´Lo siento mucho: la vida es así, no la he inventado yo´, Quim Monzó

El viernes, Fernando Ónega publicaba en su sección una nota en la que explicaba: "Dicen los mentideros de la Villa y Corte que al Rey le encanta decir algo en catalán, gallego o euskera en sus discursos. (...) Pero no le entusiasma ver la leyenda de Joan Carles I o Xoán Carlos I cuando corre la cortina de una placa que recuerda que estuvo allí. ´Es - explica un experto en Casa Real- que se llama Juan Carlos, igual que, a la inversa, Carod no se llama José Luis, sino Josep-Lluís´".

Es una nota curiosa, y curioso también que quien dé esa explicación sea un "experto en Casa Real". Porque el argumento no se aguanta por ningún lado. Carod es un vulgar plebeyo, un señor corriente al que, cuando se corta con un cuchillo, le mana sangre roja. En cambio, si Juan Carlos I se corta, la sangre que le mana es azul. Es el Monarca, miembro de la aristocracia, una de cuyas características es que sus nombres se traducen. Si hablamos en español, al príncipe de Gales lo llamamos Carlos y no Charles. Hablar del príncipe Charles sería una ridiculez. Hablamos de la reina Margarita de Dinamarca y no de la reina Margrethe, porque seríamos memos si en español la llamásemos Margrethe. Hablamos de Beatriz de Holanda y no de Beatrix. Porque todos ellos pertenecen a esa casta cuyos nombres se traducen al idioma en el que en ese momento se habla. Por eso, si hablamos en catalán, la reina danesa es Margarida y la reina holandesa es Beatriu. Por eso mismo, en catalán, el inglés Charles es Carles. (Y Carlo en italiano, y Siarl en galés, y...) Así son las cosas y el hecho de que algunos diarios europeos y americanos no traduzcan el nombre de Juan Carlos I y de otros miembros de la nobleza no sienta ningún precedente sino que muestra su ignorancia. En inglés, por cierto, su nombre completo es John Charles Alphonse Victor Mary of Bourbon and Bourbon-Two Sicilies. Ya ven: hasta los apellidos se traducen si hay sangre azul de por medio.

Precisamente, hablando en catalán los republicanos nunca le llaman Joan Carles, sino Juan Carlos. Porque así dejan claro que lo consideran un ciudadano sin más, que no tendría que ocupar el cargo que ocupa sin haber pasado por las urnas. De modo que, en cierta medida, el uso de Joan Carles I y de Xoán Carlos I es monarquista. No sé si es verdad o no eso de que no le gusta ver su nombre en catalán y en gallego, pero a esa preferencia suya no le veo yo otra solución que una que encantaría a los republicanos y que convertiría a Juan Carlos I en ciudadano de a pie. Ya nunca más sería Joan Carles I ni Xoán Carlos I (ni Ioannes Carolus I, ni Ivan Karlo I, ni János Károly I...). Sería Juan Carlos a secas, siempre y en todo momento. Pero, mientras no se dé esa situación, ver su nombre traducido va incluido en el cargo, y en el sueldo.

7-X-08, Quim Monzó, lavanguardia