´Eres rumano, sí, ¿y tu amigo también?´, Quim Monzó

Me embelesa la campaña publicitaria del Gobierno de Rumanía para mejorar la imagen que los inmigrantes de aquel país tienen aquí. Supongo que debe haber precedentes - como en todo- pero nunca había visto a un gobierno contrarrestando con publicidad la mala fama de su gente. De la campaña se va a hablar muchísimo más de lo que ya se está hablando. De entrada, el colectivo rumano se apunta un tanto: se destaca de los demás colectivos de inmigrantes porque a ningún otro se le ha ocurrido batallar por el prestigio de sus ciudadanos, y eso marca distancia.

Setecientos mil rumanos residen en España. En la presentación de la campaña, la embajadora en Madrid explicó que la percepción que hay aquí hacia los rumanos "es muy positiva cuando hay una interacción directa". ( "Interacción directa" quiere decir "cuando los conoces en persona".) Dijo también que "es negativa cuando la opinión es resultado sólo de la información obtenida a través de los medios de comunicación", y que hay que "acabar con prejuicios y estereotipos".

He visto tres spots televisivos y tres anuncios en prensa, los que muestran en la web de la campaña. En uno se ve a una eficiente muchacha rumana que trabaja como ayudante sanitaria en una ambulancia. En otro se ve a un hombre y a una mujer que trabajan en una granja de cerdos y caballos. El dueño de la granja está encantado con ellos. El tercero es un director de hotel, del que el dueño de la cadena está orgulloso. Al final de cada spot y al pie de cada anuncio aparece el eslogan - "Hola, soy rumano"- y tres manos abiertas: una roja, una amarilla y una azul; los colores de su bandera. La mano abierta remite a la mano de la campaña antirracista francesa, la de Touche pas mon pot,que aquí se tradujo como No emprenyis el meu amic.

Pero, curiosamente, en los anuncios sobre la ejemplaridad de los rumanos no aparece ningún gitano. Los cuatro rumanos modélicos que nos enseñan son de tez más bien pálida. Y, en cambio, deberían haber pensado también en los gitanos de su país. Porque hay muchos en los estados del oeste de Europa. Aunque no de forma exclusiva, ellos son protagonistas de los problemas que hay en Italia y que tanto revuelo han provocado estos últimos tiempos. Esta campaña publicitaria, que ahora presenta el Gobierno de Bucarest dirigida a los españoles, nace precisamente de ese malestar ante los rumanos, e intenta avanzarse a lo que aquí podría suceder si se llegase a situaciones como las italianas.

Entonces ¿por qué no aparece ni un gitano rumano en los anuncios? ¿No los consideran rumanos? ¿O no los consideran defendibles? Sea por lo primero o sea por lo segundo, la campaña publicitaria, debilitada por esa contradicción, cae estrepitosamente por los suelos.

25-IX-08, Quim Monzó, lavanguardia