“Nuclear y chapuza“, Francesc-Marc Įlvaro

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha propuesto al Ministerio de Industria que aplique una sanción severa, que podría alcanzar los 22,5 millones de euros, a la central nuclear de Ascó por la fuga radiactiva de noviembre pasado, incidente que no se conoció públicamente hasta principios de abril. La noticia reabre, sin duda, el debate pendiente sobre el uso de la energía nuclear en España, en un momento en que varios países - Francia, Reino Unido, Finlandia, Ucrania, Rusia, Japón, EE. UU.- han decidido construir más centrales nucleares. Un total de ocho instalaciones nucleares operan en territorio español y en su conjunto aportan más del 20% de la energía eléctrica consumida. Específicamente en Catalunya, la energía generada por las centrales de Vandellòs y Ascó representa más del 50% del consumo anual eléctrico.

La discusión puede plantearse en términos antiguos de "nuclear sí o no" o puede conducirse de forma más abierta, analizando cómo nuestra sociedad debe hacer frente a las crecientes demandas energéticas, equilibrando eficiencia, seguridad y sostenibilidad. Hay que tener cuidado con ciertas contradicciones en este campo. El presidente Zapatero no parece dispuesto a apostar por la energía nuclear pero, en cambio, nuestros vecinos franceses lo están haciendo muy cerca de nuestros hogares y, además, no tendremos problema alguno a la hora de adquirir la electricidad que se produce al otro lado de la frontera.

De momento, y a la luz de lo ocurrido en Ascó, no debemos equivocarnos. El debate necesario es más sobre los peligros de la chapuza y la irresponsabilidad empresarial que sobre las bondades o maldades de la energía nuclear. Veamos. El CSN señala que las cosas se hicieron rematadamente mal, empezando por los registros de vigilancia. Una vez descubierta la fuga, no hubo un control de contaminación externa del personal y, tras la detección de partículas calientes, el 14 de marzo, no se señalizaron ni delimitaron radiológicamente las zonas de libre acceso. La central, según el CSN, no actuó debidamente en cuanto a la notificación del incidente y en los protocolos informativos. Se llamen irregularidades, errores o descuidos, lo cierto es que esta suma de decisiones erróneas acaban conformando un cuadro típico chapucero que, para mayor gravedad, se trató de tapar descaradamente. Para alarma, sobre todo, de las poblaciones cercanas a la central, preocupadas con razón por lo sucedido.

Del mismo modo que cuando se hunde un edificio por una mala práctica que desemboca en tragedia no discutimos acerca de las virtudes o defectos de tal o cual arquitectura, lo que ocurrió en Ascó no resta ni suma ventajas ni desventajas a la energía nuclear, pero obliga a pensar seriamente en la fiabilidad de los controles y garantías de que disponemos para hacer lo que hacemos.

19-VIII-08, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia