´Crimen ideológico´, Francesc-Marc Álvaro

El juicio a dos de los imputados por el caso de la mortal agresión a Rosario Endrinal en un cajero automático provoca muchas preguntas. Una de ellas tiene que ver con el móvil del ataque cometido por los tres jóvenes barceloneses: ¿Por qué lo hicieron? Dado que no se trataba de un robo ni de una violación, dado que el hecho tampoco se puede catalogar de violencia doméstica, dado que sus autores no pertenecen a ninguna organización delictiva o banda callejera, dado que su extracción social no permite hablar de marginalidad y dado que ninguno de ellos sufre un trastorno de cariz psiquiátrico tenemos un problema. Y, ante la dificultad de explicarnos lo aparentemente inexplicable, usamos etiquetas urgentes como "violencia gratuita" o "violencia sin sentido". A estas alturas, y tras escuchar lo dicho por los jóvenes ante el tribunal que juzga sus actos, no es exagerado considerar que estamos ante un crimen ideológico. Más allá de estereotipos, vestimentas y símbolos, la ideología sobrevuela el caso y sería irresponsable negarlo.

No se trata de una ideología explícita formulada como una doctrina orgánicamente seguida. Es una ideología que no se reconoce como tal, emboscada en actitudes primarias. Es el grado 0 de la ideología, un magma informe pero denso y corrosivo. Durante la vista, ha quedado claro que no era la primera vez que estos jóvenes la emprendían contra personas indigentes. Menospreciar, odiar y escarnecer a los que han caído en el lado oscuro y lo han perdido todo es una posición ideológica evidente, incluso cuando quienes la toman no son conscientes de ello. Es una ideología sustentada en valores negativos cuya premisa es la deshumanización radical del otro. Al igual que ocurre con las ideologías que están detrás del odio a las mujeres, a los homosexuales, a los extranjeros, a los que no pueden valerse por sí mismos, a los que profesan religiones distintas o a los que viven sin seguir los estándares generales. Uno de los encausados declaró: "Yo nunca he sido racista ni clasista, ni de ninguna ideología denigrante". Seguramente fue sincero, si atendemos al sentido habitual dado a la expresión "ser de ninguna ideología". Los jóvenes no militaban en nada, no hacían bandera de sus gestas, simplemente elegían. Y en la elección de la víctima aparece lo ideológico como móvil. Elegir al pobre, al débil, al desamparado como víctima es ideología en estado puro. Durante el juicio, a los jóvenes, pese al tono tranquilo, se les ha escapado su ideología por los detalles: "Olía mal", apuntaron a beneficio de inventario.

Escribo estas líneas antes de conocer la sentencia. Los que causaron la muerte de Rosario Endrinal han dicho que sólo pretendían gastarle "una broma" y que no querían hacerle daño. Obviando la colilla y el líquido inflamable, la ideología parda busca escapatoria en un inexistente azar.

24-X-08, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia