whistleblower, necesario control sobre los políticos ’desde dentro’

Resultado de imagen de whistleblowerDe difícil traducción al castellano, porque en inglés tiene una con­notación positiva no como las pa­labras filtrador o soplón que ofrece el diccionario, la figura del whistleblower goza de una larga tradición en Estados Unidos. Desde 1998, una ley específica permite a los empleados de los servicios de in­teligencia “hacer revelaciones de forma protegida” cuando saben de irregularidades o abusos de poder, explica Irvin McCullough, especialista en seguridad nacional de Government Accountability Project, una oenegé que ha representado a más de 8.000 whistleblowers en su historia y ayudado a redactar leyes a la UE y decenas de países.

A esta legislación recurrió el empleado que destapó el escándalo de las presiones del presidente Donald Trump a Ucrania. El hecho de que no fuera testigo directo de ­algunos hechos no resta credibi­lidad a su denuncia, afirma McCullough. “Nada más recibirla el inspector general abrió una investigación y pudo verificar todo lo que decía por su cuenta, por eso no importa que el filtrador no tuviera información de primera mano”.

“Es sencillamente horrible que Trump llame espías a las personas que revelan irregularidades y que sugiera que hay que ejecutarles”, opina, como hizo ayer en una reunión. “Con estas declaraciones, está diciendo a la gente que trabaja en la Casa Blanca que ni se les ocurra ir a ver al inspector general, que no colaboren con el Congreso ni con nadie cuya función sea controlarlo”. Esta actitud llevará, teme McCullough, a que “menos personas estén dispuestas a ir al inspector general a avisar de algo que han visto o colaborar con sus investi­gaciones” y la rendición de cuentas al gobierno será menor. Es cuestión de tiempo que se conozca la identidad de la persona que presentó la denuncia, sospecha. “Es una pena pero dado el interés público en el caso hay un alto riesgo de que salga a la luz su identidad”.

, Washington. Corresponsal

27/09/2019 - lavanguardia