"Objetivo: mediocridad", Pilar Rahola

La promesa electoral del president Ximo Puig, este sábado en Alicante, no se enmarca en esa categoría de lo surrealista, porque aterriza en un tema de fondo cuya solución prometida es posible cumplir. Pero precisamente porque no es una tontería, ni una quimera, me parece aún más preocupante el mensaje que inevitablemente envía. Dice Puig que, si gana las elecciones autonómicas en mayo, “a partir del año próximo todos los estudiantes universitarios que aprueben el curso, al año siguiente tendrán la matrícula gratuita”. Es decir, universidad gratis total, si se van aprobando las asignaturas, aunque sea con un cinco pelado. O como se llame ahora la nota, que con tanto buenismo ya no sabemos qué es un aprobado y qué un suspenso.

La cuestión es que si su promesa es pura demagogia y no hay intención de cumplirla sería una indecencia, porque estaría jugando con un tema sensible y con las expectativas de los alumnos. Pero si es cierta, también me parece que raya un populismo peligroso, porque abunda en la socialización de la mediocridad. Por supuesto, estoy a favor de un buen sistema de becas que no discrimine por cuestiones económicas y que tienda a disminuir las diferencias sociales, para que todas las personas que quieran ir a la universidad (y demuestren que quieren estudiar y no pasar el rato) puedan hacerlo. Pero estoy en contra de potenciar la mediocridad y despreciar el talento, y creo que la promesa del president valenciano va en esa dirección. ¿Premiar con la gratuidad a quienes simplemente aprueben? Es decir, ¿sólo con pasar la asignatura por lo mínimo ya merecen premio? ¿Dónde está la lucha por el alto conocimiento, la cultura de la superación, la exigencia educativa? Y ¿qué mensaje se envía a quienes luchan por sacar las mejores notas si un simple aprobado ya se considera suficiente esfuerzo? Sinceramente, creo que es un disparate que merita la mediocridad y que sólo ayuda a socializar la miseria cultural. El conocimiento exige esfuerzo, y determinación, y más al nivel universitario, pero si se reduce a un simple pase de curso, entonces queda seriamente devaluado. Es un mensaje letal para la excelencia.

26-III-19, Pilar Rahola, lavanguardia