de la vida. ¿Divertido, eh? La commedia all´italiana - ya fuera de Risi, Comencini, Scola o Monicelli; ya contara con Gassman, Sordi, Mastroiani o Tognazzi- nos ha deparado mucha diversión. Pero sus relatos eran también pura crítica social... Nada más lejos de mi intención, en estas fechas julianas, prevacacionales, que meterle el dedo en el ojo a Italia, país admirable, cuyos males afectan además, en varia medida, a otras naciones. Para comprobar esto último, nos bastará con mirar a nuestro alrededor recordando - si aún sabemos hacer dos cosas al mismo tiempo- las palabras de Toscani: "La precariedad de la inteligencia se ha hecho norma... La decadencia es moral y se emite a todas horas por televisión... Moriremos vestidos a la última moda, vacíos e idiotizados por dentro".

20-VII-08, Llàtzer Moix, lavanguardia