(mal)vendiendo(nos), Pedro Nueno

El discurso del alcalde de Barcelona en Shanghai, el lunes pasado, fue el correcto: "Vengan ustedes a Barcelona". Nos hemos de poner las pilas para no perder también esta oportunidad. La primera oportunidad era hacerse con un trozo de aquel mercado inmenso. Poquísimas empresas españolas lo conseguirán. Nos han faltado ganas, compromiso. Hemos encontrado mil excusas para engañarnos, retrasarlo, incluso echar la culpa a algún chino de haber sido un mal socio cuando lo único que nosotros aportamos fue ambigüedad. China baja de crecer el 11% al 9%, y el Gobierno dispara un plan de inversiones de 600.000 millones de dólares para reanimar la economía.

Los empresarios chinos y los altos directivos de empresas europeas y americanas implantadas allí se sienten apoyados por aquel Gobierno. Hay empresas europeas, como Volkswagen, que sacan de China una parte muy importante de sus beneficios. Recuerdo los primeros directivos de Volkswagen en China. Y los de Bayer, BASF, Akzo Nobel y otras. Gente con ilusión, madura, que conocía bien su compañía, austera, sacrificada, creativa, capaz de entusiasmarse y entusiasmar. Aprendí un montón de esa gente. Estaban enamorados de sus empresas y tenían el apoyo del gran jefe. Aquello sólo se puede repetir (con más dificultad) en India y (con mucha más dificultad) en África. Pero nosotros encontraremos la forma de volver a engañarnos.

Hoy los empresarios chinos saben que han de salir al mundo. Ha llegado ese momento. Hace un año pasaban olímpicamente de esto; justo después de los Juegos Olímpicos ya no pasan. Van a salir. No saben bien cómo ni adónde. Nadie quiere ser el primero en equivocarse, pero nadie quiere ser el tercero detrás de dos que hayan acertado. Lo mismo pasa con el turismo. Es un tema de conversación entre chinos con medios. Los americanos ricos hablan de sus propiedades en Europa: un apartamento en Londres o en París, una casa en el sur de Francia. Los europeos ricos, de sus propiedades en América: un apartamento en Manhattan, casa en Miami.

A los chinos ricos les gustan estas conversaciones. Y no van a ser menos. La única oportunidad que nos queda con China es que vengan ellos. Que trabajen ellos. Que la imaginación la pongan ellos. Que nos compren las empresas que no tienen futuro y que tendremos que cerrar, o que nos compren ese piso fantástico o, simplemente, que vengan a pasear por Barcelona y se compren un montón de cosas que no necesitan porque hacer turismo, ya saben, es ir a comprar cosas innecesarias a un lugar lejano.

El discurso del alcalde en Shanghai fue por aquí, y todo lo que hizo en China fue vender Barcelona. Oyéndoles, yo casi no me reconocía: somos amables, educados, internacionales, trabajadores, emprendedores, acogedores, superavanzados, únicos. Ya sólo falta que los chinos descubran cómo venir a Barcelona sin que se los queden en París o Londres o en otro sitio donde deberán hacer escala, que no los maltratemos cuando vayan a pedir un visado, que ellos sean conscientes de que han de pedirlo con más de un mes de anticipación, de que tendrán que ir varias veces para que se lo den y de que los mirarán como si en lugar de venir a resolvernos un problema viniesen a robarnos algo. Hay trozos de esta España nuestra que siguen anclados en la edad media. Los pagamos entre todos, y nuestros hijos pagarán las consecuencias.

17-XI-08, Pedro Nueno, lavanguardia