¿estás a favor de los spitzenkandidaten?

Hay palabras que a pesar de muchos e ímprobos esfuerzos no consiguen cruzar los límites de la “burbuja de Bruselas”. Vocablos ampliamente utilizados en el ámbito comunitario que son perfectos desconocidos fuera de sus fronteras. Spitzenkandidaten es uno de estos términos, de difícil pronunciación para los no alemanes, que fracasa en su principal objetivo declarado, ofrecer a los votantes la posibilidad de elegir directamente al presidente de la Comisión Europea. En español se suelen denominar “candidatos principales”, pero parece claro que algo se perdió no en la traducción, sino en la esencia del concepto. Ofrecen una expectativa, la de elegir al sustituto de Jean-Claude Juncker, que no tiene por qué corresponder con la realidad.

Precisamente, este miércoles los Spitzenkandidaten celebran su tercer debate de la campaña, esta vez en Bruselas, con presencia de las principales figuras, presentadas por sus grupos políticos como candidatos a presidir la Comisión Europea. Es una operación patrocinada por el Parlamento Europeo como una forma de ganar influencia dentro del entramado comunitario; avalada por los dos grandes grupos, especialmente por los populares, que son los grandes beneficiarios de la fórmula, pero que encuentra una dura oposición en algunos primeros ministros que, recordemos, son los que tomarán la decisión.

Es cierto que hace cinco años, la operación de los Spitzenkandidaten les salió bien. Fracasó en uno de sus grandes objetivos, conectar con los electores, ya que aquellas elecciones registraron una nueva bajada de la participación, que se quedó en un 42% (43% en España), por debajo incluso de las elecciones del 2009; pero consiguieron colocar a su hombre, Jean-Claude Juncker, a la cabeza del Ejecutivo comunitario, y ello superando incluso las reticencias de Angela Merkel. Pero esta vez, los jefes de gobierno no parecen dispuestos a renunciar a sus prerrogativas y aceptar automáticamente el candidato que les venga propuesto por parte de los grupos políticos.

En la cumbre de Sibiu, Rumanía, la semana pasada, los opositores hablaron alto y claro, mientras que sus defensores guardaron un gran silencio. Emmanuel Macron sentenció que “no es el enfoque adecuado…. no me siento obligado en absoluto por el principio de los Spitzenkandidaten”. El presidente francés es desde siempre el gran opositor del sistema y no perdona a los parlamentarios que tumbaran la propuesta que crea unas listas europeas transnacionales, otra fórmula que se planteó para hacer ganar transversalidad a un Parlamento encasillado en las fronteras de los estados. Además de este planteamiento de principios, también influye que con esta fórmula, los liberales, terceros en los sondeos, no conseguirían en principio hacerse con la deseada presidencia de la CE.

Emmanuel Macron a su llegada a una reunión de trabajo en la localidad rumana de Sibiu, el pasado día 9 Emmanuel Macron a su llegada a una reunión de trabajo en la localidad rumana de Sibiu, el pasado día 9 (AFP)

Pero Macron no fue el único, otros primeros ministros también lanzaron piedras a los candidatos principales. “Es un error desde el principio”, destacó el luxemburgués Xavier Bettel, y la lituana Dalia Grybauskaité consideró que “está fuera de los procesos democráticos y los tratados”.

Son cargas de profundidad contra un sistema que suma algunos apoyos entre los jefes de gobierno, especialmente entre los populares, pero que esta vez aparece tocado. Consciente de los riesgos, el potencial gran beneficiado, el candidato popular Manfred Weber, ha ido agitando las amenazas durante su campaña, advirtiendo que ignorar a los Spitzenkandidaten supondría dañar a la democracia y a los derechos de los votantes y que se crearía una situación de tensión entre el parlamento y el Consejo Europeo.

¿ Spitzenqué?, podrían exclamar muchos electores del próximo día 26 si se les consultara su opinión sobre la figura en cuestión, pensada por el Parlamento para aumentar su poder; por los grandes grupos, para asegurarse un puesto, y también, para intentar aumentar la conexión con el votante, objetivo este último frustrado. En estas elecciones, los grandes grupos han elegido a sus candidatos principales, pero con modelos diversos. Los populares, los que más creen en el sistema, han escogido a un alemán tranquilo, Manfred Weber, producto típico de la factoría de Bruselas, con prácticamente toda su experiencia política desarrollada en el Parlamento Europeo, lo que le gradúa como experto en las instituciones comunitarias, pero le deja como un gran desconocido fuera. Los socialistas presentan al holandés Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión Europea, y que se ha convertido en fan incondicional del presidente español, Pedro Sánchez. En cambio, por parte de los liberales, se nota la influencia de Macron, y se han desmarcado de la fórmula eligiendo no a uno, sino a siete candidatos, entre ellos su figura tradicional, el belga Guy Verhofstad; su estrella ascendente, la danesa Margrethe Vestager, y el economista de Ciudadanos, Luis Garicano. Por su parte, los Verdes siguen con su tradicional afección por los cocandidatos y eligieron a dos favoritos, la alemana Ska Keller y el holandés Bas Eickhout.

Los tratados de la UE son claros. Los jefes de gobierno propondrán a su candidato a presidir la Comisión Europea “teniendo en cuenta los resultados” de las elecciones euro­peas. Las normas no van más allá, pero el Parlamento, jugando con que al final se requerirá también su voto de aprobación al candidato propuesto, intenta meter baza. Hace cinco años, la jugada les salió redonda, esta vez lo tienen más difícil.

En realidad, todo deriva del gran problema que arrastra desde sus inicios el Parlamento Europeo. Es la única Cámara transnacional en el mundo que es elegida directamente y que disfruta de grandes poderes, como su control sobre el presupuesto de la UE o la regulación del mercado único. Sin embargo, adolece de un déficit estructural. “Mientras los gobiernos nacionales han dado al Parlamento Europeo poder sobre la legislación de largo alcance y las decisiones presupuestarias, las élites políticas nacionales han sido incapaces de crear un espacio democrático paneuropeo”, dice Stefan Lehne, del Carnegie Europe. Dado que se elige a los parlamentarios europeos de unas listas nacionales, de acuerdo con las reglas de cada país, y bajo la dirección férrea de los partidos nacionales, “las elecciones al Parlamento Europeo se asemejan más a veintiocho elecciones nacionales que a unos comicios transnacionales”. Y este déficit no lo arreglan los Spitzenkandidaten, estos desconocidos candidatos.

, Bruselas. Corresponsal, 13/05/2019 - lavanguardia