´Los liberales visigóticos´, Enric Juliana

La nieve se derrite en Madrid y pronto no quedará nada de la postal vienesa del Retiro. Ni del halo romántico de la Castellana, allá por el Café Gijón, donde el paisaje ha quedado tan bien dibujado - aquí unos árboles con algodón, aquí unas farolas heladas, aquí Sissi y aquí el conde Andrássy (el Francesc Cambó de Budapest en la fase autonómica del imperio austrohúngaro)-,que hasta suena una música de violines. Tocan la marcha Radetzky. Ha quedado muy bien nevada Madrid.

Pronto caerán los carámbanos que gotean del delfinario de la plaza República Argentina, en el cruce de Serrano con Joaquín Costa, donde Emilio Romero, maestro de periodistas, de intrigas y de enredos, tenía cuartel general en el restaurante Mayte Commodore. La nívea dulzura se derrite, y mañana mismo recomenzará la brega. En Caja Madrid, por ejemplo, donde la señora Esperanza Aguirre ha organizado un portentoso Vietnam. Una ruda lucha por el poder con todos los ingredientes del sainete madrileño. Un plato que habría sido muy del gusto de Romero en la época más efervescente del diario Pueblo.

La señora Aguirre quiere echar a Miguel Blesa de la presidencia de la entidad para poder manejar mejor los hilos de la segunda caja de ahorros española. La Comunidad de Madrid está muy endeudada, y su presidenta aún no ha tirado la toalla de las Grandes Ilusiones. Sueña con la Moncloa. Sueña con ser la primera mujer al frente del Consejo de Ministros. Planea un segundo jaque a Mariano Rajoy. Y no dudará en ejecutarlo si el Partido Popular flaquea el 1 de marzo en Galicia y el País Vasco. "Si las cosas nos van mal en las elecciones vascas y gallegas, no esperaremos a las europeas del mes de junio", explican en privado gentes del sector disidente. Para pilotar mejor los intereses del Gran Madrid en la tremenda marejada de la crisis y cohesionar una sólida plataforma de asalto al poder, la señora Aguirre necesita Caja Madrid a sus órdenes. Blesa simpatiza con el Partido Popular, evidentemente. Es amigo y ex compañero de estudios de José María Aznar. Pero ello no basta en la división más acorazada de las Españas. Ha querido tener vuelo propio y fue propuesto por Alberto Ruiz-Gallardón, cuando el alcalde (que también sueña, y mucho, con la Moncloa) presidía la Comunidad. Blesa ha decidido atrincherarse, y la batalla puede acabar en los tribunales.

Como el lector recordará, gobiernan el Gran Madrid los liberales. "Los liberales a hostias", dice Rajoy en sus momentos de más aguda retranca. Un liberalismo visigótico que no siente ninguna necesidad de guardar las formas, puesto que nadie le fiscaliza con energía.

El PSOE madrileño y los sindicatos cabildean. Y la prensa asiste al espectáculo entre modosa y complacida. De ocurrir una cosa similar en Catalunya, RICART no habría tinta suficiente en las rotativas. Imaginemos los titulares, si el presidente de la Generalitat quisiese expulsar hoy al principal directivo de La Caixa con una ley electoral de última hora. Han aprobado un reglamento que introduce el ingenioso criterio de los depósitos per cápita,con la consiguiente prima a los acaudalados cuentacorrentistas de Majadahonda (territorio Aguirre), en detrimento del municipio de Madrid. Barcelona también pierde, por si acaso. Los ocho delegados a los que tenía derecho se han visto reducidos a uno. Orillemos por un momento la ironía. Si eso ocurriese hoy en Catalunya, el escándalo sería mayúsculo. Así funciona el liberalismo visigótico. Así refuerza sus tropas de asalto, el grupo dirigente que sueña con llegar a la Moncloa movilizando a la sociedad española contra el catalanismo y sus excesos (y sus reiterados errores).

Con el 50 por ciento del ahorro en sus depósitos, las cajas son parte fundamental de la anatomía del poder político en España. Sin tener en cuenta a las cajas es imposible una correcta lectura de las relaciones entre territorios. En este imprescindible mapa, La Caixa es el nódulo con mayor autonomía política. Los grandes despachos de Madrid lo saben bien. Es el modelo más liberal (en el que también ha habido luchas e intrigas). Porque Catalunya -no debe de dar vergüenza escribirlo- es la sociedad más democrática de España.

11-I-09, Enric Juliana, lavanguardia