Londres irrita a Pekín al dar un nuevo visado a los hongkoneses


Un hongkonés muestra su pasaporte británico ante el consulado del Reino Unido

Un hongkonés muestra su pasaporte británico ante el consulado del Reino Unido

ROMAN PILIPEY/EPA

Una vez más, Hong Kong vuelve a ser punto de fricción entre China y Gran Bretaña. En esta ocasión el conflicto ha surgido a raíz del nuevo visado con el que, a partir de este domingo, decenas de miles de hongkoneses podrían obtener un permiso de residencia en tierras británicas y, más adelante, la ciudadanía. La nueva ruta es vista por Pekín como una injerencia "indignante" en sus asuntos internos, y ayer anunció la adopción de contramedidas.

El desencuentro comenzó a fraguarse en verano, poco después de que Pekín impusiera en Hong Kong una controvertida Ley de Seguridad Nacional vista por muchos como una herramienta con la que someter a la oposición. Como respuesta, Londres anunció que proporcionaría una nueva ruta hacia su ciudadanía a los hongkoneses que posean un pasaporte británico de ultramar (BNO, por sus siglas en inglés) 

 

El documento, otorgado antes de que Reino Unido traspasara la soberanía de su antigua colonia a Pekín en 1997, ofrecía hasta la fecha el derecho a visitar el país europeo durante seis meses, pero sin derecho a trabajar allí o solicitar la ciudadanía. Con el nuevo visado, que entra en vigor este domingo, aquellos que posean el pasaporte y sus allegados podrán establecerse en Reino Unido durante cinco años para estudiar o trabajar, y doce  meses después podrían optar a la ciudadanía.

El primer ministro, Boris Johnson, elogió el nuevo plan, ya que, dijo, respeta el compromiso de su país con sus antiguos súbditos. “Estoy inmensamente orgulloso de poder ofrecer esta nueva ruta. Con ella, honramos nuestros profundos lazos de historia y amistad con el pueblo de Hong Kong, y defendemos la libertad y autonomía”, aseguró.

Una "injerencia"

China dejará de reconocer el pasaporte británico especial

Sin embargo, la medida provocó el enojo de Pekín, que la considera una intromisión en sus asuntos internos y su soberanía, por lo que ayer anunciaron que dejarán de reconocer el pasaporte BNO como “documento de viaje y prueba de identidad” a partir del 31 de enero. “Gran Bretaña ignora el hecho de que Hong Kong fue devuelta a China hace 24 años. (...) El intento de los británicos por convertir a un gran número de hongkoneses en ciudadanos británicos de segunda clase ha cambiado por completo la naturaleza del entendimiento original de las dos partes con respecto al BNO”, aseguró  el portavoz del Ministerio de Exteriores, Zhao Lijiang.

Por ahora, no está claro el impacto que este anuncio puede tener en los titulares del BNO, ya que los residentes de Hong Kong emplean su pasaporte hongkonés para entrar o salir de China continental. Aun así, Zhao dejó la puerta abierta a la toma de nuevas medidas, lo que sugiere que Pekín podría estar preparando más restricciones para los poseedores del documento en cuestión. Según fuentes del diario local South China Morning Post, el gobierno chino habría barajado la opción de despojar a sus poseedores de la posibilidad de ostentar un cargo público o incluso su derecho a voto.

Ruta de entrada

El Ministerio del Interior británico cree que 322.000 hongkoneses podrían utilizar el visado

Cualquier hongkonés nacido antes de 1997 puede optar a que se le expida el pasaporte BNO. Por eso, en teoría, la nueva visa abriría la puerta de entrada a Reino Unido a unos 2,9 millones de adultos y a otros 2,3 millones de dependientes suyos. Por ahora, el Ministerio del Interior británico estima que la nueva ruta de entrada podría ser utilizada por unos 322.000 hongkoneses en los próximos cinco años -de los que la mitad ingresarían durante el primer año-, y aportarían entre 2.700 y 3.275 millones de euros a la economía británica.

Sin embargo, ya han surgido numerosas voces, de dentro y fuera del territorio, alertando a los que opten por tomar esta ruta de que no les espera precisamente un camino de rosas. Entre los obstáculos más citados se cuentan los problemas para encontrar trabajo o una vivienda asequible, la situación sanitaria con el coronavirus, cómo reaccionarían los británicos a la llegada de decenas de miles de personas en tan breve espacio de tiempo o las dificultades a las que podrían enfrentarse en caso de querer regresar a Hong Kong más adelante.