´Ninfómanas y ´botiguers´´, Francesc-Marc Álvaro

Con la prisa que tienen algunos por enterrar el liberalismo en general (confundiendo a los tramposos con todos los jugadores) aprovechando la que está cayendo, no acertamos a ver algunos fenómenos paranormales que deberían asombrar a propios y extraños. Por mi parte, modestamente, quiero destacar un cambio de papeles sensacional que debería alarmar a los más afinados teóricos del pensamiento político y económico, incluidos los incansables estudiosos del neoconservadurismo atlántico a los que hace tilín que la ley islámica pueda regular oficialmente asuntos entre europeos musulmanes a la vez que - y en ello sí tienen toda la razón- cargan contra el delirio antievolucionista de una parte de la derecha de EE. UU. ¿Por qué algunas cabezas que han descollado en la crítica de los reaccionarios made in USA se vuelven valedores de la reacción pagada por Arabia Saudí?

Vayamos a las paradojas del día. El Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por las izquierdas, ha asumido ahora la visión más salvaje del mercado, superando a todos los discípulos de Milton Friedman. Las obras de construcción del túnel del AVE han comportado ya el cierre definitivo de algunos negocios de la calle Mallorca, afectada por el cierre del tráfico. Ante las quejas de los comerciantes, la respuesta del portavoz y responsable del área económica municipal, Jordi William Carnes, no deja lugar a dudas: "Somos conscientes de que hay gente que se queda por el camino en estas situaciones, pero la experiencia dice que al final se produce un fortalecimiento del sector". En tiempos de rescate de grandes bancos, la socialdemocracia local le dice al pequeño comerciante que se aguante. A los damnificados de la calle Mallorca no les aplicarán ni socialismo para ricos ni para pobres. Eso les pasa por ser botiguers.

Mientras, en el Madrid del PP, donde la presidenta autonómica se las da de liberal y el alcalde se las da de moderado y moderno, los autobuses de la empresa municipal no exhibirán el cartel de la película Diario de una ninfómana,censurado como si viviéramos en aquellas zonas del mundo donde la alianza de política y religión vela tan intensamente por la moral de los súbditos que la libertad no merece tal nombre. Además, esta moralina recuerda mucho lo que pasaba aquí antes de 1975.

Así las cosas, siempre hay una tercera vía consistente en que el Estado meta las narices en nuestra vida sin aumentar sus prestaciones. Se trata del peor intervencionismo, mero afán de control. Un ejemplo: el anteproyecto de ley del libro segundo del Código Civil que prepara el Govern de la Generalitat quiere obligar a los padres de hijos adoptados a revelar esta circunstancia a partir de los 12 años. ¿Es necesario recurrir a ello, teniendo en cuenta el cambio positivo en la consideración social de la adopción? ¿No bastaría con una recomendación?

17-X-08, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia