"Franco el ladrón", Jordi Galves
Los hechos gravísimos de exaltación franquista de ayer fueron diversos, sobre todo los que tienen que ver con los símbolos y con el imaginario colectivo. Lo más grave, sin embargo, no fue que el féretro fuera trasladado en un helicóptero con la estanquera, como si imitaran La dolce vita de Federico Fellini o que los epítetos con que fue recibido el golpista Antonio Tejero fueran una parodia de Amanece, que no es poco de José Luis Cuerda. Lo más grave no fue tampoco que los uniformados se cuadraron militarmente ante el féretro y ante la familia Franco. Lo más grave de todo, intolerable en una democracia consolidada, fue la exhibición del falso escudo de Francisco Franco encima del ataúd, de un escudo personal que es un robo, un latrocinio, a ver cómo lo puedo decir de manera ecuánime... Un escudo que es una estafa al patrimonio del Estado Español. El general Franco, al convertirse en jefe de Estado y Caudillo, es decir, Duce, es decir, Führer, comenzó a echar mano de lo que quiso. Se apropió de todo lo que pudo para dignificarse, como el pazo de Meirás, de ecos antiguos y medievales, incluidas dos esculturas tomadas del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, concretamente las que el Maestro Mateo dedicó a Abraham y a su hijo Isaac. Dos auténticas joyas del arte románico. La edad media se deja saquear con facilidad, y va muy bien para darte la importancia y la antigüedad que no tienes.
El escudo personal —todos los escudos familiares son también personales— de Franco, inventado en 1940, es un robo. No porque incluya la laureada condecoración de San Fernando, que fue efectivamente otorgada al general. Lo es porque el campo, el escudo propiamente dicho, exhibe exactamente, sin ningún pudor y sin ninguna modificación particular, la Banda Real de Castilla, es decir, la enseña de la monarquía castellana y de sus sucesores, los reyes de España. Sobre un campo de gules —o de púrpura, que para el caso es indiferente— se halla la banda de oro conteniendo dos dragantes. Con las columnas de Hércules, en plata y oro, timbradas una con corona imperial y la otra con corona real. Dicho de manera que se entienda: Franco fue reenterrado ayer claramente como jefe de Estado, con los atributos de un jefe de Estado. Si le hubieran enterrado con la bandera de España, constitucional o fascista, no hubiera sido tan grave, ya que cualquier ciudadano puede llevar encima del ataúd la bandera de su país. Pero el féretro del general Franco fue exhibido ayer con el estandarte que sólo llevaban los reyes de Castilla y que los identificaba allí donde se hallaban. La Banda Real servía para indicar a todos donde se encontraba en cada momento el monarca, el jefe de Estado. Allí donde estaba el emperador Carlos V ondeaba este emblema, y lo mismo ocurría con Felipe II y con todo el resto de reyes del imperio español. Al fin y al cabo sólo Felipe VI podría utilizar esta enseña legítimamente. Y, encima, el emblema personal de Franco iba timbrado con la corona militar de caudillaje. Un elemento heráldico que lo identifica como Caudillo de España, sólo responsable ante Dios y ante la historia. Por lo tanto, completamente impune.
Jordi Galves
Barcelona. Viernes, 25 de octubre de 2019, elnacional.cat
